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	<title>Adolfo Suárez Illana &#187; Transición</title>
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		<title>Los Hombres de la Raza de Hierro</title>
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		<pubDate>Sat, 29 May 2010 10:30:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adolfo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Publicado en El Mundo el 23 de agosto de 2010
&#8220;¡Miserable!, ¿por qué gritas? Me perteneces porque soy más fuerte que tú. Irás a donde a mi me plazca, por buen cantor que seas, y depende de mi capricho el que me sirvas de alimento o que recobres la libertad. Loco rematado es quien resiste a uno más [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Publicado en El Mundo el 23 de agosto de 2010</em></p>
<p><em>&#8220;¡Miserable!, ¿por qué gritas? Me perteneces porque soy más fuerte que tú.<img style="float: right; border: 0px initial initial;" title="hesiodo2" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2010/05/hesiodo2-150x150.jpg" alt="hesiodo2" width="150" height="150" /> Irás a donde a mi me plazca, por buen cantor que seas, y depende de mi caprich<span style="font-style: normal;"><em>o el que me sirvas de alimento o que recobres la libertad. Loco rematado es quien resiste a uno más fuerte que él; además de no conseguir la victoria, a la vergüenza añade el sufrimiento.</em>”</span></em></p>
<p>Si nos quedáramos solo con este párrafo que, de la antigua fábula griega de “<em>El Gavilán y el Ruiseñor</em>”, nos ofrece Hesíodo en su poema “<em>Los Trabajos y los Días</em>” entremezclándola con la leyenda de <em>Filomena,</em> estaría justificada la más absoluta de las depresiones…</p>
<p>Es Hesíodo un personaje curioso dentro de la historia de la poesía que, en cierta medida,<br />
comparte algunos elementos comunes con otro gran poeta de rabiosa actualidad: Miguel Hernández. Fue Hesíodo pastor y campesino allá por el siglo VII A.C.. Hijo de un hombre relativamente bien posicionado, compaginó sus labores agrícolas y ganaderas con la actividad poética por vocación divina, según él mismo nos cuenta. Pero no son esas “<em>convergencias</em>” con Hernández las que me hacen traer hoy al de Ascra ante ustedes, sino por la iniquidad de la justicia que también sufrió.</p>
<p>En un momento determinado, en su famoso “<em>Mito de las Razas</em>”, nos dice que estamos en la quinta raza; “<em>la raza de hierro</em>”, aquella en la que <em>“… a los padres, cuando envejezcan, menospreciaran los hijos,…. Impondrán la fuerza por encima del derecho… solo se respetará al inicuo y al violento… El cobarde ganará siempre la partida al valiente mediante falsa palabrería, apoyada en falso juramento… La Conciencia</em> –Aidos- <em>y la Vergüenza</em> –Némesis<em>- volarán entonces de la vasta tierra al Olimpo, ocultando sus hermosos cuerpos… abandonando así a los hombres…</em>” Es francamente desolador el panorama que este genio de la poesía helena, ganador en justa poética ante el mismísimo Homero, nos describe en este pasaje.</p>
<p><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-870" title="MuñozSeca" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2010/05/MuñozSeca-150x150.jpg" alt="MuñozSeca" width="150" height="150" />Créanme, soy capaz de adivinar su sorpresa ante lo que hasta ahora les he escrito y que bien podría reflejarse con un “<em>plagio modificado</em>” de otro insigne escritor que pagó con su vida la actuación de la injusticia: “…¿Y a qué viene, ¡vive el Cielo!,/ cuando tan grande es mi duelo,/ esa conseja endiablada/ de la justicia pagada/ de ese Hernández y un heleno?&#8230;.”</p>
<p>Pues viene amigo a que hasta en esta noche institucional en que vivimos sin atisbo de lumbre de farol alguno, es evidente a los ojos de cualquier ciudadano mínimamente informado y despegado de la clase dirigente, que estamos viviendo una convulsa situación política, social y económica. Seguramente, una de las más complejas situaciones que  podamos recordar en tiempos de paz. A pesar de ello, y contrariamente a lo que la razón le dictaría a cualquier ciudadano sensato, nos encontramos con una clase política más enfrentada que nunca, más extendida que nunca, más enquistada que nunca. Frente a la sensibilidad de la necesidad común, entre nuestros políticos se ha instalado el sentimiento de la exigencia particular.</p>
<p><img class="alignright size-thumbnail wp-image-876" title="Miguel hernandez, poeta el pais." src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2010/05/Miguel-hernandez-poeta-el-pais.-150x150.jpg" alt="Miguel hernandez, poeta el pais." width="150" height="150" />Bien saben todos los asiduos a estas páginas, las muchas veces que me he referido a la Justicia como una de las asignaturas pendientes más importantes de nuestra arquitectura institucional. No es posible que el garante de las libertades públicas, esto es la Justicia, esté permanentemente sometido al control y directrices de quien puede violar esas mismas libertades. Esto es, el Gobierno. Es en esa situación, cuando cobran pleno sentido los versos de Hernández: “… <em>Las cárceles se arrastran por la humedad del mundo,/ van por la tenebrosa vía de los juzgados</em>…”</p>
<p>Cuando la pelea política se traslada a los juzgados, o mejor dicho, cuando desde los juzgados se pretende hacer política utilizando los medios de comunicación, estamos ante un problema de magnitudes incalculables, en términos de paz social.</p>
<p>He traído a colación versos de poetas que sufrieron en distintas circunstancias la iniquidad de una “<em>justicia politizada</em>”, y lo he hecho para hacerme una pregunta:  ¿No hemos aprendido nada en estos últimos 2.700 años? Porque es eso precisamente a lo que hace referencia Hesíodo cuando dice “<em>…es preciso sufrir para que el buen sentido se imponga a la insensatez…”</em> que, dicho de otro modo, significa que nadie escarmienta en cabeza ajena. Pero es que, por desgracia, nuestra cabeza colectiva ha sido ya golpeada en demasiadas ocasiones por este mismo palo como para no haber aprendido nada.</p>
<p>Acudimos estos días con perplejidad creciente a un espectáculo bochornoso que está sazonado con todos los ingredientes más amargos que han acompañado a la larga lista de nuestros errores colectivos.</p>
<p><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-874" title="garzon" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2010/05/garzon-150x150.jpg" alt="garzon" width="150" height="150" />Un juez estrella es sorprendido por las posibles pruebas que se publican de su iniquidad. Ante tales acusaciones, la Justicia –esta vez con mayúsculas- comienza a instruir, porque, como nos dice una vez más Hesíodo, <em>“…Llorando la Justicia persigue por ciudades y moradas a los hombres que tratan de rehuirla o torcidamente administrarla…”</em>. Pues bien, ante algo tan simple como esto, que debiera ser dejado en las solas manos de los jueces, como se afana siempre en repetir con la boca chicha todo político que se precie, el Gobierno de la Nación, ayudado de sindicatos, rectores y actores, y una pléyade de personajes de la izquierda, inician una campaña general para presionar al Tribunal Supremo con el objeto de impedir que quien mal ha obrado, bien pague. Ni más, ni menos. No se tiene, entre tanto, el más mínimo recato para hacer todo tipo de referencias a lo más negro de nuestro pasado. Un pasado repleto de asesinos, donde por igual motivo y de igual manera se daba muerte a un Miguel Hernández o a un Pedro Muñoz Seca.</p>
<p>No soy hombre especialmente sabio… ni quiero serlo, si por sabios se tienen esos hombres que hoy en día con sus hechos, palabras y ejemplos parecen haber sido instruidos en el odio y el rencor. ¿De qué me sirve el progresismo si no soy capaz de progresar con el?… ¿De qué me sirve la sabiduría si no soy capaz con ella de torcer lo que de maligno tiene la naturaleza humana, con el firme deseo de una libertad comprometida con el bien común?</p>
<p>Cuando abandonamos al “<em>otro</em>” y nos comprometemos en exclusiva con el “<em>yo</em>”, estamos renunciando al principio básico del verdadero progreso humano y sobre el que se ha<img class="alignright size-thumbnail wp-image-885" title="Antonio-Machado" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2010/05/Antonio-Machado-150x150.jpg" alt="Antonio-Machado" width="150" height="150" /> cimentado y engrandecido toda paz social: el reconocimiento del “<em>otro</em>” como parte misma del “<em>yo</em>”. Esa permanente referencia a los “<em>otros</em>” para reforzar “<em>nuestros</em> “ argumentos, va en sentido radicalmente contrario al esfuerzo común que presidió los años de la Transición. Años en los que algunos alzaban la voz con versos de Machado para romper el inmovilismo de los poderosos y desterrar la derrota permanente de una sociedad enfrentada, sin más armas que la ilusión y el esfuerzo: “<em>…está el ayer alerto/al mañana, mañana al infinito;/ hombres de España, ni el pasado ha muerto,/ ni está el mañana -ni el ayer- escrito</em>.”</p>
<p>Bien cierto es que nada está escrito. Nada está definitivamente conquistado; nada está definitivamente perdido. Todo depende de nosotros mismos. Por eso, no estaría de más que, de entre nosotros –usted y yo-, se alzasen nuevas voces; voces que, como antaño, entre la algarabía de algunos poderosos enfrascados en conservar su hegemonía aun a costa de nuestro futuro,  fueran capaces de zafarse de entre las garras del potente gavilán que nos atenaza para gritar con fuerza, como Hernández, que “<em>…hay un rayo de sol en la lucha/ que siempre deja la sombra vencida…” porque “…para el hijo será/ la paz que estoy forjando…</em>”.</p>
<p><img class="aligncenter size-medium wp-image-892" title="Gavilán" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2010/05/Gavilán-300x144.jpg" alt="Gavilán" width="300" height="144" /></p>
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		<title>Respeto la libertad… de todos</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Nov 2009 12:15:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adolfo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Aclaración sobre el libro &#8220;Suárez y el Rey&#8221; de Abel Hernández

La familia Suárez no resplada nada de su contenido
Soy hijo del hombre que trajo las libertades a este país tras cuarenta años de dictadura. Comprenderán ustedes que no se me pasa por la cabeza el convertirme ahora en constreñidor de las mismas. Siento un profundo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>Aclaración sobre el libro &#8220;Suárez y el Rey&#8221; de Abel Hernández</strong></em><br />
<em><br />
<strong>La familia Suárez no resplada nada de su contenido</strong></em></p>
<p>Soy hijo del hombre que trajo las libertades a este país tras cuarenta años de dictadura. Comprenderán ustedes que no se me pasa por la cabeza el convertirme ahora en constreñidor de las mismas. Siento un profundo respeto por la libertad de expresión, la de todos, y en nada me opongo a que se exprese cualquier opinión por muy contraria que pueda ser incluso a la figura de mi padre. Ahora bien, ese mismo derecho me asiste a mi también.</p>
<p>A estas alturas seguramente sabrán que acaba de publicarse otro libro más centrado en las figuras del Rey y mi padre. Como portada han escogido, sin pedirme ningún tipo de permiso, la fotografía que les tomé a los dos en el jardín de nuestra casa con ocasión de la entrega de las Insignias de la Real Orden del Toisón de Oro el año pasado. Como también sabrán, esa misma foto fue galardonada con el premio Ortega y Gasset a la mejor información gráfica y su dotación económica -15.000 euros-  donada a la Fundación Reina Sofía para la investigación del Alzhaimer. No he cobrado nunca nada por la distribución de la foto, ni pienso hacerlo, pero soy el dueño de esa foto y tengo todo el amparo de la ley para no permitir su uso, si así lo estimo oportuno.</p>
<p>En el libro del que les hablo, se vierten algunas de las afirmaciones que ya han sido incluidas en otros libros –es <img src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2009/02/toison-copia2-210x300.jpg" alt="toison-copia2" title="toison-copia2" width="210" height="300" class="alignright size-medium wp-image-663" />curiosa la contumacia de algunos y la coincidencia de fuentes-. Estas anécdotas, además de constituir auténticos disparates, ya las he desmentido en otras ocasiones. Por ejemplo, el que mi padre se escapa de la escolta y se dedica a repartir billetes de quinientos euros por la calle, o que se pone a dirigir el tráfico, cuando no a contarle a un jardinero la historia del 23-F. Me imagino, esto último, que con la “sana” intención de hacer aparecer algún día al susodicho jardinero y “colocar” otro libro con la “verdadera historia del 23-F contada por Adolfo Suárez”. Aparte de resultar en sí mismas increíbles, estas historias dirían muy poco de una magnífica escolta que lleva cuidando de mi padre muchos años y cuya labor excede, con mucho, el ámbito meramente profesional. Quiero desde aquí hacer un público desagravio y reconocimiento de la profesionalidad de todos sus miembros y hacerles llegar la profunda gratitud de toda la familia por la entrega, el respeto, la delicadeza y el enorme cariño con el que tratan, día a día, a mi padre.</p>
<p>El libro está salpicado de innumerables testimonios imposibles de contrastar en unos casos y absolutamente falsos y comprobables otros. En ocasiones, rayan el insulto a la inteligencia con intenciones que se me escapan, como cuando afirma que la demencia de mi padre data ya de su época en La Moncloa.</p>
<p>No quiero entrar en cada uno de los detalles y afirmaciones del libro. De su contenido solo el autor es responsable, pero queda muy claro, desde los mismos inicios, que se trata con muy poco respeto y delicadeza, tanto a mi padre –“<em>&#8230;como si acaricias a un animal de compañía&#8230;</em>” llega a decir- como al Rey y la relación entre ambos – “<em>&#8230;más conversadores de mesa de bar que de sillón de Academia, dos rapaces de Goya o quijotillos de armas tomar que la historia dispuso que se ocuparan juntos de su patria en un momento decisivo.</em>”-. Si esto es respeto y cariño a la Transición y sus protagonistas…</p>
<p>Como decía al principio respeto profundamente la libertad de cada quien para decir lo que estime oportuno, pero no puedo aceptar que, para tratar de esa manera al Rey y a mi padre, se utilice una foto que es mía. No pretendo obtener ninguna compensación económica por su uso, ni tampoco impedir la difusión del libro –algo a lo que, seguramente, estoy ayudando con esta polémica- lo único que he exigido a la editorial, y obtenido, es que se retire la foto de la portada del libro y se abstengan de hacer uso de ella en cualquier forma. El autor tiene todo el derecho del mundo a escribir y publicar su trabajo; yo a que no sea utilizado torticeramente el mío y a expresar mi disconformidad. Su enfado solo demuestra que no respeta más libertad que la suya.</p>
<p><em><strong>PD.- Ante las mentiras insistentes del autor acerca de los derechos de esa foto, les incluyo el correo recibido de la responsable de EFE. Creo que habla por sí solo y deja, una vez más, en muy mal lugar al autor.</strong></em></p>
<p>Estimado amigo:</p>
<p>Le envío, como hemos acordado en nuestra conversación telefónica, el texto de Restricciones de Uso a la fotografía del Rey Juan Carlos con su padre, Adolfo Suárez, con el fin de evitar su uso en un contexto ofensivo de la imagen, como ha ocurrido recientemente.</p>
<p>No es necesario que le diga que puede realizar cualquier precisión o modificación al texto.</p>
<p>Le agradezco sinceramente su comprensión y que autorice la permanencia de la imagen en la Fototeca de EFE, dada la relevancia documental e histórica de la misma.   </p>
<p>El texto que acompañaría a la fotografía es:<br />
ESPAÑA-SUÁREZ TOISÓN :MD90. MADRID, 17/07/08.- El Rey Juan Carlos pasea con Adolfo Suárez, primer presidente de la democracia que hizo posible la transición en España, durante la ceremonia privada celebrada en el domicilio del político en la que sus Majestades le han entregado el Collar de la Insigne Orden del Toisón de Oro. EFE/Adolfo Suárez Illana.</p>
<p>FOTO GALARDONADA CON EL PREMIO ORTEGA Y GASSET DE PERIODISMO.</p>
<p>RESTRICCIONES DE USO: Esta fotografía tiene restricciones de uso establecidas por el autor, propietario de todos los derechos de la imagen. No puede ser utilizada fuera de contexto, ni con un enfoque ofensivo, desfavorable o irrespetuoso, ni en campañas publicitarias o informativas de ningún tipo. Es necesaria la  autorización expresa del autor, Adolfo Suárez Illana, en caso de duda.     </p>
<p>&#8220;&#8221;"&#8221;"&#8221;"&#8221;" NO VENTA &#8211; CESION DEL USO POR EL AUTOR &#8220;&#8221;"&#8221;"</p>
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		<title>Sabino</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Oct 2009 09:28:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adolfo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Artículo publicado en &#8220;EL Mundo&#8221; el 27 de octubre de 2009
Como ya es bien sabido, solo acepto asumir la representación de mi padre cuando el acto o la ocasión vaya dirigida, no a recibir honores, sino a rendir homenaje a quien lo mereció. Con ese criterio en la cabeza, convendrán conmigo en que pocas ocasiones [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>Artículo publicado en &#8220;EL Mundo&#8221; el 27 de octubre de 2009</strong></em></p>
<p>Como ya es bien sabido, solo acepto asumir la representación de mi padre cuando el acto o la ocasión vaya dirigida, no a recibir honores, sino a rendir homenaje a quien lo mereció. Con ese criterio en la cabeza, convendrán conmigo en que pocas ocasiones me brindará la vida, mejor que ésta, para cumplir esa tarea.</p>
<p>He tenido la suerte de tratar a Sabino desde muy joven. Conste que utilizó solo el nombre, sin faltar un ápice al respeto que le debo, por que el mismo, su nombre, a solas, le singulariza muy especialmente y, con ello, se refuerza el reconocimiento que merece. Pero fue mucho más tarde cuando pude descubrir y disfrutar la auténtica dimensión e importancia del personaje y del ser humano que se daban cita en Sabino.</p>
<p>En primer lugar quiero destacar su inquebrantable fe católica. De ella emanaban la paz y la esperanza que siempre  le caracterizaban. Creo que, ante su fallecimiento, es importante tener en cuenta esta referencia. A quienes compartimos esa misma fe y nos sentimos orgullosos, como él, de proclamarlo, nos llena de alegría –aun sintiendo la<img src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2009/10/05f1-250x300.jpg" alt="El Rey y Sabino" title="El Rey y Sabino" width="250" height="300" class="alignright size-medium wp-image-768" /> tristeza de la separación- el saber que, a buen seguro, tenemos en el Cielo un importante valedor del interés común de los españoles.</p>
<p>Y esa es, precisamente, la otra característica que a mi hoy me gustaría poner de relieve: el servicio a España y los españoles, todos. Es importante, y más en momentos como los que vivimos hoy, volver la vista hacia personajes como Sabino, alguien que hizo siempre gala de su criterio sin buscar otra cosa que el interés común y la lealtad. Una lealtad que, para él, consistía en responder con sinceridad y rectitud a aquello que se le planteaba. No buscaba complacer, podía acertar o errar, se podía o no estar de acuerdo con él, pero él manifestaba siempre aquello que, sinceramente, creía que era lo mejor. Es francamente difícil encontrar personajes así en la vida pública española, lugar plagado de gentes dispuestas a repetir, irresponsablemente, aquello que creen gusta oír.  Con Sabino se podría discrepar o no, pero era alguien que siempre enriquecía el debate guiado por su libertad.</p>
<p>Quizá por esa misma razón, hoy –y afortunadamente hace ya bastante tiempo-, concite Sabino el acuerdo unánime a la hora del reconocimiento. Hora es ya de que en España no haga falta compartir ideas, ni estar muerto, para recibir el respeto y homenaje merecidos por los servicios prestados a la comunidad. Creo que es la única forma que tenemos los ciudadanos de pagar a un político. Y creo que es la única forma que tenemos los ciudadanos de allegar a la política lo mejor de nuestra sociedad para servir al interés común.</p>
<p>Vaya desde aquí el homenaje y el respeto de Adolfo Suárez González y de toda la familia Suárez a Sabino y su familia. Vaya desde aquí, también, nuestra oración.</p>
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		<title>Es la hora de la grandeza…</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Apr 2009 18:05:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adolfo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Artículo publicado en EL Mundo


Estamos viviendo uno de los momentos, desde el punto de vista político, más interesantes que yo recuerde desde la Transición. Dos formaciones políticas antagónicas, enfrentadas e irreconciliables hasta hace tan solo unos días, han alcanzado un pacto de singular importancia. España entera asiste ahora expectante, esperanzada y encogida a la plasmación [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>Artículo publicado en EL Mundo</strong></em></p>
<p><em><strong><br />
</strong></em></p>
<p>Estamos viviendo uno de los momentos, desde el punto de vista político, más interesantes que yo recuerde desde la Transición. Dos formaciones políticas antagónicas, enfrentadas e irreconciliables hasta hace tan solo unos días, han alcanzado un pacto de singular importancia. España entera asiste ahora expectante, esperanzada y encogida a la plasmación material de unos acuerdos ya firmados y cuyo desarrollo que puede llegar a cambiar el curso de la historia del País Vasco, de una vez por todas. A nadie se le escapa que no es tan solo el cambio de un gobierno autonómico lo que está en juego, sino la posibilidad real de acabar con la falta de libertad en el único rincón de Europa donde todavía se mata por discrepar. Eso es lo que los españoles tenemos de verdad hoy en la cabeza.</p>
<p><img class="alignleft size-full wp-image-642" title="Basagoiti y López" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2009/04/bilbo-253x190.jpg" alt="Basagoiti y López" width="215" height="190" />Han querido las urnas que el liderazgo de ese acuerdo y la responsabilidad de gobernar el País Vasco recaiga sobre los hombros del PSE-PSOE que dirige Patxi López. Y han querido también, que el único apoyo indispensable que necesiten para ello, sea el de un Partido Popular del País Vasco liderado por Antonio Basagoiti. Ambos dirigentes y sus partidos han dado muestras de sensatez y discreción; de madurez y generosidad. Estoy convencido de que a ambos les cuesta mucho dar el paso; ambos deben  sentir las reticencias surgidas de los muchos enfrentamientos que han protagonizado ellos y sus formaciones; ambos se verán obligados a renunciar a una parte de sus legítimos objetivos, pero si logran cerrar ese acuerdo y llevarlo a buen fin, ambos habrán entrado en la historia de nuestra democracia y, lo que es más importante, le habrán prestado uno de los mayores servicios que pueda nadie imaginar.</p>
<p>Pero, en esa tarea, no están solos. Detrás de ellos están sus dos formaciones políticas de ámbito nacional al completo. Las dos únicas capaces de conformar gobiernos estables a nivel nacional. Es impensable que se pueda alcanzar un acuerdo de tal trascendencia política sin la implicación directa de la dirección nacional de los dos partidos y el aplauso general de sus bases. Y es precisamente ahí donde pueden empezar los más difíciles problemas… y quizá, las soluciones también.</p>
<p>Todos sabemos que Zapatero y Rajoy, los dos, están detrás de ese pacto. Cada cual, más o menos<img class="alignright size-medium wp-image-643" title="Zapatero y Rajoy" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2009/04/2008021567zaparajoysegunda-283x300.jpg" alt="Zapatero y Rajoy" width="283" height="300" /> obligado por las circunstancias; cada cual, con mayor o menor grado de convencimiento personal, pero lo están. Y lo están, porque es la única posibilidad de conformar una alternativa estable al PNV. Lo están, porque es la única forma de garantizar los muchos objetivos esenciales que comparten ambos partidos, sus bases y, me atrevo a decir, la mayoría de los españoles. Lo están, porque nadie en España hubiera entendido –ni perdonado- que no fueran capaces de alcanzar hoy ese pacto.</p>
<p>Sin embargo, todo pacto tiene un precio, y el precio que puede llegar a pagar cada uno de ellos por alcanzarlo, es muy distinto. Y alguien se sorprenderá al leer lo que sigue a partir de aquí.</p>
<p>Como todos sabemos, el PSOE ha venido gobernando estas dos últimas legislaturas con el apoyo de los nacionalistas, moderados y no moderados, de todos los signos posibles y, desde el &#8220;Pacto del Tinell&#8221;, con la exclusión sistemática del Partido Popular. Por tales apoyos, ha  llegado a hacer concesiones –tanto económicas como políticas- que le hemos criticado desde el Partido Popular con tanta dureza como acierto, a mi modo de ver las cosas. Es de todo punto evidente que, con este pacto, el apoyo del PNV al Gobierno de Zapatero en Madrid desaparece, y es muy posible que el de CiU, el de ERC o el del BNG, también. En cualquier caso y, como mínimo, el precio de esos apoyos se verá incrementado enormemente. Esto, que está sin duda alguna en la mente de los dirigentes socialistas, tiene que estarlo en la nuestra también.</p>
<p>Si es cuestión fundamental para España entera que ese pacto en el País Vasco sea estable y llegue a dar los frutos que todos esperamos, el Partido Popular podría estar “obligado” a garantizar, en determinadas circunstancias, también la estabilidad del Gobierno del PSOE a nivel nacional. Suena extraño, lo sé, pero no sería razonable, desde un punto de vista ético-político que, por hacer en Vitoria algo que nosotros mismos –los populares- les exigimos en aras del bien común, nosotros mismos –los populares- les desestabilizáramos en Madrid, o les empujáramos a endeudarse, aún más, con aquellos nacionalismos que luego criticamos.</p>
<p>Esto no significa, en modo alguno, falta de oposición; ni supone tampoco la obligación de secundar nada de forma mecánica o irracional. Se puede discrepar de forma abierta y profunda, incluso contundente, durante las deliberaciones en la cámara y votar en contra de una propuesta determinada como grupo parlamentario… y al mismo tiempo, se pueden aportar, de forma razonada, los siete votos necesarios para que la fuerza política que ha sido elegida por la mayoría de los españoles, pueda gobernar sin verse sometida al desproporcionado chantaje de una minoría que aprovecha la debilidad de alguno y el desacuerdo de todos. De esta forma, lo que se consigue es que el Gobierno lleve a cabo la misma política que llevaría en cualquier caso, pero sin que nos cueste a los ciudadanos unos cuantos millones de euros más por el apoyo de los nacionalistas que no tienen en cuenta el interés común de todos los españoles en su conjunto.</p>
<p><img class="alignleft size-medium wp-image-644" title="Mi padre con Carrillo" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2009/04/sabadosantorojo12-efe-287x300.jpg" alt="Mi padre con Carrillo" width="287" height="300" />No sería esta, ni mucho menos, la primera vez que un partido “presta” a un gobierno de otro color, tan solo aquellos votos estrictamente necesarios para garantizarle su estabilidad. Les aseguro que hay numerosos testimonios de casos así que tuvieron lugar durante los primeros años de nuestra democracia; aunque entonces, bien es cierto, se hacía de forma más discreta. Quedarían, en todo caso, fuera de ese “pacto” aquellos temas que, como el aborto, fueran cuestión de conciencia o afectasen a asuntos de estado que, por su importancia, hicieran necesario un acuerdo de fondo entre ambos partidos.</p>
<p>Una actuación de este tipo, no solo es correcta desde un punto de vista ético, es una forma práctica de demostrar a quien lo dude que el pacto de la Transición no fue un sueño, ni fruto de la desmemoria. Es la mejor forma de hacer ver que sigue vivo y que su espíritu, como entonces, es el único capaz de hacernos avanzar cuando la tribulación se cierne sobre nosotros. Ni que decir tiene que el PSOE debería corresponder, primero, con la misma altura de miras y generosidad que recibe; y, segundo, cumpliendo lo que se espera de él en Vitoria.</p>
<p>Llevamos mucho tiempo hablando de la necesidad de alcanzar pactos estables entre las grandes fuerzas políticas de ámbito nacional en torno a los temas de Estado como son la justicia, la educación, la lucha contra el terrorismo o, en estos momentos, recordando los “Pactos de la Moncloa”, la salida de la crisis económica. Desgraciadamente, nadie renuncia a nada cuando lo tiene al alcance de la mano. Pero la realidad es tozuda: siempre es alguien concreto quien debe dar un primer paso para romper la profunda desconfianza existente; siempre es alguien concreto quien debe tener la audacia necesaria para arriesgar todo su capital político en busca de un entendimiento muy difícil de conseguir; siempre es alguien concreto quien ha de sentar el ejemplo. Sinceramente, no se me ocurre mejor oportunidad que esta para que la iniciativa la tome un partido en la oposición. Ha llegado la hora de la audacia…y de la grandeza también. Una audacia y una grandeza exigibles también al Gobierno. ¿La tendrá?</p>
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		<title>Un niño en La Moncloa</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Jan 2009 15:00:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adolfo</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Transición]]></category>
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		<description><![CDATA[Artículo publicado en El Mundo

Corrían los primeros días de un frío mes de diciembre allá por 1976, cuando entraba yo, por primera vez, en La Moncloa. Llegaba con un día de retraso sobre el resto de  la familia, en una silla de ruedas, recién operado de apendicitis y con tan sólo doce años de edad. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>Artículo publicado en El Mundo</strong></em></p>
<p><em><strong></strong></em></p>
<p>Corrían los primeros días de un frío mes de diciembre allá por 1976, cuando entraba yo, por primera vez, en La Moncloa. Llegaba con un día de retraso sobre el resto de  la familia, en una silla de ruedas, recién operado de apendicitis y con tan sólo doce años de edad. Sin embargo, no era aquella la primera vez que pisaba una residencia oficial; ya en el año 68 había vivido esa inusual experiencia en el Gobierno Civil de Segovia y venía de corretear, tan sólo unos días antes, por los pasillos de la Secretaría General del Movimiento. Por aquel entonces, ya estaba acostumbrado a ser el hijo de un hombre relevante. No era, por tanto, aquella situación algo absolutamente excepcional para mi… pero no dejaba de ser algo nuevo e importante.</p>
<p>Y como ocurre siempre en esta vida, las novedades pueden convertirse en un calvario o en una fuente de oportunidades para crecer. Mentiría si negase que Moncloa marcó mi niñez y el resto de mi vida con una profunda huella. Allí, además de mi particular transición a la adolescencia, viví momentos absolutamente extraordinarios hasta el mismo día de mi marcha, poco después del fallido golpe de estado del 23 de febrero de 1981.</p>
<p>Entre aquellos muros empecé a ver con ojos nuevos un mundo antiguo. Recorrí sus jardines con la ilusión de un pequeño aventurero. Probé furtivamente los primeros humos de un cigarro y comencé a forjar una extraordinaria relación con aquellos hombres misteriosos y armados; unos marrones, otros de pesadas capas verdes y tricornio que velaban por nuestra seguridad. Una relación de admiración y gratitud, forjada garita a garita, y que, a pesar de grandes pruebas, no se iba a romper ya.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-medium wp-image-408" title="adolfo-suarez-illana-1" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2009/01/adolfo-suarez-illana-1-222x300.jpg" alt="adolfo-suarez-illana-1" width="222" height="300" /><em>Recién llegado a Moncloa en 1977. EFE<br />
</em></p>
<p>Aprendí a confiar en mi padre frente a la avalancha de severísimos e injustos ataques. Empecé a reconocer la amarga cara de la traición, la maliciosa dulzura del halago no merecido, el estruendo de las bombas asesinas y un sin fin de situaciones anormales para un niño de esa edad. A Dios gracias, todo aquello, no hizo sino fortalecer la relación con mis padres –ambos- y, cómo no, a mi mismo.</p>
<p>Sería injusto reconocer que, junto a todo lo dicho, llegaron también mieles. Se me abrieron muchísimas puertas; puertas que permanecen cerradas a cal y canto para la mayoría de la gente. Es más, todavía hoy, el esfuerzo ímprobo de mi padre durante aquel tiempo, me las sigue abriendo. A mi y a todos los españoles. Viví y vivo bajo el enorme peso y el tremendo orgullo de pertenecer a una familia extraordinaria en todos los sentidos. Una familia que me impuso desde el principio la obligación de reconocerlo y el deber de aprovecharlo.</p>
<p>Recuerdo aquellos años con gran cariño y gratitud pero, como todos, llegarían a su fin, y con él, vendría otra dolorosa lección, por mucho que estuviera advertido: la salida. Pero eso, es tema para otra ocasión…</p>
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		<title>¿Por qué  dimitió Suárez?</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Sep 2008 15:37:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adolfo</dc:creator>
				<category><![CDATA[El Mundo]]></category>
		<category><![CDATA[Política General]]></category>
		<category><![CDATA[Transición]]></category>
		<category><![CDATA[Adolfo Suárez]]></category>
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		<category><![CDATA[Dimisión]]></category>
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		<description><![CDATA[Publicado en EL Mundo con ocasión del XXX aniversario de las primeras elecciones


Decía Luís Valls que, si querías mantener algo bien oculto, nada hay mejor que ponerlo en el escaparate. Quizá sea ese el origen su famoso “Repertorio de Temas”. Salvando las distancias, en lo que se refiere al asunto, algo parecido sucede con la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>Publicado en EL Mundo con ocasión del XXX aniversario de las primeras elecciones</strong></em></p>
<p><em><strong><br />
</strong></em></p>
<p>Decía Luís Valls que, si querías mantener algo bien oculto, nada hay mejor que ponerlo en el escaparate. Quizá sea ese el origen su famoso “Repertorio de Temas”. Salvando las distancias, en lo que se refiere al asunto, algo parecido sucede con la dimisión de mi padre. Digo parecido, porque en este tema no había intención alguna de ocultar, todo lo contrario. Pocas cosas explicó más y mejor que aquella y ninguna aparece a los ojos de la mayoría de los españoles como más oculta, intrigante u oscura.</p>
<p>Se van a cumplir veintisiete años de aquel suceso y, desde entonces, no ha habido una sola charla, coloquio o conferencia mía en la que no haya sido preguntado por las verdaderas –y siempre ocultas- razones que le llevaron a dimitir. Hay también quien, sin preguntarse lo más evidente, se ha lanzado a publicar historias de todo tipo. Poco tienen que ver con la realidad esos cuentos de imposible encaje con la personalidad del propio Suárez.</p>
<p>Es uno de esos pocos sucesos históricos en torno a los que se produce un consenso casi unánime: nadie se cree lo que sabe. Y esto es más curioso todavía, si se tiene en cuenta que su protagonista goza de un crédito y respeto que no tiene político alguno en este país. Pese a ello, nadie le ha creído jamás en este punto concreto.</p>
<p>Hace ya algún tiempo, contaba en estas mismas páginas como el Rey y Adolfo Suárez planearon, en Segovia y por escrito, la estrategia a seguir cuando se cumplieran “las previsiones sucesorias”. Alguna de esas estrategias fue incluso desvelada ante el mismísimo Jefe del Estado de aquel momento. En cualquier caso, y fuera de anécdotas más o menos sabrosas, aquel plan tenía un presupuesto: “devolver la soberanía al Pueblo español” y una meta: “dotarle de una Constitución acordada por todos como norma básica del Estado”.</p>
<p>Quiero hacer hincapié en ese presupuesto: “devolver la soberanía al Pueblo Español”. En eso consistió la Transición política española. Esa fue su esencia y a ello se encaminaron todos y <img class="alignright size-full wp-image-439" title="Suárez dimiriendo" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2008/09/images.jpg" alt="Suárez dimiriendo" width="99" height="115" />cada uno de los pasos que se fueron dando. Remarco este hecho, porque nunca antes en nuestra historia –yo al menos no conozco antecedente- un Rey, habiendo recibido poderes “casi” absolutos, había devuelto, libremente, todos esos poderes a su pueblo. No faltará quien diga que no tenía más remedio. Pero se equivocará quien lo diga. Pudo haber hecho mil otras cosas que, a buen seguro, le hubieran llevado al desastre. Pero hizo lo que hizo, y se constituyó así en un ejemplo único. Si importante fue su actuación en aquel triste y a la vez glorioso febrero del 81, mucho mayor lo fue en aquellos cruciales, resbaladizos y vertiginosos años setenta. Sirvan estas líneas, en un tiempo de improcedentes críticas, de homenaje sincero y agradecido al mejor Rey de nuestra historia. El único que -en palabras de un exitoso “gurú” de las finanzas británico-, de entre todos los monarcas actuales, “aporta valor añadido” al Estado al que sirve y representa.</p>
<p>Con esto en la cabeza, entenderán por qué afirmo que la Transición, al margen de preparaciones y antecedentes más o menos remotos –que los hubo-, comienza cuando, tras aquel famoso “estoy en condiciones de dar al Rey lo que el Rey me ha pedido”, Suárez es nombrado Presidente del Gobierno y con él se inicia el camino hacia la aprobación de la “Ley para Reforma Política”. También entenderán que feche su finalización con la aprobación de la Constitución de la Concordia de 1978.</p>
<p>Es evidente que hay mil acontecimientos que merecerían todo un tratado durante aquellos años de 1979 y 1981, e incluso otros posteriores. Muchos de ellos fueron fundamentales y, aun hoy, siguen siendo pilares de nuestro sistema democrático. Quedaba por delante todo el desarrollo constitucional, pero la Transición, en sentido estricto, ya estaba hecha.</p>
<p>La vida política del país sufre, a partir de entonces, un cambio evidente en el fondo, en las formas, en las palabras, incluso en los gestos de todos los actores de la época y sobre los que podremos volver en otra ocasión. Para ilustrar mis palabras, que no buscan en modo alguno mayor gloria para nadie, baste repasar las intervenciones de mi padre durante las sesiones de la cuestión de confianza. Nada que ver con aquel empuje e ilusión del archifamoso “puedo prometer y prometo”…</p>
<p>A partir de ese momento se inicia un periodo de gestión de la “normalidad democrática” en el que Adolfo Suárez ya no se encuentra a gusto. Los protagonistas abandonan la generosidad y responsabilidad de la que habían hecho gala hasta entonces, empieza a desdibujarse el trazo de los “objetivos comunes” y los partidos políticos comienzan una nueva etapa en la que prima la búsqueda de su propia hegemonía.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-437" title="Suárez sólo en el Congreso" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2008/09/20070925elpepinac_6.jpg" alt="Suárez sólo en el Congreso" width="620" height="250" /><em>Una imagen vale más&#8230; (foto Mar Flórez)</em></p>
<p>Todo eso está muy bien, dirán ustedes, pero… ¿por qué dimitió su padre?&#8230; de verdad. Vamos a ello. En verano de 1980, tras la moción de censura y a las puertas de una cuestión de confianza muy arriesgada, Adolfo Suárez toma la decisión irrevocable de dimitir tras un complicadísimo “curso parlamentario”. Comienza a planear su ejecución y se encuentra con el primer gran dilema: convocar elecciones inmediatamente o buscar un candidato de consenso en el partido que pudiera agotar la legislatura. El transcurso de los años parece invitar a pensar que la decisión adoptada fue la correcta. En cualquier caso, aquella ejecución culmina con el discurso del Presidente del 29 de enero de 1981: “Me voy porque las palabras parecen no ser suficientes” y “no quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la historia de España”. Con esas palabras se resumen exactamente los motivos de su dimisión.</p>
<p>Ha perdido de forma irrecuperable la confianza de unos barones del partido que no dejan de maniobrar contra él. Se ausentan de las votaciones, le consideran aferrado al cargo, incapaz de liderar y, por extraño que hoy parezca, algunos hasta le desprecian por su falta de una mayor formación académica e intelectual. Por eso dice :“me voy porque las palabras parecen no ser suficientes y es necesario demostrar con hechos lo que somos y lo que queremos”, añadiendo que “la continuidad de la obra exige un cambio de personas”. Sigue comprometido con el proyecto al que no quiere dañar y por ello pide expresamente el apoyo para aquellos que, siendo responsables de su caída, van a tomar las riendas. Es necesario dejar claro que digo todo esto sin la más mínima sombra de rencor, ni ganas de herir a nadie. La relación personal con la mayor parte de todos aquellos protagonistas se recondujo posteriormente; y, en cualquier caso, todo aquello es ya parte de la historia.</p>
<p><img class="size-medium wp-image-623 alignleft" title="Suarez-Schmidt" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2008/09/suarez-schmidt-copia-300x185.jpg" alt="Suarez-Schmidt" width="300" height="185" />Por otro lado el PSOE ha desencadenado una feroz campaña –anunciada al propio Suárez poco antes por Helmudt Schmidt-  de “acoso y derribo” contra su persona, por verle como único impedimento –qué gran verdad visto con los ojos de hoy- entre ellos y la victoria electoral. Siempre aceptó la crítica, pero la descalificación personal no. “La crítica… es una necesidad… en un sistema democrático… pero… la permanente descalificación de las personas… no son un arma legítima”, llegará a decir en su discurso.</p>
<p>Pero no son los únicos. Se produce una extraña comunión de intereses, no sólo entre los grupos políticos anteriormente mencionados –hubo más-, si no también entre muy diversos e importantes sectores sociales y empresariales que viene a resumirse en una cruel e injustificada frase del momento: “o Suárez, o la democracia”. En esa tesitura, él tiene claro que no puede ser el impedimento para el desarrollo de las libertades por las que tanto ha luchado: “algo muy importante tiene que cambiar, y yo quiero contribuir, con mi renuncia, a que ese cambio sea realmente posible e inmediato.”</p>
<p>No sería justo silenciar aquí dos rumores bien extendidos. Uno, el de sus relaciones con los militares. Bien cierto es que eran muy tensas desde la legalización del PCE, pero de ahí a suponer que mi padre abandonara por la presión militar, es no conocerle e ignorar su valor y arrojo personal bien demostrado con militares, esta vez sí, armados, la noche del 23-F.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-440" title="Suarez defiende a Gutiérrez Mellado" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2008/09/17.jpg" alt="Suarez defiende a Gutiérrez Mellado" width="770" height="458" /></p>
<p>Respecto a su relación con el Rey, no he hallado jamás en las palabras de mi padre, o en las que he oído al Rey sobre mi padre, evidencia alguna en ese sentido.</p>
<p>Pero como digo, él sabe que su tarea ya está hecha y lo importante es “que se recobre la confianza… Para ello es preciso convocar al país a un gran esfuerzo. Es necesario que el pueblo español se agrupe en torno a las ideas, a las instituciones y a las personas promovidas democráticamente a la dirección de los asuntos públicos.”</p>
<p>Sé que hoy gozo de un gran cariño por parte de muchos de ustedes, y también soy consciente de que ese cariño es “delegado”: soy el vehículo para hacerlo llegar a su “legítimo titular”. Por ello pienso que, si no han creído durante todos estos años al legítimo titular de su cariño, y también de el mío, pocas esperanzas puedo albergar de que lleguen a creerme a mi hoy. En cualquier caso, les puedo asegurar y les aseguro –si me permiten la broma- que esas fueron, al margen de otros sucesos acaecidos, las verdaderas y “siempre ocultas” razones que llevaron a Adolfo Suárez González a dimitir, arropado por su familia en el Palacio de La Moncloa, aquella tarde clara del 29 de enero de 1981.</p>
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		<title>Elogio de la Transición</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Jun 2007 15:04:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adolfo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Homenajes]]></category>
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		<description><![CDATA[Contestación a Gabriel Albiac en La Razón


Con todo el respeto que él no ha tenido y en nombre de quien ya no puede hacerlo, me propongo contestar a don Gabriel Albiac. Le respondo en lo que atañe a la obra de mi padre y a sus compañeros de esfuerzo en la Transición.No entro en sus [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><em><strong>Contestación a Gabriel Albiac en La Razón<br />
</strong></em></p>
<p><em><strong></strong></em><br />
Con todo el respeto que él no ha tenido y en nombre de quien ya no puede hacerlo, me propongo contestar a don Gabriel Albiac. Le respondo en lo que atañe a la obra de mi padre y a sus compañeros de esfuerzo en la Transición.No entro en sus juicios  sobre el PSOE de entonces, cuya labor no creo que pueda, ni deba ser juzgada como usted hace. Pero eso son otros los que lo deben escribir.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-465" title="Pactos de La Moncloa" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2007/06/url-1.jpg" alt="Pactos de La Moncloa" width="779" height="458" /><em>Se firman los Pactos de la Moncloa&#8230;</em></p>
<p>Siempre he creído que los genios no están en la política, ni falta que hace. Son mucho más necesarios en la lucha contra el cáncer, por ejemplo. En política no hace falta ser un genio, basta una inteligencia normal, sentido común, ser prudente, honesto y trabajador. Lo que si debe ser extraordinaria es su capacidad para conectar con sus conciudadanos; no para venderles milongas, sino para identificar sus necesidades y aplicar soluciones, que no salen de una única y extraordinaria cabeza, si no de un buen equipo.</p>
<p>Ya tenemos los ingredientes básicos para empezar a hablar de la Transición y sus <img class="alignright size-medium wp-image-461" title="url-3" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2007/06/url-3-220x300.jpg" alt="url-3" width="220" height="300" />protagonistas. Un equipo, inicialmente formado por SM el Rey y Suárez, al que se sumaron otros muchos como Torcuarto Fernández-Miranda, Gutiérrez Mellado, Fuentes-Quintana, Jaime Lamo de Espinosa, José Lladó, Aurelio Menéndez, Landelino Lavilla, Marcelino Oreja y un largo etcétera que tienen muy poco que ver con esa “centuria de excursionistas de la OJE” a que se refiere usted. Ni aquellos chicos eran simplemente de “camisa azul”, ni “chapoteaban en la nadería”. Ese equipo, que llevaba trabajando desde tiempo antes, tuvo el olfato de identificar los deseos de los españoles y la audacia de darles solución:…”elevar a nivel político de normal lo que, a nivel de calle, es simplemente normal”.</p>
<p>No tengo yo el genio de Suárez, pero resudo amor, respeto y admiración por él; carezco de complejos y me sobra orgullo para alzarme en su defensa y ensalzar su obra sintiendo profunda lástima por quienes, acomplejados por su pasado e inconscientes, invitan al fanatismo y critican a quien sí fue capaz de algo grande: unir a todos los españoles entorno a un proyecto común que nos ha brindado –con todos sus defectos- los mejores años de nuestra historia política.</p>
<p>Tampoco tengo la genialidad –lo digo sin ironía- de quien hace el vituperio de la Transición.  Ni poseo su soberbia para creerme en posesión de la verdad absoluta y caer en la crueldad, el desprecio y la desmesura que le llevan a ser víctima de su brillantez preso de frases tan grandilocuentes como falsas y mezquinas.</p>
<p>Me gustaría ver a quien se refiere a mi padre como “juvenil sinvergüenza sin esfuerzo”, convenciendo a las Cortes franquistas de que debían aprobar la Ley de Reforma Política.</p>
<p><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-462" title="Suarez y Carrillo" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2007/06/url-6-150x150.jpg" alt="Suarez y Carrillo" width="150" height="150" />Me gustaría ver a quien se refiere a mi padre como “juvenil sinvergüenza sin riesgo”, afrontar en solitario la legalización del PCE el Sábado Santo de 1977.</p>
<p>Me gustaría ver a quien se refiere a mi padre como “juvenil sinvergüenza carente del pudor que da la inteligencia” negociar y aprobar la primera Constitución de consenso de toda nuestra historia.</p>
<p>Me gustaría ver a quien se refiere a mi padre como “juvenil sinvergüenza sin coraje” el 23 de febrero frente a las balas de los golpistas.</p>
<p>Pero no quiero contestar tan sólo sus insultos –propios de la incapacidad altiva de quien ha<img class="alignright size-medium wp-image-463" title="golpe" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2007/06/golpe-300x178.jpg" alt="golpe" width="300" height="178" /> leído mucho y no ha aprendido nada-, yerra usted alargando ese periodo más allá del 78. Aprobada la Constitución de la Concordia queda mucho por hacer, pero lo cierto es que ya tenemos los instrumentos para hacerlo. Una cosa es la Transición y otra convertir a España en un líder mundial. Y, si bien es cierto que no se puede conseguir esto sin haber hecho antes lo primero, tampoco se puede culpar de no conseguir tal liderazgo a los gobiernos de la Transición.</p>
<p>Curiosa vergüenza supone la mayor aportación de España a la política con mayúsculas, alabada y estudiada por verdaderos genios, como Julián Marías.</p>
<p>Hoy, treinta años después, muchas cosas han cambiado. La mayor parte a mejor. Por ejemplo, que se puedan publicar sin miedo opiniones como la suya. Ahora bien, es cierto que otras deberían estar en situación muy distinta. Por ejemplo la Educación –incluida la suya-, la independencia de la Justicia o el modelo de Estado.</p>
<p>Hoy treinta años después, son radicalismos, imposiciones y complejos lo que nos sobra. Falta altura, desprendimiento, empatía, sinceridad e ilusión. Esa ilusión de la que hablaba Marías: la capacidad de imaginar un futuro mejor por el que merece la pena luchar. Nos falta lo que fuimos capaces de hacer entonces: ilusionarnos en torno a un proyecto común que aproveche todas las oportunidades que nos brindó la Transición.</p>
<p style="text-align: left;">No quiero dejar pasar la ocasión de desearle todo lo mejor señor Albiac, ni de decirle una última cosa: ese sinvergüenza, grosero, analfabeto y estúpido que se dejó literalmente la vida por los demás, nunca hubiera usado un gramo de sus capacidades para intentar humillar a nadie. Menos aún si no pudiera defenderse.</p>
<p style="text-align: left;">
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-464" title="Aprobacion de la Constitucion" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2007/06/url-2.jpg" alt="Aprobacion de la Constitucion" width="555" height="391" /><em>Por primera vez tenemos una Constitución de todos 1978</em></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Carta de contestación de Antonio Casado</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Mar 2007 19:00:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adolfo</dc:creator>
				<category><![CDATA[El Confidencial]]></category>
		<category><![CDATA[Transición]]></category>
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		<category><![CDATA[Espíritu de la Transición]]></category>
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		<description><![CDATA[Adolfo Suárez, el secuestro de Javier Rupérez y el periodista rectificado
Jueves, 08 de marzo de 2007
Hablando del reagrupamiento de presos mientras estaba secuestrado Ortega Lara, escribí el martes 6 que el Gobierno Aznar hizo lo que debía, &#8220;sin vulnerar la legalidad&#8221;, y nadie se lo reprochó entonces ni ahora. Y a renglón seguido: &#8220;Como nadie [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Adolfo Suárez, el secuestro de Javier Rupérez y el periodista rectificado</p>
<p>Jueves, 08 de marzo de 2007</p>
<p>Hablando del reagrupamiento de presos mientras estaba secuestrado Ortega Lara, escribí el martes 6 que el Gobierno Aznar hizo lo que debía, &#8220;sin vulnerar la legalidad&#8221;, y nadie se lo reprochó entonces ni ahora. Y a renglón seguido: &#8220;Como nadie le reprochó al Gobierno Suárez el pago de un rescate por Javier Rupérez en 1979 y nadie se lo reprochará jamás&#8221;.<br />
Esas tres líneas motivaron ayer una carta de rectificación de mi amigo Adolfo Suárez Illana. Dice en síntesis que Antonio Casado &#8220;ha errado gravemente&#8221;, pues &#8220;es absolutamente falso que Adolfo Suárez González, mi padre, pagara rescate alguno, jamás&#8221;. Y que de haberlo hecho, él, su propio &#8220;hijo y amigo&#8221;, se lo hubiera reprochado porque &#8220;el pago de un rescate a los terroristas constituye un delito perseguible de oficio&#8221;.<br />
Desde la humildad de quien ha aprendido a equivocarse y sentir el alivio de reconocerlo, la cariñosa carta que me dedica Suárez Illana reclama una respuesta profesional y personal. La profesional se remite a la deposición del general Sáez de Santamaría (fallecido en agosto de 2003) ante el tribunal del caso ‘Fondos Reservados’ (otoño 01). La personal se complace en la ocasión de renovar mi afecto por Adolfo Suárez Illana y mi profundo respeto por el presidente Suárez, el hombre que abrió por dentro las puertas del franquismo para que entrase el aire nuevo de un país con hambre atrasada de libertad.<br />
En la crónica de Carmen Remírez sobre las sesiones de aquel juicio (diario El Mundo, 1 noviembre 2001), se lee: &#8220;El general José Antonio Sáenz de Santamaría salpicó la memoria de los gobiernos de UCD con episodios como el secuestro de Javier Rupérez, hoy embajador en Washington, en noviembre de 1979. Según su testimonio, el presidente Adolfo Suárez en persona ordenó pagar a los etarras 200 millones de pesetas, en una reunión que se celebró en su presencia y en la del entonces ministro de Interior, Antonio Ibáñez Freire&#8221;.<br />
Como es sabido, el perjurio es delito en la declaración de un testigo, y las actas del juicio confirman la información de El Mundo. Sáenz de Santamaría sostiene que se pagó el rescate de Rupérez con cargo a fondos reservados y aventura una cifra: 200 millones. Veintiocho años después, mi amigo, el hijo del presidente Suárez, que entonces estaba en el colegio, sostiene que la cantidad total de fondos reservados presupuestada para aquel año era de 100 millones de pesetas, justo la mitad del presunto pago a ETA por la liberación del diputado centrista.<br />
El entonces presidente del propio del Gobierno, Adolfo Suárez, lo desmintió en varias ocasiones. Pero otros actores de aquel momento político siguieron defendiendo la tesis de que, efectivamente, se pagó rescate. Vale la pena descifrar al propio Javier Rupérez en declaraciones realizadas en su día a la Prensa: &#8220;No tengo por qué saber cómo o por qué se produjo mi liberación aunque un prurito de transparencia me llevó a interrogarlo y a concluir sin asomo de duda que mi vida no había costado nada significativo a nadie, patria, principios, honras o dineros, ni siquiera reservados&#8221;.<br />
Al abajo firmante le sale al paso la disyuntiva de otorgar más credibilidad a unos u otros, pero no se inventa nada. La palabra de un hombre honesto como Adolfo Suárez, o la de su hijo, que con tanta gallardía defiende la limpia memoria política del presidente, son para mí barandillas morales lo bastante seguras como para convertirlas en el mejor aval de un dato histórico o de una información determinada. Por tanto, no se me caen los anillos por retirar la afirmación de que el Gobierno Suárez pagó un rescate para liberar a Rupérez en 1979, en base a la autoridad moral de quienes lo niegan.<br />
Pero, insisto, yo no me inventé nada. En todo caso, el desmentido de mi amigo Adolfo se debería haber centrado en quien colocó el asunto en el circuito de los datos consabidos: el general Sáenz de Santamaría, un icono de los militares demócratas de la transición, jefe de la Policía Nacional cuando se produjo el secuestro de Rupérez, jefe de la lucha antiterrorista en el País Vasco y luego director general de la Guardia Civil. Como fuente del dato aireado ante un tribunal de justicia, incluido en mi comentario del martes, no parecía muy averiada en principio.</p>
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		<title>El Secuestro de Rupérez</title>
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		<pubDate>Tue, 06 Mar 2007 15:16:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adolfo</dc:creator>
				<category><![CDATA[El Confidencial]]></category>
		<category><![CDATA[Terrorismo]]></category>
		<category><![CDATA[Transición]]></category>
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		<description><![CDATA[Carta de aclaración a mi amigo Antonio Casado en relación al secuestro de Rupérez
Estimado Director, querido Jesús:
En el día de ayer su periódico -El Confidencial- publicó un artículo firmado por don Antonio Casado, por quien siento profundo afecto y respeto tanto en lo personal como en lo profesional, aún en la también profunda discrepancia.
A lo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>Carta de aclaración a mi amigo Antonio Casado en relación al secuestro de Rupérez</strong></em></p>
<p>Estimado Director, querido Jesús:</p>
<p>En el día de ayer su periódico -El Confidencial- publicó un artículo firmado por don Antonio Casado, por quien siento profundo afecto y respeto tanto en lo personal como en lo profesional, aún en la también profunda discrepancia.</p>
<p>A lo largo de su artículo, el señor Casado va dando su opinión acerca de la crisis provocada por la progresión en el grado concedida al miserable De Juana ese. Está en su derecho y ahí nada tengo que decir por mucho que discrepe.</p>
<p>Ahora bien, en un punto dice textualmente: “Como nadie le reprochó al Gobierno Suárez el pago de un rescate por Javier Rupérez en 1979 y nadie se lo reprochará jamás”. Además, esto da la impresión –pido disculpas si no es así- que lo pone en relación con una frase anterior que viene a justificar la acción por hacerse sin vulnerar la legalidad.</p>
<p>Insisto en mi respeto y afecto por el señor Casado, pero en este caso ha errado gravemente e intentaré explicar por qué.</p>
<p><img class="size-full wp-image-535 alignleft" title="Javier Rupérez" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2007/03/ruperez-200x250.jpg" alt="Javier Rupérez" width="200" height="250" /></p>
<p>Primero, es absolutamente falso que Adolfo Suárez González, mi padre, pagara rescate alguno jamás. Confío plenamente en la buena fe de don Antonio y sé, porque le conozco, que intentará averiguar la verdad sobre el caso. Si me permite, le facilitaré las cosas remitiéndole a los numerosos libros que hacen referencia a aquel suceso y que, como el de Carlos Abella o el que en breve se va a publicar por don Federico Quevedo y que tengo el honor de prologar y alentar, recogen los testimonios de don Joaquín Ruiz-Giménez, por aquel entonces presidente de la Comisión por la Liberación de Rupérez, integrada, entre otros, por doña Francisca Sauquillo. El señor Ruiz-Giménez no ocultó su profunda preocupación tras recibir la negativa del gobierno presidido por mi padre a aceptar ninguna de las pretensiones de los terroristas. Le transcribo las palabras de don Joaquín: “El presidente Suárez nos señaló dos puntos muy claros: que no habláramos para nada de rescate ni de excarcelaciones, que era una de las condiciones expuestas por ETA (p-m) para su liberación. De los que estuvimos en aquella comisión todos estamos convencidos de que no hubo rescate alguno”. Más adelante decía: “hubo un primer momento en que se habló del pago de un rescate. La cantidad osciló en torno al millón de pesetas de la época, y fue propuesta por los terroristas en su primer comunicado tras el secuestro”. Sin embargo, precisa Ruiz-Giménez que “después no se volvió a hablar del tema, porque quedó claro que no íbamos a pagar ningún rescate. Categóricamente se rechazó”.</p>
<p>Segundo, el pago de un rescate a los terroristas sería contrario a la ley y constituye un delito perseguible de oficio. Insisto una vez más, no creo que el señor Casado pretenda imputar un delito a mi padre. Menos aún, cuando todos sabemos que el señor Suárez no cedió al chantaje de los enemigos de la libertad ni siquiera cuando estuvo en jaque su propia vida. Le aseguro que tampoco cedió cuando la vida en juego era la de su amigo Javier, que por desgracia, no fue el único caso de secuestro al que se tuvo que enfrentar, algunos con dramáticos finales, muy parecidos al de Miguel Ángel Blanco.</p>
<p><img class="size-medium wp-image-537 alignright" title="Joaquín Ruíz Jiménez" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2007/03/joaquin1225791115370065575-300x283.jpg" alt="Joaquín Ruíz Jiménez" width="300" height="283" />Tercero, dice que “nadie se lo reprochará jamás”. Se equivoca. Yo, su hijo y amigo lo haría. Me he pasado la vida entera recibiendo sus enseñanzas y viéndole practicarlas hasta el heroísmo –y le ruego me permita en este punto un grado de discreción-. Sería para mi una profunda desilusión que hubiera cedido, por muy comprensible que pueda resultar tal cesión. Sé de su boca que no cedió, pero entiendo las dudas de los demás. A ellos les digo que los hombres tenemos derecho a sentir miedo e incluso ser débiles, pero aquellos que tienen el honor de gobernar un pueblo pierden ese derecho. Esto, que parece solo una bonita frase, es lo que le llevó a Adolfo Suárez González a no perder la dignidad del cargo el 23 de febrero. No cuadra ese Presidente con el que menciona el señor Casado.</p>
<p>No puedo dejar de insistir en la confianza que tengo en la buena fe de don Antonio Casado, como estoy seguro que él entenderá mi obligación de aclarar sus palabras.</p>
<p>Reciba don Jesús un muy cordial saludo y mi más sincera enhorabuena para usted y todo su equipo por su periódico.</p>
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		<title>Carta al Director de El Mundo sobre el secuestro de Rupérez</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Mar 2007 10:49:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adolfo</dc:creator>
				<category><![CDATA[El Mundo]]></category>
		<category><![CDATA[Terrorismo]]></category>
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		<category><![CDATA[Constitución]]></category>
		<category><![CDATA[ETA]]></category>
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		<category><![CDATA[Secuestro]]></category>

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		<description><![CDATA[Querido Director:
El pasado día 3 de marzo de 2007, don Javier Ortiz publicó en su diario una columna en la que, entre otras cosas por las que expreso mi profundo respeto aunque disienta, afirmaba que Adolfo Suárez González, mi padre, pagó 200 millones de pesetas por la liberación de Javier Rupérez. Es absolutamente falso. No [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><em>Querido Director:</em></strong></p>
<p>El pasado día 3 de marzo de 2007, don Javier Ortiz publicó en su diario una columna en la que, entre otras cosas por las que expreso mi profundo respeto aunque disienta, afirmaba que Adolfo Suárez González, mi padre, pagó 200 millones de pesetas por la liberación de Javier Rupérez. Es absolutamente falso. No hace falta recordar que mi padre no cedió ante la amenaza de los enemigos de la libertad ni cuando estuvo en riesgo su propia vida. Tampoco lo hizo cuando la amenaza recayó sobre otros, como es el caso que nos ocupa y que no fue el único, desgraciadamente. No quiero alargarme mucho en esta aclaración, simplemente remitir a todos aquellos que sinceramente quieran saber más sobre ese asunto, y estoy seguro que don Javier Ortiz se encuentra entre ellos, a personas independientes que lo han investigado a fondo, por ejemplo don Carlos Abella quien, en la biografía que publicó sobre mi padre, aporta pruebas y declaraciones de los protagonistas que no dejan lugar a dudas.</p>
<p>Reciba un cordial saludo,</p>
<p>Adolfo Suárez Illana</p>
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