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	<title>Adolfo Suárez Illana &#187; Homenajes</title>
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		<title>Premio para un Campeón</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Jan 2010 09:43:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adolfo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Artículo publicado en Marca el 18 de enero de 2010 Hace apenas un año, me dirigía a ustedes, desde estas mismas páginas, para atraer su atención sobre una de las muchas cualidades que posee Carlos Sainz: la grandeza. En aquella ocasión, trataba de ilustrar mi exposición con la imagen de un Carlos, derrotado ya por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><em>Artículo publicado en Marca el 18 de enero de 2010</em></strong></p>
<p>Hace apenas un año, me dirigía a ustedes, desde estas mismas páginas, para atraer su atención sobre una de las muchas cualidades que posee Carlos Sainz: la grandeza. En aquella ocasión, trataba de ilustrar mi exposición con la imagen de un Carlos, derrotado ya por causas ajenas a si mismo, intentando que su más directo rival no cayera en la misma trampa que él.</p>
<p>Es francamente injusto que a un hombre como Carlos, que ha dado muestras de semejante deportividad, le hayan intentado echar, literalmente, de la pista en dos ocasiones este año. El primero fue Robby Gordon, embistiéndole con su Hummer por detrás y destrozándole el portón trasero. El segundo, Al Attiyah, su propio compañero de equipo, tocándole por un lateral, para después, realizar maniobras levantando todo el polvo que fuera posible con la intención impedirle la visibilidad. Afortunadamente, en esta ocasión, ni las malas artes han podido con nuestro campeón. Una vez más, su constancia, su entrenamiento, su sangre fría y, por qué no decirlo, su genialidad se han impuesto para hacer historia con mayúsculas en el deporte español.</p>
<p><img src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2009/01/sainz-300x200.jpg" alt="Suárez Illana y Carlos Sáinz" title="Suárez Illana y Carlos Sáinz" width="300" height="200" class="alignleft size-medium wp-image-411" /></p>
<p>En toda la historia del automovilismo español no hay nadie con más victorias, con mejor palmarés. Muy pocos en mundo entero. Por eso mismo, me llama poderosamente la atención que no haya sido galardonado, todavía, con el premio más importante que se pueda otorgar en España a un deportista español: el premio Príncipe de Asturias de los Deportes.</p>
<p>Es un hecho que, en algunos ámbitos de decisión, se entiende que premios tan importantes como el como el Nóbel, o el que he mencionado más arriba, pueden y deben ser concedidos a quienes han conseguido un hecho determinado o, como también es el caso, a quienes están cerca de conseguirlo. Es una opinión respetable y no entro a discutir eso ahora. Pero también es respetable la opinión de quienes creemos que, tan importantes premios, deben ser concedidos, fundamentalmente, a toda una trayectoria, a toda una vida plagada de esfuerzo, de éxitos y derrotas, pero siempre ejemplo de superación.</p>
<p>Decía Kipling, en unos versos que me permito traducir y resumir, que “… Si eres capaz de encontrarte con el Triunfo y la Derrota/ y tratar a esos dos impostores de igual forma/… tuya es la Tierra y todo lo que en ella hay / y, lo que es más, serás hombre hijo mío.” Pocos hombres he encontrado en mi vida que sean capaces de triunfar más sin perder la cabeza… ni de encajar mejor sus derrotas. Pocos hombres, si es que alguno, hay en el deporte español que, después de treinta años en activo y haberlo ganado y perdido todo en tantas ocasiones, sigan dando ejemplo de humildad, constancia y superación como Carlos Sainz.</p>
<p>Esto mismo que escribo hoy, podría haberlo escrito, con igual razón, el año pasado. Esto mismo que escribo hoy, podría volver a escribirlo el año que viene. Espero que no. En cualquier caso, ello no hace sino afianzarme en lo que les quiero pedir hoy, con toda humildad, desde estas páginas: su apoyo para que le sea otorgado el premio Príncipe de Asturias de los Deportes 2010 a Carlos Sainz Cenamor, el mejor piloto español de todos los tiempos y un hombre digno de admiración y respeto.</p>
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		<title>Sabino</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Oct 2009 09:28:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adolfo</dc:creator>
				<category><![CDATA[El Mundo]]></category>
		<category><![CDATA[Ética]]></category>
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		<description><![CDATA[Artículo publicado en &#8220;EL Mundo&#8221; el 27 de octubre de 2009 Como ya es bien sabido, solo acepto asumir la representación de mi padre cuando el acto o la ocasión vaya dirigida, no a recibir honores, sino a rendir homenaje a quien lo mereció. Con ese criterio en la cabeza, convendrán conmigo en que pocas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>Artículo publicado en &#8220;EL Mundo&#8221; el 27 de octubre de 2009</strong></em></p>
<p>Como ya es bien sabido, solo acepto asumir la representación de mi padre cuando el acto o la ocasión vaya dirigida, no a recibir honores, sino a rendir homenaje a quien lo mereció. Con ese criterio en la cabeza, convendrán conmigo en que pocas ocasiones me brindará la vida, mejor que ésta, para cumplir esa tarea.</p>
<p>He tenido la suerte de tratar a Sabino desde muy joven. Conste que utilizó solo el nombre, sin faltar un ápice al respeto que le debo, por que el mismo, su nombre, a solas, le singulariza muy especialmente y, con ello, se refuerza el reconocimiento que merece. Pero fue mucho más tarde cuando pude descubrir y disfrutar la auténtica dimensión e importancia del personaje y del ser humano que se daban cita en Sabino.</p>
<p>En primer lugar quiero destacar su inquebrantable fe católica. De ella emanaban la paz y la esperanza que siempre  le caracterizaban. Creo que, ante su fallecimiento, es importante tener en cuenta esta referencia. A quienes compartimos esa misma fe y nos sentimos orgullosos, como él, de proclamarlo, nos llena de alegría –aun sintiendo la<img src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2009/10/05f1-250x300.jpg" alt="El Rey y Sabino" title="El Rey y Sabino" width="250" height="300" class="alignright size-medium wp-image-768" /> tristeza de la separación- el saber que, a buen seguro, tenemos en el Cielo un importante valedor del interés común de los españoles.</p>
<p>Y esa es, precisamente, la otra característica que a mi hoy me gustaría poner de relieve: el servicio a España y los españoles, todos. Es importante, y más en momentos como los que vivimos hoy, volver la vista hacia personajes como Sabino, alguien que hizo siempre gala de su criterio sin buscar otra cosa que el interés común y la lealtad. Una lealtad que, para él, consistía en responder con sinceridad y rectitud a aquello que se le planteaba. No buscaba complacer, podía acertar o errar, se podía o no estar de acuerdo con él, pero él manifestaba siempre aquello que, sinceramente, creía que era lo mejor. Es francamente difícil encontrar personajes así en la vida pública española, lugar plagado de gentes dispuestas a repetir, irresponsablemente, aquello que creen gusta oír.  Con Sabino se podría discrepar o no, pero era alguien que siempre enriquecía el debate guiado por su libertad.</p>
<p>Quizá por esa misma razón, hoy –y afortunadamente hace ya bastante tiempo-, concite Sabino el acuerdo unánime a la hora del reconocimiento. Hora es ya de que en España no haga falta compartir ideas, ni estar muerto, para recibir el respeto y homenaje merecidos por los servicios prestados a la comunidad. Creo que es la única forma que tenemos los ciudadanos de pagar a un político. Y creo que es la única forma que tenemos los ciudadanos de allegar a la política lo mejor de nuestra sociedad para servir al interés común.</p>
<p>Vaya desde aquí el homenaje y el respeto de Adolfo Suárez González y de toda la familia Suárez a Sabino y su familia. Vaya desde aquí, también, nuestra oración.</p>
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		<title>Leopoldo Calvo-Sotelo</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Feb 2009 15:58:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adolfo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuenta y Razón]]></category>
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		<description><![CDATA[Homenaje al Presidente Calvo-Sotelo en Cuenta y Razón Se me pide desde esta prestigiosísima revista que edita la fundación creada por uno de los mejores amigos de mi padre, que le “sustituya”, por razones de todos conocidas, en la tarea de rendir cumplido homenaje al recientemente desaparecido Leopoldo Calvo-Sotelo. A la vista de la enorme [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>Homenaje al Presidente Calvo-Sotelo en Cuenta y Razón</strong></em></p>
<p><em><strong></strong></em></p>
<p>Se me pide desde esta prestigiosísima revista que edita la fundación creada por uno de los mejores amigos de mi padre, que le “sustituya”, por razones de todos conocidas, en la tarea de rendir cumplido homenaje al recientemente desaparecido Leopoldo Calvo-Sotelo.</p>
<p>A la vista de la enorme diferencia entre “sustituto” y “sustituido”, no puedo aceptar semejante encargo, pero tampoco puedo dejar en blanco las páginas de elogio tan merecidamente ganadas que se brindan a Suárez. Permítanme, por tanto, esta breve incursión con la sola intención de acompañar, en nombre de la Familia Suárez, a todos los que se han sumado a esta iniciativa.</p>
<p>Quizá lo más importante para mi hoy, sea el resaltar la profunda amistad que unió a estos dos grandes personajes. Una amistad entre dos personas diametralmente opuestas, pero que se fundamentó en un profundo respeto mutuo y que se consolidó, cómo no, a través la superación de las múltiples discrepancias que fueron surgiendo a lo largo del camino que juntos recorrieron. Todo ello desembocó en un enorme cariño del que fui testigo de excepción en los últimos años. Si me permiten la broma, les diré que una de las cosas que más les unió siempre fue la profunda antipatía que ambos sintieron por un tormento que sufrieron en común: Giscard d´Esteing. Ex presidente francés de infausto recuerdo para todos los españoles.</p>
<p>En lo que toca a la labor conjunta, debo decir que mi padre siempre encontró en Leopoldo un leal colaborador. Un colaborador que enriqueció el debate con un criterio personal, defendido con tanta firmeza como brillantez. Por ello, y por otras muchas razones que la discreción debida me invita a callar, Leopoldo merece ser recordado por todos los españoles como uno de esos hombres que, dirigidos por Su Majestad El Rey, devolvieron la soberanía al pueblo español, abriendo el periodo más largo de paz y prosperidad de toda nuestra historia.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-443" title="Suarez-Leopoldo" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2009/02/suarez-leopoldo.jpg" alt="Suarez-Leopoldo" width="400" height="265" /><em>Mi padre aplaude a Leopoldo tras su elección en febrero de 1981</em></p>
<p>Ya como presidente del gobierno, le tocó vivir un tiempo especialmente convulso, marcado por un golpe de Estado perpetrado durante la votación de su investidura. Pese a ello, siempre dejó constancia de su prudencia y sentido común. De su mano llegó  España a la integración en la Alizanza Atlántica. Una integración a la que se oponía mi padre, por entender que debía ser el “arma de presión” para lograr nuestra previa incorporación a la CEE, a la que se oponían países como Francia. Hoy, es justo reconocer que logró esa integración y puso las sólidas bases para que, tres años después, se pudiera firmar el Tratado de Adhesión a la CEE.</p>
<p>He sido objeto de críticas por decir que Leopoldo ha sido, sin duda, el presidente del Gobierno de mayor talla intelectual de nuestra reciente democracia. Quiero hoy reafirmarme en lo dicho. En nada ofendo a mi padre al señalar la superioridad de Leopoldo en este campo. Cada una de las personas que han tenido el honor de presidir los sucesivos Gobiernos democráticos de España desde 1978, poseen una característica que les hace sobresalir y marca su personalidad. En el caso de Leopoldo Calvo-Sotelo esa cualidad era, sin duda, su altísima capacidad y preparación intelectual.</p>
<p>Tal capacidad se ponía de manifiesto en todas sus apariciones públicas y brillaba con especial intensidad en los debates parlamentarios, donde se reveló como uno de los mejores parlamentarios que han intervenido en la Carrera de San Jerónimo.</p>
<p>También se hacía presente esa inteligencia, cómo no, a la hora del humor –no en vano quizá sea ese el reino más propicio para la inteligencia serena-. Su fina ironía inundó el hemiciclo constantemente, donde, amarrándola bien al respeto, firmó sentencias que todavía hoy se recuerdan, como aquel famoso “convencido… pero nada convincente”.</p>
<p>He tenido, a lo largo de estos años, la oportunidad de disfrutar, junto a su querida Pilar, de muchos momentos de charla. He llegado a ser el blanco de esa fina y afilada ironía cuando he discrepado con él -divertidísimamente, por cierto- acerca de mi desbordante pasión por el campo, en nada compartida por él.</p>
<p>Pero si grande fue el político, su verdadera grandeza residía en el hombre. Se ganó –no sin cierto merecimiento- fama de hombre frío y distante. Pero…¡qué lejos de la realidad se encuentra la apariencia! He sido testigo del dolor de dieciocho nietos por la muerte de un abuelo que vivía entregado a ellos y a toda su gran familia. Esa fue, sin duda, la mayor de sus obras.</p>
<p>Este indigno sustituto, no debe alargarse más, por ello, en mi nombre y en el de toda la familia Suárez, dejo constancia de mi admiración y respeto hacía la figura de Leopoldo Calvo-Sotelo, me sumo a este merecido homenaje y, desde una misma Fe compartida, le deseo la paz y la vida eterna que siempre esperó, y me permito pedirle a él que, desde ese Cielo que a buen seguro habita ya, siga siendo el leal servidor que siempre fue del interés común de todos los españoles.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-444" title="suarez-y-cavo-sotelo1" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2009/02/suarez-y-cavo-sotelo1.jpg" alt="suarez-y-cavo-sotelo1" width="531" height="367" /><em>En el último desfile de las Fuerzas Armadas&#8230; juntos. 2003<br />
</em></p>
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		<title>La grandeza de Sainz</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Jan 2009 15:36:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adolfo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Publicado en Marca La suerte no hace a un Campeón, simplemente le ocasiona algún que otro título. Lo que de verdad hace a un Campeón, y lo que le otorga la inmensa mayoría de sus títulos, es el esfuerzo continuado por superarse. Con independencia de lo alto que se haya llegado. Es por eso, Carlos, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>Publicado en Marca<br />
</strong></em></p>
<p>La suerte no hace a un Campeón, simplemente le ocasiona algún que otro título. Lo que de verdad hace a un Campeón, y lo que le otorga la inmensa mayoría de sus títulos, es el esfuerzo continuado por superarse. Con independencia de lo alto que se haya llegado. Es por eso, Carlos, considerado el piloto más completo de todos los tiempos en el mundo de los rallies. Nadie es capaz de hacer correr tanto a cualquier cosa que, teniendo al menos cuatro ruedas y un motor, se le ponga entre las manos.</p>
<p>Pero Campeones hay muchos en todos los órdenes de la vida y… seguirá habiendo. Casi todos pasan y son sólo recordados por la fría estadística de los números que obtuvieron. No será así con Carlos Sainz.</p>
<p>Vivimos una época en la que se premia más lo inmediato que la trayectoria, el éxito que el merecimiento. Se premia más el parecer que el ser. En ese terreno, Carlos nada tiene que hacer.</p>
<p>Cuando todavía suenan los ecos maliciosos de quienes le señalan como un hombre sin suerte –decir eso de un hombre con semejante palmarés es tentar a la misma suerte- quiero llevar su mirada hacia el último gesto de nuestro Campeón.</p>
<p>Estando ya fuera de carrera –por la rotura del omóplato de su copiloto-, todo su interés se centraba en evitar que ningún otro compañero-rival cayera en la misma trampa que él. Una trampa tendida, involuntariamente por supuesto, por la incompetencia de un miembro del equipo organizador.</p>
<p>Es un gesto de grandeza digno de ser recordado, muy por encima de otros más “simpáticos” del pasado.</p>
<p>-¡Parad el coche!- Gritaba Carlos, justo a tiempo para que el centro de gravedad del coche de su rival no superara el punto de no retorno. Decía adiós al título que ya veía en su mano aceptando su derrota sin el menor resentimiento y procurando que el espectáculo continuase.</p>
<p>Carlos es un todo un Campeón –ahí están sus títulos- y un hombre de gran suerte –ahí está su vida-. Con todo, su rasgo distintivo es la grandeza; lo único que siento, es que el destino le dé tantas oportunidades de demostrarlo.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-medium wp-image-411" title="Suárez y Sáinz" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2009/01/sainz-300x200.jpg" alt="Suárez y Sáinz" width="300" height="200" /><em>Carlos y yo en Málaga 2006</em></p>
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		<title>28 de octubre de 1982</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Sep 2008 15:51:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adolfo</dc:creator>
				<category><![CDATA[El Mundo]]></category>
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		<category><![CDATA[Política General]]></category>
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		<description><![CDATA[Publicado en El Mundo para conmemorar la victoria del PSOE en 1982 Lo primero que me evoca esa fecha es ilusión. En los años inmediatamente anteriores, la política, en mi familia, se había convertido en sinónimo de disgustos y había supuesto un grave desgaste. Sin embargo, desde la dimisión de mi padre y, especialmente desde [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>Publicado en El Mundo para conmemorar la victoria del PSOE en 1982<br />
</strong></em></p>
<p>Lo primero que me evoca esa fecha es ilusión. En los años inmediatamente anteriores, la política, en mi familia, se había convertido en sinónimo de disgustos y había supuesto un grave desgaste. Sin embargo, desde la dimisión de mi padre y, especialmente desde la creación del CDS -a lo que seguramente se unió mi mayoría de edad y con ello una participación personal mucho más importante-, todo se tornó en ilusión alrededor de ese nuevo proyecto. Una vez más, aunque no sin ciertas reticencias por parte de mi madre, mi padre había conseguido la complicidad de la familia y de un reducido grupo de amigos -entre los que destacaban muy especialmente Chus Viana y Agustín Rodríguez Sahagún- para volver a su verdadera pasión: la política.</p>
<p>Pocos saben lo reducido de aquel grupo inicial. Tanto, que el debate para decidir del nombre del naciente partido se inició con una propuesta de Chus Viana, cómo no, con cierto sabor vasco: “Susutxi”. Al ser preguntado por el significado de su extraña proposición, exclamó con aquella risa socarrona y contagiosa que le caracterizaba: “¡Pues qué va ser: Suárez y sus chicos!”. Bromas aparte, lo cierto es que la simpática propuesta no prosperó, pero sí aquel clima de intimidad e ilusión que marco la vida de aquella nueva etapa de principio a fin.</p>
<p>No es menos cierto que las elecciones se perdieron de forma abrumadora y que tan sólo mi padre acertó –por escrito y en un sobre cerrado- el número de diputados que el CDS iba a obtener: únicamente dos. Aunque años más tarde me confesaría que siempre mantuvo la esperanza de obtener un mejor resultado, aquel acierto ayudó mucho a superar la inicial decepción y a mantener la ilusión en el futuro.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-446" title="González saluda desde el balcón" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2008/09/01-1.jpg" alt="González saluda desde el balcón" width="770" height="459" /></p>
<p>Hoy en día, muchos analistas señalan esa etapa política de mi padre como un error en sí misma. Y es posible que así sea. Pese a ello, todavía recuerdo con nostalgia largas conversaciones en casa argumentando la necesidad de que el Partido Socialista –que a buen seguro iba a resultar ganador en esas elecciones, o cualquier otro en el futuro, si el CDS no lograba una mayoría-, pudiese contar con un punto de apoyo moderado y de indudable lealtad institucional  que impidiese que sus Gobiernos acabaran siendo gravemente condicionados por extremismos y nacionalismos. Al final, las mayorías absolutas del PSOE, algunos errores propios y el renacer del PP, terminaron con aquellas ilusiones y otras, mucho más ambiciosas, nacidas al amparo de los magníficos resultados obtenidos en las generales de 1986.</p>
<p>Pero volviendo a la fecha que nos ocupa, no era yo el único ilusionado. Sería injusto dejar de reconocer que, en aquel momento, el Partido Socialista supo ilusionar a la sociedad española  y que su llegada al poder supuso una prueba de fuego para nuestra incipiente democracia que fue superada con nota. No es este el momento de analizar los grandes aciertos y los graves errores cometidos por los Gobiernos posteriores, pero es innegable que aquel cambio supuso el inicio de un gran salto sin retorno hacia la modernidad.</p>
<p>No quiero concluir este breve recuerdo que me solicita el periódico de aquella fecha sin volver la mirada, una vez más, hacía la ilusión de aquel pletórico Suárez por despejar el camino al Gobierno de turno de peajes –por no decir chantajes- provenientes de radicales y nacionalistas que, además, suelen ir de la mano. Hoy hubiera sido de gran ayuda a todos los españoles un partido de ese tipo. Pero aquello no fue posible y es de necios lamentarse. Debemos mirar al futuro con las lecciones del pasado bien aprendidas y, si bien es cierto que hoy en día es muy difícil que prospere un partido de esas características, no lo es menos que, como sociedad, si podemos y debemos exigir a nuestros políticos, especialmente a los que representan a los dos partidos mayoritarios, que sean capaces de discrepar sin que ello suponga la incapacidad de construir conjuntamente nuestro futuro.</p>
<p>Durante aquellos lejanos años, los hombres de la Transición discreparon, pero no lo suficiente como para ser incapaces de encontrar juntos las bases de un sólido y próspero Estado social y democrático de derecho bajo la forma de una moderna Monarquía parlamentaria que ha supuesto el más largo y próspero periodo de toda nuestra historia en paz y libertad. Esa es una de las grandes enseñanzas de nuestra convulsa historia constitucional: el secreto de la convivencia está en la mutua renuncia a nuestras exigencias máximas, hasta hacer nuestros programas compatibles dentro de un marco de respeto a la discrepancia.</p>
<p>Aquella, fue la ilusión que despertó al mejor Adolfo Suárez una vez más. Quizá sea bueno recordarla hoy. Quizá, sólo quizá, seamos así capaces de ilusionarnos de nuevo… y despertar.</p>
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		<title>Presidente Calvo-Sotelo</title>
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		<pubDate>Mon, 05 May 2008 15:00:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adolfo</dc:creator>
				<category><![CDATA[ABC]]></category>
		<category><![CDATA[Homenajes]]></category>
		<category><![CDATA[Adolfo Suárez]]></category>
		<category><![CDATA[Adolfo Suárez Illana]]></category>
		<category><![CDATA[Calvo-Sotelo]]></category>
		<category><![CDATA[Familia Suárez]]></category>

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		<description><![CDATA[Artículo publicado en ABC en honor al Presidente Calvo-Sotelo Me va planteando la vida, muy a mi pesar, la imposible tarea de “rellenar”, de alguna forma, el vacío que deja la ausencia de mi padre. Hoy debo retomar ante ustedes esa labor, lleno de orgullo, para despedir al más intelectual de todos los presidentes de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>Artículo publicado en ABC en honor al Presidente Calvo-Sotelo<br />
</strong></em></p>
<p>Me va planteando la vida, muy a mi pesar, la imposible tarea de “rellenar”, de alguna forma, el vacío que deja la ausencia de mi padre. Hoy debo retomar ante ustedes esa labor, lleno de orgullo, para despedir al más intelectual de todos los presidentes de nuestra joven democracia.</p>
<p><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-656" title="leopolodo-y-yo" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2008/05/leopolodo-y-yo-150x150.jpg" alt="leopolodo-y-yo" width="150" height="150" />Se mezclan en mi memoria los sentimientos; las vivencias y lo contado; la persona y la institución. Para mi, el Presidente Calvo-Sotelo era también Leopoldo, un hombre cercano capaz de centrar su atención, aunque fuese por breve tiempo, en un niño que enredaba por allí.</p>
<p>Con los años, he tenido la oportunidad de unir a mis recuerdos la información y de disfrutar de su inteligente charla; de esta manera, ha ido creciendo en mi la admiración por un hombre discreto, de una gran talla moral.</p>
<p>Ha sido el Presidente más brillante, desde un punto de vista intelectual, que yo he conocido. Resulta delicioso leerle, casi tanto como escuchar su fina ironía en el parlamento.</p>
<p>Conmueve ser testigo del dolor de dieciocho niños por la falta de un abuelo que vivió con fama de altivez y distancia. ¡Qué distantes resultan las realidades de las percepciones políticas! Quiero hoy resaltar, ante todo, la entereza de una familia sólidamente cimentada en la Fe. El dolor sereno y esperanzado de una familia que abraza a quienes les acompañamos. Una vez más, este indigno sustituto ha tenido la oportunidad de contemplar la grandeza de un hombre, y de su queridísima Pilar, a través de su más importante obra: su familia.</p>
<p><img class="size-full wp-image-454 alignright" title="Suarez y Calvo-Sotelo" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2008/05/jefe-lcs.jpg" alt="Suarez y Calvo-Sotelo" width="135" height="109" /></p>
<p>Pero no sería justo con su memoria si no hiciese mención del gran político que fue. Muchas son sus aportaciones, pero me toca a mi resaltar que formó parte de ese grupo de hombres que, dirigidos por Su Majestad El Rey don Juan Carlos, devolvieron la soberanía al pueblo español y abrieron el periodo de paz y prosperidad más largo de toda nuestra historia.</p>
<p>En mi nombre y en el de toda la familia Suárez, desde una misma Fe compartida, le deseo la paz y la vida eterna que siempre esperó, y me permito pedirle a él que, desde ese Cielo que a buen seguro habita ya, siga siendo el leal servidor que siempre fue del interés común de todos los españoles.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>¡Felicidades Majestad!</title>
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		<pubDate>Sat, 05 Jan 2008 15:45:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adolfo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Homenajes]]></category>
		<category><![CDATA[Marca]]></category>
		<category><![CDATA[Constitución de la Concordia]]></category>
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		<description><![CDATA[Felicitación al Rey publicada en Marca Cumple hoy, Señor, 70 años –perdóneme por desvelarlo- y, también en breve, cumplirá treinta nuestra “Constitución de la Concordia”. Ha querido el destino unir esos dos aniversarios “redondos” en este año y ha querido este periódico –que también está de aniversario- que yo los una, en forma de felicitación, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>Felicitación al Rey publicada en Marca<br />
</strong></em></p>
<p>Cumple hoy, Señor, 70 años –perdóneme por desvelarlo- y, también en breve, cumplirá treinta nuestra “Constitución de la Concordia”.</p>
<p>Ha querido el destino unir esos dos aniversarios “redondos” en este año y ha querido este periódico –que también está de aniversario- que yo los una, en forma de felicitación, a algún evento deportivo. La tarea no es muy difícil, dada la clara vocación mostrada por Vuestra Majestad, desde muy joven, por múltiples deportes: esquí, motor, vela, caza&#8230; Permítame que haga una breve referencia a la caza.</p>
<p>Somos los dos apasionados de la caza; la de verdad, la de las oportunidades sin certidumbres, la del esfuerzo. Así fue como consiguió batir, por dos veces, el record nacional de venado en la serranía de Alcaraz, en casa de Samuel Flores, a quien los dos apreciamos. En contra de lo que muchos puedan pensar, cazar en aquellos parajes es tremendamente exigente y lo único que se puede garantizar es la existencia de grandes ejemplares, la oportunidad de cazar con mayúsculas. Aprovechar esa oportunidad depende de muchos factores como la suerte, pero es casi siempre el principal, la determinación, el esfuerzo que cada uno esté dispuesto a poner en el envite. En ocasiones, y aún poniendo mucho, se ha marchado Vuestra Majestad sin conseguir el gran trofeo y le he visto abandonar el campo con la misma satisfacción que cuando lo ha conseguido, porque, en definitiva, cazar, se ha cazado desde el momento en que se pisa la sierra.</p>
<p>Pero oportunidades llenas de dificultad, Señor, ninguna como la que recibió al asumir la Corona. En aquel momento se ponía en sus manos el destino de todo un pueblo. En aquel momento, como <em>alguien</em> le recordó una vez, vuestra Majestad se jugaba el destino de España y la Corona a un tiempo. Habrá siempre quien diga que no tenía otra alternativa, y se equivocará al hacerlo. Pudo hacer mil otras cosas, pero hizo lo que hizo y se convirtió en un ejemplo único en la historia: el primer Rey que recibe unos poderes casi absolutos y los usa para “<strong><em>devolver la soberanía al pueblo español</em></strong>”, renunciando a tales poderes. En eso consistió la Transición política española y su esencia quedó plasmada en la constitución de 1978, la primera de toda nuestra historia que no viene de la imposición de unos sobre otros, si no del acuerdo de todos.</p>
<p>No fue fácil convertir aquella oportunidad en hechos, hizo falta una gran determinación y muchísimo esfuerzo, notas ambas de un carácter, de una personalidad propia del patrón al frente de su barco, que se vierte sobre todo aquello que se hace. No estuvo solo en aquel momento, es verdad, pero fue acierto suyo el elegir a las personas capaces de llevar a buen puerto aquel barco.</p>
<p>Como hijo, debo darle las gracias por confiar en mi padre. Como compañero de caza –si me disculpa lo pretencioso que suena-, debo darle la enhorabuena, no ya por los trofeos conseguidos, sino por aceptar la práctica de esa actividad de forma deportiva. Como español, le debo una infinita gratitud por devolvernos la soberanía perdida y por la forma en que lo hizo.</p>
<p>Hoy, como hijo, como compañero y como español, le deseo ¡Muchísimas felicidades Majestad!</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-medium wp-image-429" title="rey-asi" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2008/01/rey-asi-300x247.jpg" alt="rey-asi" width="300" height="247" /><em>Con los Reyes en un homenaje a la Transición&#8230;</em></p>
]]></content:encoded>
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		<title>¡Feliz Cumpleaños!</title>
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		<pubDate>Tue, 25 Sep 2007 15:08:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adolfo</dc:creator>
				<category><![CDATA[El Mundo]]></category>
		<category><![CDATA[Homenajes]]></category>
		<category><![CDATA[Adolfo Suárez]]></category>
		<category><![CDATA[Alegría]]></category>
		<category><![CDATA[feliz cumpleaños]]></category>
		<category><![CDATA[Libertad]]></category>
		<category><![CDATA[papá]]></category>
		<category><![CDATA[Triunfo y Derrota]]></category>
		<category><![CDATA[Violante]]></category>

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		<description><![CDATA[Carta de felicitación a mi padre publicada en El Mundo En nada queda el conocido aprieto en que la bella Violante metió al genial Lope en 1617, si lo comparamos con el que me tenía preparado un buen amigo para celebrar el septuagésimo quinto aniversario del nacimiento de mi padre: acompañar con unas palabras la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><!--StartFragment--></p>
<p><img class="aligncenter size-medium wp-image-4" title="Adolfo Suárez González" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2009/02/asg-w-300x224.jpg" alt="Adolfo Suárez González" width="300" height="224" /></p>
<p class="MsoNormal" align="center">
<p class="MsoNormal" align="center"><span><strong><em><br />
</em></strong></span></p>
<p class="MsoNormal" align="center"><span><strong><em>Carta de felicitación a mi padre publicada en El Mundo<br />
</em></strong></span></p>
<p class="MsoNormal"><span><br />
</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>En nada queda el conocido aprieto en que la bella Violante metió al genial Lope en 1617, si lo comparamos con el que me tenía preparado un buen amigo para celebrar el septuagésimo quinto aniversario del nacimiento de mi padre: acompañar con unas palabras la felicitación que, desde este periódico, se le quiere hacer llegar.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Ello es evidente por innumerables razones, siendo la más clara que hoy, 390 años después, carezco yo de pluma comparable a la del magistral guerrero y sacerdote. Tal distancia es insalvable, aún quedando matizado el aprieto por el hecho diferencial de no buscar el elogio para sí quien me realiza el encargo, como si lo buscaba la ficticia Violante.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Ha querido Dios que los años que afronta mi padre, desde hace ya algún tiempo, sean vividos por él en un mundo mágico y tan real como el nuestro, pero al que sólo se accede tras cruzar las puertas del corazón, una vez que se abandonan la<span> </span>autocompasión y los prejuicios del intelecto. Reina allí el sentimiento en esencia pura y, curiosamente, se mantiene la personalidad desinhibida.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Una vez más, aquellos que, como él, profesamos la fe católica, comprobamos que Dios escribe recto con renglones torcidos y que la enfermedad puede ser una fuente de alegría.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Es error común del laicismo la adoración de la salud y la vida como valores supremos. ¡Qué error, qué inmenso error! –si me permite, don Ricardo, la broma-. Mi padre me enseñó que la vida es “tan sólo” un don divino que debe ser usado para obrar el bien y que se “puede y debe aventurar”, como bien le recuerda el hidalgo de la triste figura a su leal Sancho, cuando está en juego un verdadero valor, como es la Libertad.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>No siempre tiene el Maestro la oportunidad de llevar a la práctica sus enseñanzas, como Guzmán. Pero el nuestro la tuvo y, con la naturalidad propia de la grandeza, nos dio una silente lección magistral un ya lejano 23 de febrero. Luego nos daría otra, mayor aún, no recordándolo jamás.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Por encima de la vida: la Libertad. Por encima de la salud: la Alegría.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>De necios es aferrarse a aquello que a buen seguro has de perder. Y puesto que lo has de perder, nada mejor que prepararse para afrontar el trance con dignidad.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Me enseñaron mis padres –ambos- que no hay mayor dignidad que la de aquel que afronta los imponderables de la vida, todos, con Alegría. Ello no supone rendición ni abandono; si aceptación y desprendimiento. Ayuda a los que te rodean y a ti mismo.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Una vez más, quiso Dios que estas enseñanzas tuvieran su plasmación práctica en el caso de nuestro protagonista. Pero quiso que se dieran en esta ocasión, pues hubo otras no conocidas, dos circunstancias muy especiales: notoriedad y grado heroico.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Hizo presa la enfermedad, y de qué manera, primero en su querida hija Mariam. Poco después visitaba también a su madre y, más adelante, a su adorada mujer. Aunque sólo parte del inmenso dolor vivido por aquel entonces es conocido, suficiente es para lo que quiero transmitirles. Pese a ello, y gracias especialmente a él y a las enfermas, la familia vivió alguno de los momentos más felices, más profundamente felices como familia que yo recuerdo. Muchos, hasta divertidos. Como siempre, el fin de la vida acabó imponiendo su ley natural y le acompañó el dolor. Sin embargo, no fue el fin de la Alegría.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Quizá alguno se asombre de mis palabras. No deseo extenderme mucho en este punto, pero si decir que el verdadero asombro lo produce la inmensa talla espiritual de quienes tuve el honor y el privilegio de tener por padres.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Habrá quien diga que tanto dolor le llevó al olvido. Nadie puede negarlo. Ni asegurarlo. Yo, simplemente dudo. Dudo que quien fue capaz de tratar al Triunfo y a la Derrota de igual forma; que quien mantuvo su virtud mientras hablaba a las multitudes; que quien anduvo con reyes sin perder el sentido común… no pudiera afrontar más sin dejar de recordar.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Pero quiso Dios… y quiso que siguiera siendo feliz. Ni yo, ni mis hermanos, que tenemos la responsabilidad y el inmenso honor de cuidar de él, detectamos sufrimiento alguno. Sigue siendo el gran hombre de siempre, aún perdido en sus alturas, y su discurso sigue siendo el mismo, si le miras<span> </span>a los ojos y le escuchas con el corazón.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Sé que vivió siempre agradecido, por que le dieron la oportunidad de hacer aquello que soñaba. Ese fue su gran premio y su gran honor. Todos los que vinieron después, incluidos los que hoy llegan, lo hacen a tiempo y se suman a aquellos engrandeciéndolos y llenándonos de legítimo orgullo, me atrevería a decir que no sólo a su familia, si no a toda España.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Pero hoy, que cumple 75 años, me van a permitir que les reclame un regalo muy especial. Él pasó mucho tiempo pidiendo una oración por sus seres queridos. Se lo pidió incluso a ateos militantes. A todos ellos y a los que esto leen, les pido yo, en su nombre, una oración por él. Sé que muchos ya lo hacen, y se nota. Por eso mismo, me permito animarles de nuevo: pídanle a ese Dios que siempre le acompañó y le iluminó, que lo siga haciendo; y, si no es mucho pedir, que lo haga también con nosotros.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>¡Muchas gracias a todos!</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>¡Feliz cumpleaños Papá!</span></p>
<p class="MsoNormal"><span> </span></p>
<p class="MsoNormal"><span><br />
</span></p>
<p><!--EndFragment--></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Con amigos así…</title>
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		<pubDate>Sun, 23 Sep 2007 15:00:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adolfo</dc:creator>
				<category><![CDATA[El Mundo]]></category>
		<category><![CDATA[Homenajes]]></category>
		<category><![CDATA[Adolfo Suárez]]></category>
		<category><![CDATA[Adolfo Suárez Illana]]></category>
		<category><![CDATA[Fernando Herrero Tejedor]]></category>
		<category><![CDATA[Luís Herrero-Tejedor]]></category>

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		<description><![CDATA[Artículo publicado en El Mundo En este país y desde hace ya treinta años, cada cual tiene la libertad de escribir sobre lo que estime oportuno y, por supuesto, la responsabilidad sobre aquello que escribe. Eso mismo es lo que le dije a don Luís Herrero-Tejedor cuando me reclamó ayuda para escribir un libro acerca [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>Artículo publicado en El Mundo<br />
</strong></em></p>
<p><em><strong></strong></em></p>
<p>En este país y desde hace ya treinta años, cada cual tiene la libertad de escribir sobre lo que estime oportuno y, por supuesto, la responsabilidad sobre aquello que escribe. Eso mismo es lo que le dije a don Luís Herrero-Tejedor cuando me reclamó ayuda para escribir un libro acerca de mi padre. Le expliqué, con la mayor cordialidad y respeto, el compromiso que contraje con mi padre y que ello me impedía participar en cualquier obra del tipo de la que él pretendía abordar. Me di cuenta que no le hacía ninguna gracia lo que le estaba contando y, si bien es cierto que no esperaba grandes aportaciones a la historia -no por la falta de talento del autor, que lo tiene y mucho, sino por la falta de datos importantes y reales-, lo que no esperaba en absoluto es el resultado final que hoy se nos ofrece bajo el presuntuoso título de “Los que le llamábamos Adolfo”. Suele ocurrir que los que más alardean de una determinada cercanía son los más distantes.</p>
<p>Es importante matizar que el gran y mejor amigo de mi padre fue –y ha seguido siendo mientras ha podido recordar- don Fernando Herrero Tejedor, hombre recto y admirable donde los haya, no su hijo don Luís, a quien mi padre siempre ayudó como forma de honrar la memoria de su amigo, tristemente fallecido en accidente de tráfico un 12 de junio de 1975, mientras su mujer, doña Joaquina, y mis padres asistían a una corrida de toros en Las Ventas. A pesar de la gran relación con sus padres, siempre mantuvo hacia él una especial “desconfianza” por muy diversas razones, entre las que se encontraba el convencimiento de que todo lo que se dijera en su presencia lo iba a utilizar, y lo iba a hacer de forma interesada. Esto es muy conocido por todo el círculo íntimo de mi padre y del que no ha formado parte nunca don Luís, fuera de ser el hijo de quien era. Es cierto que se han visto en muchas ocasiones, pero no son tantas ni tan importantes como intenta traslucir. En cualquier caso, no recuerdo en los últimos treinta o treinta y cinco años un solo domingo en los que don Luís participase en una de las meriendas que regularmente organizaba mi madre para ese grupo de amigos tan reducidos del que disfrutábamos. Tampoco le he visto nunca pasar unos días de verano en nuestra casa familiar, cosa que sí hacían los verdaderos amigos de mis padres como Emilio Vera, los Pérez Puig o los Alcón y que no salen de su asombro por las afirmaciones vertidas y la utilización que se intenta hacer de ellos.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-458" title="julio_cesar_asesinato_01" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2007/09/julio_cesar_asesinato_01.jpg" alt="julio_cesar_asesinato_01" width="610" height="313" /></p>
<p style="text-align: center;"><em>Asesinato de Julio César a manos de sus amigos&#8230;</em></p>
<p>Tal desconfianza, muy típica de mi padre y manifestada en numerosas ocasiones, queda hoy más que justificada con la publicación de la obra citada más arriba. En ella, se deslizan insinuaciones -cuando no afirmaciones- en las que no voy a entrar,  pero se hace algo extremadamente más grave y que demuestra el poco respeto de su autor por alguien que, entre otras cosas, sigue vivo: poner en boca de mi padre frases con las que se hace daño a instituciones y personas a cuya defensa ha dedicado toda su vida política y por las que hubiera dado materialmente la vida.</p>
<p>Muchos de los datos que se vierten en ese libro son absolutamente falsos y forman parte de leyendas urbanas del peor gusto, lo que demuestra la mala calidad de algunas de sus fuentes y la falta de rigor. Aún así, es mucho más grave el uso que hace el autor del “entrecomillado” para atacar, él sabrá por qué, a Su Majestad el Rey. Nunca le he oído semejantes palabras a mi padre, y dudo mucho que la confianza con don Luís fuera mayor que la mía. Pero suponiendo que fuera verdad –y me es imposible creerlo-, su revelación hoy sería una traición en toda regla a esa supuesta amistad y confianza. Máxime cuando el interesado no puede defenderse. O miente don Luís, o traiciona don Luís. En cualquier caso,  se aprovecha don Luís de la enfermedad de una persona que no puede rebatir sus afirmaciones, como estoy absolutamente seguro que haría si pudiera.</p>
<p>Me entristece profundamente escribir estas líneas. Tengo un respeto reverencial por los apellidos Herrero Tejedor y una profunda gratitud y cariño por esa familia. No quiero yo, en memoria de ese gran hombre, decir nada que pueda dañar a nadie de los suyos, pero debo desautorizar con toda severidad, por falsas, las afirmaciones que se vierten en el citado libro, muy especialmente aquellas que se dirigen contra la Corona. Dirá don Luís que es su palabra contra la mía… y así quedará; hasta que el tiempo ponga las cosas en su sitio.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Elogio de la Transición</title>
		<link>http://adolfosuarezillana.com/2007/06/15/contestacion-a-gabriel-albiac-publicada-en-la-razon/</link>
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		<pubDate>Fri, 15 Jun 2007 15:04:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adolfo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Homenajes]]></category>
		<category><![CDATA[La Razón]]></category>
		<category><![CDATA[Transición]]></category>
		<category><![CDATA[Adolfo Suárez]]></category>
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		<category><![CDATA[Jaime Lamo de Espinosa]]></category>
		<category><![CDATA[José Lladó]]></category>
		<category><![CDATA[Landelino Lavilla]]></category>
		<category><![CDATA[Marcelino Oreja]]></category>
		<category><![CDATA[Torcuato Fernández-Miranda]]></category>

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		<description><![CDATA[Contestación a Gabriel Albiac en La Razón Con todo el respeto que él no ha tenido y en nombre de quien ya no puede hacerlo, me propongo contestar a don Gabriel Albiac. Le respondo en lo que atañe a la obra de mi padre y a sus compañeros de esfuerzo en la Transición.No entro en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><em><strong>Contestación a Gabriel Albiac en La Razón<br />
</strong></em></p>
<p><em><strong></strong></em><br />
Con todo el respeto que él no ha tenido y en nombre de quien ya no puede hacerlo, me propongo contestar a don Gabriel Albiac. Le respondo en lo que atañe a la obra de mi padre y a sus compañeros de esfuerzo en la Transición.No entro en sus juicios  sobre el PSOE de entonces, cuya labor no creo que pueda, ni deba ser juzgada como usted hace. Pero eso son otros los que lo deben escribir.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-465" title="Pactos de La Moncloa" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2007/06/url-1.jpg" alt="Pactos de La Moncloa" width="779" height="458" /><em>Se firman los Pactos de la Moncloa&#8230;</em></p>
<p>Siempre he creído que los genios no están en la política, ni falta que hace. Son mucho más necesarios en la lucha contra el cáncer, por ejemplo. En política no hace falta ser un genio, basta una inteligencia normal, sentido común, ser prudente, honesto y trabajador. Lo que si debe ser extraordinaria es su capacidad para conectar con sus conciudadanos; no para venderles milongas, sino para identificar sus necesidades y aplicar soluciones, que no salen de una única y extraordinaria cabeza, si no de un buen equipo.</p>
<p>Ya tenemos los ingredientes básicos para empezar a hablar de la Transición y sus <img class="alignright size-medium wp-image-461" title="url-3" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2007/06/url-3-220x300.jpg" alt="url-3" width="220" height="300" />protagonistas. Un equipo, inicialmente formado por SM el Rey y Suárez, al que se sumaron otros muchos como Torcuarto Fernández-Miranda, Gutiérrez Mellado, Fuentes-Quintana, Jaime Lamo de Espinosa, José Lladó, Aurelio Menéndez, Landelino Lavilla, Marcelino Oreja y un largo etcétera que tienen muy poco que ver con esa “centuria de excursionistas de la OJE” a que se refiere usted. Ni aquellos chicos eran simplemente de “camisa azul”, ni “chapoteaban en la nadería”. Ese equipo, que llevaba trabajando desde tiempo antes, tuvo el olfato de identificar los deseos de los españoles y la audacia de darles solución:…”elevar a nivel político de normal lo que, a nivel de calle, es simplemente normal”.</p>
<p>No tengo yo el genio de Suárez, pero resudo amor, respeto y admiración por él; carezco de complejos y me sobra orgullo para alzarme en su defensa y ensalzar su obra sintiendo profunda lástima por quienes, acomplejados por su pasado e inconscientes, invitan al fanatismo y critican a quien sí fue capaz de algo grande: unir a todos los españoles entorno a un proyecto común que nos ha brindado –con todos sus defectos- los mejores años de nuestra historia política.</p>
<p>Tampoco tengo la genialidad –lo digo sin ironía- de quien hace el vituperio de la Transición.  Ni poseo su soberbia para creerme en posesión de la verdad absoluta y caer en la crueldad, el desprecio y la desmesura que le llevan a ser víctima de su brillantez preso de frases tan grandilocuentes como falsas y mezquinas.</p>
<p>Me gustaría ver a quien se refiere a mi padre como “juvenil sinvergüenza sin esfuerzo”, convenciendo a las Cortes franquistas de que debían aprobar la Ley de Reforma Política.</p>
<p><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-462" title="Suarez y Carrillo" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2007/06/url-6-150x150.jpg" alt="Suarez y Carrillo" width="150" height="150" />Me gustaría ver a quien se refiere a mi padre como “juvenil sinvergüenza sin riesgo”, afrontar en solitario la legalización del PCE el Sábado Santo de 1977.</p>
<p>Me gustaría ver a quien se refiere a mi padre como “juvenil sinvergüenza carente del pudor que da la inteligencia” negociar y aprobar la primera Constitución de consenso de toda nuestra historia.</p>
<p>Me gustaría ver a quien se refiere a mi padre como “juvenil sinvergüenza sin coraje” el 23 de febrero frente a las balas de los golpistas.</p>
<p>Pero no quiero contestar tan sólo sus insultos –propios de la incapacidad altiva de quien ha<img class="alignright size-medium wp-image-463" title="golpe" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2007/06/golpe-300x178.jpg" alt="golpe" width="300" height="178" /> leído mucho y no ha aprendido nada-, yerra usted alargando ese periodo más allá del 78. Aprobada la Constitución de la Concordia queda mucho por hacer, pero lo cierto es que ya tenemos los instrumentos para hacerlo. Una cosa es la Transición y otra convertir a España en un líder mundial. Y, si bien es cierto que no se puede conseguir esto sin haber hecho antes lo primero, tampoco se puede culpar de no conseguir tal liderazgo a los gobiernos de la Transición.</p>
<p>Curiosa vergüenza supone la mayor aportación de España a la política con mayúsculas, alabada y estudiada por verdaderos genios, como Julián Marías.</p>
<p>Hoy, treinta años después, muchas cosas han cambiado. La mayor parte a mejor. Por ejemplo, que se puedan publicar sin miedo opiniones como la suya. Ahora bien, es cierto que otras deberían estar en situación muy distinta. Por ejemplo la Educación –incluida la suya-, la independencia de la Justicia o el modelo de Estado.</p>
<p>Hoy treinta años después, son radicalismos, imposiciones y complejos lo que nos sobra. Falta altura, desprendimiento, empatía, sinceridad e ilusión. Esa ilusión de la que hablaba Marías: la capacidad de imaginar un futuro mejor por el que merece la pena luchar. Nos falta lo que fuimos capaces de hacer entonces: ilusionarnos en torno a un proyecto común que aproveche todas las oportunidades que nos brindó la Transición.</p>
<p style="text-align: left;">No quiero dejar pasar la ocasión de desearle todo lo mejor señor Albiac, ni de decirle una última cosa: ese sinvergüenza, grosero, analfabeto y estúpido que se dejó literalmente la vida por los demás, nunca hubiera usado un gramo de sus capacidades para intentar humillar a nadie. Menos aún si no pudiera defenderse.</p>
<p style="text-align: left;">
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-464" title="Aprobacion de la Constitucion" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2007/06/url-2.jpg" alt="Aprobacion de la Constitucion" width="555" height="391" /><em>Por primera vez tenemos una Constitución de todos 1978</em></p>
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