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	<title>Adolfo Suárez Illana &#187; Concordia</title>
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		<title>Orgullo de ser español</title>
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		<pubDate>Mon, 24 Oct 2011 11:25:09 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Artículo publicado en ABC el 24 de octubre de 2011 Como ya me han oído en más de una ocasión, nunca asumo la representación de mi padre para recibir honores. Únicamente acepto tal representación cuando se trata de rendir justo homenaje a un tercero. La razón no es otra que la de no adquirir un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><em>Artículo publicado en ABC el 24 de octubre de 2011</em></strong></p>
<p>Como ya me han oído en más de una ocasión, nunca asumo la representación de mi padre para recibir honores. Únicamente acepto tal representación cuando se trata de rendir justo homenaje a un tercero. La razón no es otra que la de no adquirir un protagonismo que en absoluto me corresponde. Además, el que se resalte en esos homenajes la ausencia física de quien para nosotros está tan presente todos los días, creo que le da una mayor fuerza simbólica a esos actos y evita centrar en mi persona, aun de forma delegada, honores y recuerdos.</p>
<p>Dicho esto, creo que es justo asumir tal representación en una ocasión como esta, en la que se rinde justo homenaje a un periódico centenario y emblemático en la historia de España; y más, si cabe, en este número en el que se exalta el orgullo de ser español.</p>
<p>Es difícil señalar un único motivo por el que mi padre se pudiera sentir orgulloso de ser español, pero si he de arriesgarme a hacerlo, diría que ese es el comportamiento del pueblo español durante la Transición.</p>
<p>A lo largo de todo aquel proceso, la obsesión permanente –si me permiten la expresión- de S.M. el Rey y de mi padre, como Presidente del Gobierno, fue devolver la soberanía perdida a los españoles. A todos. Hoy, más de treinta años después de ser aprobada la Constitución de la Concordia, con todos sus posibles defectos, creo que es motivo de legítimo orgullo el ver cómo se recibió esa soberanía y el uso que de ella se hizo durante aquellos años. Sin embargo, como él mismo dijo al aprobarse, no se habían acabado los problemas. Habíamos andado buena parte del camino, pero nos quedaba mucho por andar.</p>
<p>No había soluciones mágicas entonces, no las hay hoy, ni las habrá jamás; pero si existe ya la certeza de que no hay problema ni crisis alguna, por importante que esta sea, que el pueblo español unido no sea capaz de superar. Tan solo es necesario un liderazgo sólido que nos invite, a todos, a poner la necesidad común por delante de la exigencia particular y que nos vuelva convencer, a todos, de que la política no es un patio donde unos cuantos se reparten poder y dinero, sino el lugar donde gente cabal entrega vida, talento y esfuerzo al servicio de todos los españoles.</p>
<p><img class="aligncenter size-medium wp-image-461" title="El Rey y Suárez Paseando" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2007/06/url-3-220x300.jpg" alt="El Rey y Suárez Paseando" width="220" height="300" /></p>
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		<title>Los Hombres de la Raza de Hierro</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Aug 2010 10:30:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adolfo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Publicado en El Mundo el 23 de agosto de 2010 &#8220;¡Miserable!, ¿por qué gritas? Me perteneces porque soy más fuerte que tú. Irás a donde a mi me plazca, por buen cantor que seas, y depende de mi capricho el que me sirvas de alimento o que recobres la libertad. Loco rematado es quien resiste a uno [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Publicado en El Mundo el 23 de agosto de 2010</em></p>
<p><em>&#8220;¡Miserable!, ¿por qué gritas? Me perteneces porque soy más fuerte que tú.<img style="float: right; border: 0px initial initial;" title="hesiodo2" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2010/05/hesiodo2-150x150.jpg" alt="hesiodo2" width="150" height="150" /> Irás a donde a mi me plazca, por buen cantor que seas, y depende de mi caprich<span style="font-style: normal;"><em>o el que me sirvas de alimento o que recobres la libertad. Loco rematado es quien resiste a uno más fuerte que él; además de no conseguir la victoria, a la vergüenza añade el sufrimiento.</em>”</span></em></p>
<p>Si nos quedáramos solo con este párrafo que, de la antigua fábula griega de “<em>El Gavilán y el Ruiseñor</em>”, nos ofrece Hesíodo en su poema “<em>Los Trabajos y los Días</em>” entremezclándola con la leyenda de <em>Filomena,</em> estaría justificada la más absoluta de las depresiones…</p>
<p>Es Hesíodo un personaje curioso dentro de la historia de la poesía que, en cierta medida,<br />
comparte algunos elementos comunes con otro gran poeta de rabiosa actualidad: Miguel Hernández. Fue Hesíodo pastor y campesino allá por el siglo VII A.C.. Hijo de un hombre relativamente bien posicionado, compaginó sus labores agrícolas y ganaderas con la actividad poética por vocación divina, según él mismo nos cuenta. Pero no son esas “<em>convergencias</em>” con Hernández las que me hacen traer hoy al de Ascra ante ustedes, sino por la iniquidad de la justicia que también sufrió.</p>
<p>En un momento determinado, en su famoso “<em>Mito de las Razas</em>”, nos dice que estamos en la quinta raza; “<em>la raza de hierro</em>”, aquella en la que <em>“… a los padres, cuando envejezcan, menospreciaran los hijos,…. Impondrán la fuerza por encima del derecho… solo se respetará al inicuo y al violento… El cobarde ganará siempre la partida al valiente mediante falsa palabrería, apoyada en falso juramento… La Conciencia</em> –Aidos- <em>y la Vergüenza</em> –Némesis<em>- volarán entonces de la vasta tierra al Olimpo, ocultando sus hermosos cuerpos… abandonando así a los hombres…</em>” Es francamente desolador el panorama que este genio de la poesía helena, ganador en justa poética ante el mismísimo Homero, nos describe en este pasaje.</p>
<p><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-870" title="MuñozSeca" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2010/05/MuñozSeca-150x150.jpg" alt="MuñozSeca" width="150" height="150" />Créanme, soy capaz de adivinar su sorpresa ante lo que hasta ahora les he escrito y que bien podría reflejarse con un “<em>plagio modificado</em>” de otro insigne escritor que pagó con su vida la actuación de la injusticia: “…¿Y a qué viene, ¡vive el Cielo!,/ cuando tan grande es mi duelo,/ esa conseja endiablada/ de la justicia pagada/ de ese Hernández y un heleno?&#8230;.”</p>
<p>Pues viene amigo a que hasta en esta noche institucional en que vivimos sin atisbo de lumbre de farol alguno, es evidente a los ojos de cualquier ciudadano mínimamente informado y despegado de la clase dirigente, que estamos viviendo una convulsa situación política, social y económica. Seguramente, una de las más complejas situaciones que  podamos recordar en tiempos de paz. A pesar de ello, y contrariamente a lo que la razón le dictaría a cualquier ciudadano sensato, nos encontramos con una clase política más enfrentada que nunca, más extendida que nunca, más enquistada que nunca. Frente a la sensibilidad de la necesidad común, entre nuestros políticos se ha instalado el sentimiento de la exigencia particular.</p>
<p><img class="alignright size-thumbnail wp-image-876" title="Miguel hernandez, poeta el pais." src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2010/05/Miguel-hernandez-poeta-el-pais.-150x150.jpg" alt="Miguel hernandez, poeta el pais." width="150" height="150" />Bien saben todos los asiduos a estas páginas, las muchas veces que me he referido a la Justicia como una de las asignaturas pendientes más importantes de nuestra arquitectura institucional. No es posible que el garante de las libertades públicas, esto es la Justicia, esté permanentemente sometido al control y directrices de quien puede violar esas mismas libertades. Esto es, el Gobierno. Es en esa situación, cuando cobran pleno sentido los versos de Hernández: “… <em>Las cárceles se arrastran por la humedad del mundo,/ van por la tenebrosa vía de los juzgados</em>…”</p>
<p>Cuando la pelea política se traslada a los juzgados, o mejor dicho, cuando desde los juzgados se pretende hacer política utilizando los medios de comunicación, estamos ante un problema de magnitudes incalculables, en términos de paz social.</p>
<p>He traído a colación versos de poetas que sufrieron en distintas circunstancias la iniquidad de una “<em>justicia politizada</em>”, y lo he hecho para hacerme una pregunta:  ¿No hemos aprendido nada en estos últimos 2.700 años? Porque es eso precisamente a lo que hace referencia Hesíodo cuando dice “<em>…es preciso sufrir para que el buen sentido se imponga a la insensatez…”</em> que, dicho de otro modo, significa que nadie escarmienta en cabeza ajena. Pero es que, por desgracia, nuestra cabeza colectiva ha sido ya golpeada en demasiadas ocasiones por este mismo palo como para no haber aprendido nada.</p>
<p>Acudimos estos días con perplejidad creciente a un espectáculo bochornoso que está sazonado con todos los ingredientes más amargos que han acompañado a la larga lista de nuestros errores colectivos.</p>
<p><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-874" title="garzon" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2010/05/garzon-150x150.jpg" alt="garzon" width="150" height="150" />Un juez estrella es sorprendido por las posibles pruebas que se publican de su iniquidad. Ante tales acusaciones, la Justicia –esta vez con mayúsculas- comienza a instruir, porque, como nos dice una vez más Hesíodo, <em>“…Llorando la Justicia persigue por ciudades y moradas a los hombres que tratan de rehuirla o torcidamente administrarla…”</em>. Pues bien, ante algo tan simple como esto, que debiera ser dejado en las solas manos de los jueces, como se afana siempre en repetir con la boca chicha todo político que se precie, el Gobierno de la Nación, ayudado de sindicatos, rectores y actores, y una pléyade de personajes de la izquierda, inician una campaña general para presionar al Tribunal Supremo con el objeto de impedir que quien mal ha obrado, bien pague. Ni más, ni menos. No se tiene, entre tanto, el más mínimo recato para hacer todo tipo de referencias a lo más negro de nuestro pasado. Un pasado repleto de asesinos, donde por igual motivo y de igual manera se daba muerte a un Miguel Hernández o a un Pedro Muñoz Seca.</p>
<p>No soy hombre especialmente sabio… ni quiero serlo, si por sabios se tienen esos hombres que hoy en día con sus hechos, palabras y ejemplos parecen haber sido instruidos en el odio y el rencor. ¿De qué me sirve el progresismo si no soy capaz de progresar con el?… ¿De qué me sirve la sabiduría si no soy capaz con ella de torcer lo que de maligno tiene la naturaleza humana, con el firme deseo de una libertad comprometida con el bien común?</p>
<p>Cuando abandonamos al “<em>otro</em>” y nos comprometemos en exclusiva con el “<em>yo</em>”, estamos renunciando al principio básico del verdadero progreso humano y sobre el que se ha<img class="alignright size-thumbnail wp-image-885" title="Antonio-Machado" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2010/05/Antonio-Machado-150x150.jpg" alt="Antonio-Machado" width="150" height="150" /> cimentado y engrandecido toda paz social: el reconocimiento del “<em>otro</em>” como parte misma del “<em>yo</em>”. Esa permanente referencia a los “<em>otros</em>” para reforzar “<em>nuestros</em> “ argumentos, va en sentido radicalmente contrario al esfuerzo común que presidió los años de la Transición. Años en los que algunos alzaban la voz con versos de Machado para romper el inmovilismo de los poderosos y desterrar la derrota permanente de una sociedad enfrentada, sin más armas que la ilusión y el esfuerzo: “<em>…está el ayer alerto/al mañana, mañana al infinito;/ hombres de España, ni el pasado ha muerto,/ ni está el mañana -ni el ayer- escrito</em>.”</p>
<p>Bien cierto es que nada está escrito. Nada está definitivamente conquistado; nada está definitivamente perdido. Todo depende de nosotros mismos. Por eso, no estaría de más que, de entre nosotros –usted y yo-, se alzasen nuevas voces; voces que, como antaño, entre la algarabía de algunos poderosos enfrascados en conservar su hegemonía aun a costa de nuestro futuro,  fueran capaces de zafarse de entre las garras del potente gavilán que nos atenaza para gritar con fuerza, como Hernández, que “<em>…hay un rayo de sol en la lucha/ que siempre deja la sombra vencida…” porque “…para el hijo será/ la paz que estoy forjando…</em>”.</p>
<p><img class="aligncenter size-medium wp-image-892" title="Gavilán" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2010/05/Gavilán-300x144.jpg" alt="Gavilán" width="300" height="144" /></p>
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		<title>Los toros en Cataluña…</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Mar 2010 09:20:22 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Artículo publicado en El Mundo Algo nos está pasando… y no es nada bueno. Andamos enredados estos días, unos y otros, en buscar y dar argumentos a favor y en contra de la continuación de las corridas de toros en Cataluña. Al margen de lo bueno o malo que pueda resultar tal ejercicio, me parece francamente [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><em>Artículo publicado en El Mundo</em></strong></p>
<p>Algo nos está pasando… y no es nada bueno. Andamos enredados estos días, unos <img class="alignright size-thumbnail wp-image-562" title="duelo_a_garrotazos_goya" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2005/11/duelo_a_garrotazos_goya-150x150.jpg" alt="duelo_a_garrotazos_goya" width="150" height="150" />y otros, en buscar y dar argumentos a favor y en contra de la continuación de las corridas de toros en Cataluña.</p>
<p>Al margen de lo bueno o malo que pueda resultar tal ejercicio, me parece francamente incomprensible su solo planteamiento. El “obligar” a todo un sector, representante de un espectáculo artístico que, además, es el más singular de toda la tierra, a dar razones para que no sea prohibido. Si alguien debiera dar razones, y graves, para el simple planteamiento de una cuestión así, estos deberían ser los abolicionistas.</p>
<p>Algunos, al oír esto, rápidamente acuden al lugar común del animal que sufre para marcar la diferencia. No quiero abundar en los argumentos que, para “<em>compensar</em>” esta afirmación, se suelen aportar, pero si querría decir dos cosas.</p>
<p>Primero, que los animales no son personas. Esto, que parece una obviedad para el común de los mortales, también parece que está siendo cuestionado por una sutil pero permanente campaña de “<em>personalización</em>” de los animales como forma de civilización y progreso. Esa personalización consiste en acercar los animales a las personas hasta tal extremo, que no solo se les otorgan derechos, que algunos tienen, si no también características que son absolutamente exclusivas del hombre. Pues bien, eso no es ni civilización ni progreso, es, lisa y llanamente, un amaneramiento social.</p>
<p><img style="float: left; border: 0px initial initial;" title="Cornada JJ Padilla" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2010/03/Cornada-JJ-Padilla-blog-150x150.jpg" alt="Cornada JJ Padilla" width="150" height="150" />Una cosa es tener una mascota y tratarla bien y, otra muy distinta, es pensar que ese animal “<em>es una persona”;</em> con sus mismas características y derechos. Aunque a veces lo olvidemos, nada tiene que ver la idílica representación que se nos hace de la selva, sus animales y relaciones en los cuentos de Disney o Kipling, con la cruda realidad.</p>
<p>En algunos casos, el trato dado  a ciertos animales de compañía llega al más absoluto de los ridículos. No pongo ejemplos. No quiero ofender a nadie, ni meterme en la forma en la que cada cual trata a sus mascotas, pero de ahí a confundir un animal con una persona, va un mundo. Los animales, como el resto de la creación, con los límites que imponen la razón y la necesidad de mantenerla para las futuras generaciones, está al servicio del hombre.</p>
<p>Y es dentro de este marco, donde han de ser entendidas la corridas de toros. El toro bravo ha sido y es parte de la cadena alimenticia del hombre y, solo por sus especialísimas características de bravura y nobleza en la lucha a la hora de ser manejados para su muerte,  es que a estos  animales se les ha permitido una vida y una forma de morir que no tiene relación alguna con la que se le concede a cualquier otra res en el mundo: una vida extraordinaria en libertad de al menos de cuatro años, la posibilidad de pelear por su vida y, esto es más excepcional aún, la posibilidad también de matar a su matador.</p>
<p>Esto, en cuanto a las posibilidades que se “<em>ofrecen</em>” un animal que acude al sacrificio <img style="float: right; border: 0px initial initial;" title="esp-derech-copia" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2009/08/esp-derech-copia-226x300.jpg" alt="esp-derech-copia" width="226" height="300" />para ser convertido en alimento. Por otro lado van las exigencias que se le imponen al personaje que aspira a ser el matador de tan excepcional animal. Son muchas, no sirve hacerlo de cualquier manera. Tanto es así que, además de la liturgia obligatoria que debe ser respetada durante el proceso, al matador se le exige aportar algo de sí mismo que le diferencie, que le haga especial a él y a su forma de llevar a cabo esa lidia; y eso es, precisamente, el arte. El arte generado mientras se ofrece el espectáculo más singular de toda la Tierra: bailar a muerte con un toro. Pero, como digo, no de cualquier manera, sino cumpliendo las grandes exigencias artísticas, técnicas y ganaderas que hacen que ese espectáculo sea verdaderamente excepcional y digno de reconocimiento.<br />
Bailar a muerte con un toro, que eso es torear, tiene una verdad incontestable tras de si: la muerte. Pero ello no es sino la dificultad que la hace única y que impide a aquellos que no están dispuestos a morir ser parte protagonista de esta manifestación artística ancestral, centenaria y mítica. Pero la esencia no es la muerte, sino el arte: esa capacidad del hombre para crear sentimientos en el albero al hilo una coreografía inmediata, brillante, efímera y exclusiva bailada sobre la cuerda floja que se tiende entre los dos pitones de un toro bravo.</p>
<p>No creo que un espectáculo así deba ser prohibido en ningún caso, antes bien, debe ser objeto de cuidado y apoyo, con independencia del número de seguidores con los que cuente, como lo es en países tan civilizados y cultos como Francia. Esto debería ser bien entendido por administraciones que, como la catalana, no cejan en el empeño de imponer el catalán por la fuerza, so pretexto de que es marginado por “<em>otros</em>”.</p>
<p><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-420" title="Un aborto de 8 semanas" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2009/02/bebe26-150x150.jpg" alt="Un aborto de 8 semanas" width="150" height="150" />Segundo, les había prometido dos cosas, no creo en absoluto que el sufrimiento animal, o de los animales, les preocupe lo más mínimo a esta gente que hoy trata de imponer su voluntad al resto de la sociedad con la abolición de las corridas de toros en cataluña, pues son los mismos –todavía recuerdo a Tardá en esas tareas- que defienden que a una mujer le puedan introducir unas tijeras por la vagina y descuartizar, en su seno, al niño que lleva dentro. Esto suena a salvajada… y lo es, pero es una de las formas más comunes de practicar un aborto hoy en día. Hay otras, no menos salvajes, como la de meter una aguja-aspiradora por el mismo conducto para extraer al feto a la vez que se le trocea y mata. Yo he tenido la desgracia de ver imágenes así y es repugnante ver el dolor que se produce al niño y cómo este intenta en vano defenderse. ¿Es acaso más digno de defensa el toro que un niño en el seno materno? ¿Y quieren que me crea lo del sufrimiento del pobre toro? Me parece una burla de mal gusto. Lo que creo es que lo único que les importa a quienes esto defienden es su santa voluntad y que el sufrimiento, ya del niño, ya del toro, les importa muy poco.</p>
<p>Al final, tristemente, todo apunta a lo que el más zote puede alcanzar con suma facilidad: que hay quienes, manejando sentimientos ciertos de algunos sectores de la sociedad, aprovecha la oportunidad política para sacar de quicio las cosas y montar un espectáculo –indecente esta vez- cuyo objetivo inconfesable no es otro que buscar puntos de fricción y enfrentamiento entre la sociedad española en general y la sociedad catalana en particular. Puntos de fricción que no existen ni han existido jamás y que son alentados por políticos necios, incapaces de cumplir con las tareas más exigentes, importantes y urgentes que les han sido encomendadas por esa misma sociedad. Por ejemplo, buscar salidas a la crisis y favorecer el entendimiento y la convivencia pacífica entre todos los españoles.</p>
<p><img class="aligncenter size-medium wp-image-840" title="Jefe-Rey-Toros" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2010/03/Jefe-Rey-Toros-300x181.jpg" alt="Jefe-Rey-Toros" width="300" height="181" /></p>
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		<title>Es la hora de la grandeza…</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Apr 2009 18:05:32 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Artículo publicado en EL Mundo Estamos viviendo uno de los momentos, desde el punto de vista político, más interesantes que yo recuerde desde la Transición. Dos formaciones políticas antagónicas, enfrentadas e irreconciliables hasta hace tan solo unos días, han alcanzado un pacto de singular importancia. España entera asiste ahora expectante, esperanzada y encogida a la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>Artículo publicado en EL Mundo</strong></em></p>
<p><em><strong><br />
</strong></em></p>
<p>Estamos viviendo uno de los momentos, desde el punto de vista político, más interesantes que yo recuerde desde la Transición. Dos formaciones políticas antagónicas, enfrentadas e irreconciliables hasta hace tan solo unos días, han alcanzado un pacto de singular importancia. España entera asiste ahora expectante, esperanzada y encogida a la plasmación material de unos acuerdos ya firmados y cuyo desarrollo que puede llegar a cambiar el curso de la historia del País Vasco, de una vez por todas. A nadie se le escapa que no es tan solo el cambio de un gobierno autonómico lo que está en juego, sino la posibilidad real de acabar con la falta de libertad en el único rincón de Europa donde todavía se mata por discrepar. Eso es lo que los españoles tenemos de verdad hoy en la cabeza.</p>
<p><img class="alignleft size-full wp-image-642" title="Basagoiti y López" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2009/04/bilbo-253x190.jpg" alt="Basagoiti y López" width="215" height="190" />Han querido las urnas que el liderazgo de ese acuerdo y la responsabilidad de gobernar el País Vasco recaiga sobre los hombros del PSE-PSOE que dirige Patxi López. Y han querido también, que el único apoyo indispensable que necesiten para ello, sea el de un Partido Popular del País Vasco liderado por Antonio Basagoiti. Ambos dirigentes y sus partidos han dado muestras de sensatez y discreción; de madurez y generosidad. Estoy convencido de que a ambos les cuesta mucho dar el paso; ambos deben  sentir las reticencias surgidas de los muchos enfrentamientos que han protagonizado ellos y sus formaciones; ambos se verán obligados a renunciar a una parte de sus legítimos objetivos, pero si logran cerrar ese acuerdo y llevarlo a buen fin, ambos habrán entrado en la historia de nuestra democracia y, lo que es más importante, le habrán prestado uno de los mayores servicios que pueda nadie imaginar.</p>
<p>Pero, en esa tarea, no están solos. Detrás de ellos están sus dos formaciones políticas de ámbito nacional al completo. Las dos únicas capaces de conformar gobiernos estables a nivel nacional. Es impensable que se pueda alcanzar un acuerdo de tal trascendencia política sin la implicación directa de la dirección nacional de los dos partidos y el aplauso general de sus bases. Y es precisamente ahí donde pueden empezar los más difíciles problemas… y quizá, las soluciones también.</p>
<p>Todos sabemos que Zapatero y Rajoy, los dos, están detrás de ese pacto. Cada cual, más o menos<img class="alignright size-medium wp-image-643" title="Zapatero y Rajoy" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2009/04/2008021567zaparajoysegunda-283x300.jpg" alt="Zapatero y Rajoy" width="283" height="300" /> obligado por las circunstancias; cada cual, con mayor o menor grado de convencimiento personal, pero lo están. Y lo están, porque es la única posibilidad de conformar una alternativa estable al PNV. Lo están, porque es la única forma de garantizar los muchos objetivos esenciales que comparten ambos partidos, sus bases y, me atrevo a decir, la mayoría de los españoles. Lo están, porque nadie en España hubiera entendido –ni perdonado- que no fueran capaces de alcanzar hoy ese pacto.</p>
<p>Sin embargo, todo pacto tiene un precio, y el precio que puede llegar a pagar cada uno de ellos por alcanzarlo, es muy distinto. Y alguien se sorprenderá al leer lo que sigue a partir de aquí.</p>
<p>Como todos sabemos, el PSOE ha venido gobernando estas dos últimas legislaturas con el apoyo de los nacionalistas, moderados y no moderados, de todos los signos posibles y, desde el &#8220;Pacto del Tinell&#8221;, con la exclusión sistemática del Partido Popular. Por tales apoyos, ha  llegado a hacer concesiones –tanto económicas como políticas- que le hemos criticado desde el Partido Popular con tanta dureza como acierto, a mi modo de ver las cosas. Es de todo punto evidente que, con este pacto, el apoyo del PNV al Gobierno de Zapatero en Madrid desaparece, y es muy posible que el de CiU, el de ERC o el del BNG, también. En cualquier caso y, como mínimo, el precio de esos apoyos se verá incrementado enormemente. Esto, que está sin duda alguna en la mente de los dirigentes socialistas, tiene que estarlo en la nuestra también.</p>
<p>Si es cuestión fundamental para España entera que ese pacto en el País Vasco sea estable y llegue a dar los frutos que todos esperamos, el Partido Popular podría estar “obligado” a garantizar, en determinadas circunstancias, también la estabilidad del Gobierno del PSOE a nivel nacional. Suena extraño, lo sé, pero no sería razonable, desde un punto de vista ético-político que, por hacer en Vitoria algo que nosotros mismos –los populares- les exigimos en aras del bien común, nosotros mismos –los populares- les desestabilizáramos en Madrid, o les empujáramos a endeudarse, aún más, con aquellos nacionalismos que luego criticamos.</p>
<p>Esto no significa, en modo alguno, falta de oposición; ni supone tampoco la obligación de secundar nada de forma mecánica o irracional. Se puede discrepar de forma abierta y profunda, incluso contundente, durante las deliberaciones en la cámara y votar en contra de una propuesta determinada como grupo parlamentario… y al mismo tiempo, se pueden aportar, de forma razonada, los siete votos necesarios para que la fuerza política que ha sido elegida por la mayoría de los españoles, pueda gobernar sin verse sometida al desproporcionado chantaje de una minoría que aprovecha la debilidad de alguno y el desacuerdo de todos. De esta forma, lo que se consigue es que el Gobierno lleve a cabo la misma política que llevaría en cualquier caso, pero sin que nos cueste a los ciudadanos unos cuantos millones de euros más por el apoyo de los nacionalistas que no tienen en cuenta el interés común de todos los españoles en su conjunto.</p>
<p><img class="alignleft size-medium wp-image-644" title="Mi padre con Carrillo" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2009/04/sabadosantorojo12-efe-287x300.jpg" alt="Mi padre con Carrillo" width="287" height="300" />No sería esta, ni mucho menos, la primera vez que un partido “presta” a un gobierno de otro color, tan solo aquellos votos estrictamente necesarios para garantizarle su estabilidad. Les aseguro que hay numerosos testimonios de casos así que tuvieron lugar durante los primeros años de nuestra democracia; aunque entonces, bien es cierto, se hacía de forma más discreta. Quedarían, en todo caso, fuera de ese “pacto” aquellos temas que, como el aborto, fueran cuestión de conciencia o afectasen a asuntos de estado que, por su importancia, hicieran necesario un acuerdo de fondo entre ambos partidos.</p>
<p>Una actuación de este tipo, no solo es correcta desde un punto de vista ético, es una forma práctica de demostrar a quien lo dude que el pacto de la Transición no fue un sueño, ni fruto de la desmemoria. Es la mejor forma de hacer ver que sigue vivo y que su espíritu, como entonces, es el único capaz de hacernos avanzar cuando la tribulación se cierne sobre nosotros. Ni que decir tiene que el PSOE debería corresponder, primero, con la misma altura de miras y generosidad que recibe; y, segundo, cumpliendo lo que se espera de él en Vitoria.</p>
<p>Llevamos mucho tiempo hablando de la necesidad de alcanzar pactos estables entre las grandes fuerzas políticas de ámbito nacional en torno a los temas de Estado como son la justicia, la educación, la lucha contra el terrorismo o, en estos momentos, recordando los “Pactos de la Moncloa”, la salida de la crisis económica. Desgraciadamente, nadie renuncia a nada cuando lo tiene al alcance de la mano. Pero la realidad es tozuda: siempre es alguien concreto quien debe dar un primer paso para romper la profunda desconfianza existente; siempre es alguien concreto quien debe tener la audacia necesaria para arriesgar todo su capital político en busca de un entendimiento muy difícil de conseguir; siempre es alguien concreto quien ha de sentar el ejemplo. Sinceramente, no se me ocurre mejor oportunidad que esta para que la iniciativa la tome un partido en la oposición. Ha llegado la hora de la audacia…y de la grandeza también. Una audacia y una grandeza exigibles también al Gobierno. ¿La tendrá?</p>
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		<title>Leopoldo Calvo-Sotelo</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Feb 2009 15:58:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adolfo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuenta y Razón]]></category>
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		<description><![CDATA[Homenaje al Presidente Calvo-Sotelo en Cuenta y Razón Se me pide desde esta prestigiosísima revista que edita la fundación creada por uno de los mejores amigos de mi padre, que le “sustituya”, por razones de todos conocidas, en la tarea de rendir cumplido homenaje al recientemente desaparecido Leopoldo Calvo-Sotelo. A la vista de la enorme [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>Homenaje al Presidente Calvo-Sotelo en Cuenta y Razón</strong></em></p>
<p><em><strong></strong></em></p>
<p>Se me pide desde esta prestigiosísima revista que edita la fundación creada por uno de los mejores amigos de mi padre, que le “sustituya”, por razones de todos conocidas, en la tarea de rendir cumplido homenaje al recientemente desaparecido Leopoldo Calvo-Sotelo.</p>
<p>A la vista de la enorme diferencia entre “sustituto” y “sustituido”, no puedo aceptar semejante encargo, pero tampoco puedo dejar en blanco las páginas de elogio tan merecidamente ganadas que se brindan a Suárez. Permítanme, por tanto, esta breve incursión con la sola intención de acompañar, en nombre de la Familia Suárez, a todos los que se han sumado a esta iniciativa.</p>
<p>Quizá lo más importante para mi hoy, sea el resaltar la profunda amistad que unió a estos dos grandes personajes. Una amistad entre dos personas diametralmente opuestas, pero que se fundamentó en un profundo respeto mutuo y que se consolidó, cómo no, a través la superación de las múltiples discrepancias que fueron surgiendo a lo largo del camino que juntos recorrieron. Todo ello desembocó en un enorme cariño del que fui testigo de excepción en los últimos años. Si me permiten la broma, les diré que una de las cosas que más les unió siempre fue la profunda antipatía que ambos sintieron por un tormento que sufrieron en común: Giscard d´Esteing. Ex presidente francés de infausto recuerdo para todos los españoles.</p>
<p>En lo que toca a la labor conjunta, debo decir que mi padre siempre encontró en Leopoldo un leal colaborador. Un colaborador que enriqueció el debate con un criterio personal, defendido con tanta firmeza como brillantez. Por ello, y por otras muchas razones que la discreción debida me invita a callar, Leopoldo merece ser recordado por todos los españoles como uno de esos hombres que, dirigidos por Su Majestad El Rey, devolvieron la soberanía al pueblo español, abriendo el periodo más largo de paz y prosperidad de toda nuestra historia.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-443" title="Suarez-Leopoldo" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2009/02/suarez-leopoldo.jpg" alt="Suarez-Leopoldo" width="400" height="265" /><em>Mi padre aplaude a Leopoldo tras su elección en febrero de 1981</em></p>
<p>Ya como presidente del gobierno, le tocó vivir un tiempo especialmente convulso, marcado por un golpe de Estado perpetrado durante la votación de su investidura. Pese a ello, siempre dejó constancia de su prudencia y sentido común. De su mano llegó  España a la integración en la Alizanza Atlántica. Una integración a la que se oponía mi padre, por entender que debía ser el “arma de presión” para lograr nuestra previa incorporación a la CEE, a la que se oponían países como Francia. Hoy, es justo reconocer que logró esa integración y puso las sólidas bases para que, tres años después, se pudiera firmar el Tratado de Adhesión a la CEE.</p>
<p>He sido objeto de críticas por decir que Leopoldo ha sido, sin duda, el presidente del Gobierno de mayor talla intelectual de nuestra reciente democracia. Quiero hoy reafirmarme en lo dicho. En nada ofendo a mi padre al señalar la superioridad de Leopoldo en este campo. Cada una de las personas que han tenido el honor de presidir los sucesivos Gobiernos democráticos de España desde 1978, poseen una característica que les hace sobresalir y marca su personalidad. En el caso de Leopoldo Calvo-Sotelo esa cualidad era, sin duda, su altísima capacidad y preparación intelectual.</p>
<p>Tal capacidad se ponía de manifiesto en todas sus apariciones públicas y brillaba con especial intensidad en los debates parlamentarios, donde se reveló como uno de los mejores parlamentarios que han intervenido en la Carrera de San Jerónimo.</p>
<p>También se hacía presente esa inteligencia, cómo no, a la hora del humor –no en vano quizá sea ese el reino más propicio para la inteligencia serena-. Su fina ironía inundó el hemiciclo constantemente, donde, amarrándola bien al respeto, firmó sentencias que todavía hoy se recuerdan, como aquel famoso “convencido… pero nada convincente”.</p>
<p>He tenido, a lo largo de estos años, la oportunidad de disfrutar, junto a su querida Pilar, de muchos momentos de charla. He llegado a ser el blanco de esa fina y afilada ironía cuando he discrepado con él -divertidísimamente, por cierto- acerca de mi desbordante pasión por el campo, en nada compartida por él.</p>
<p>Pero si grande fue el político, su verdadera grandeza residía en el hombre. Se ganó –no sin cierto merecimiento- fama de hombre frío y distante. Pero…¡qué lejos de la realidad se encuentra la apariencia! He sido testigo del dolor de dieciocho nietos por la muerte de un abuelo que vivía entregado a ellos y a toda su gran familia. Esa fue, sin duda, la mayor de sus obras.</p>
<p>Este indigno sustituto, no debe alargarse más, por ello, en mi nombre y en el de toda la familia Suárez, dejo constancia de mi admiración y respeto hacía la figura de Leopoldo Calvo-Sotelo, me sumo a este merecido homenaje y, desde una misma Fe compartida, le deseo la paz y la vida eterna que siempre esperó, y me permito pedirle a él que, desde ese Cielo que a buen seguro habita ya, siga siendo el leal servidor que siempre fue del interés común de todos los españoles.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-444" title="suarez-y-cavo-sotelo1" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2009/02/suarez-y-cavo-sotelo1.jpg" alt="suarez-y-cavo-sotelo1" width="531" height="367" /><em>En el último desfile de las Fuerzas Armadas&#8230; juntos. 2003<br />
</em></p>
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		<title>La Concordia Fue Posible</title>
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		<pubDate>Mon, 17 Dec 2007 15:00:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adolfo</dc:creator>
				<category><![CDATA[El Mundo]]></category>
		<category><![CDATA[Política General]]></category>
		<category><![CDATA[Terrorismo]]></category>
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		<description><![CDATA[Artículo publicado en El Mundo en diciembre del 2007 Ando estos últimos días atareado en el repaso de algunos discursos de mi padre. Es curiosa la sensación de frescura que transmiten y la enorme nostalgia que despiertan. Yo fui uno de los que el otro día acudió de buena fe a la concentración “por la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>Artículo publicado en El Mundo en diciembre del 2007<br />
</strong></em></p>
<p>Ando estos últimos días atareado en el repaso de algunos discursos de mi padre. Es curiosa la sensación de frescura que transmiten y la enorme nostalgia que despiertan.</p>
<p>Yo fui uno de los que el otro día acudió de buena fe a la concentración “por la libertad y por la derrota del terrorismo” en la Puerta de Alcalá. Fue francamente triste, tanto desde el punto de vista de participación, como desde el punto de vista litúrgico. Es cierto que era un acto doloroso, había un muerto reciente; pero no es menos cierto que no hay mejor consuelo para las víctimas que la esperanza, que la ilusión por alcanzar una meta común y hacerles sentir que el sacrificio no ha sido inútil. Desgraciadamente los políticos –y me meto en un saco en el que no tengo hoy responsabilidad alguna- no fuimos capaces, una vez más, de transmitir esa esperanza, ni de generar esa ilusión. Otro asistente, mejor intencionado que yo –todavía- me dijo que era lo máximo a lo que se podía llegar, de momento. Yo creo que sólo es posible aquello que de verdad se quiere.</p>
<p>Entre los discursos de mi padre de los que les hablaba al comienzo, tras la concentración, me vino a la cabeza uno relativamente reciente. El que pronunció al recibir el premio Príncipe de Asturias de la Concordia.</p>
<p>En un momento dado dijo: “La lucha política, la controversia, el debate, el disentimiento, el conflicto no constituyen una patología social… reflejan la vitalidad de una sociedad”. A esto hay que añadir que siempre y cuando no dañen la raíz propia de la convivencia. El artífice del mayor acto de concordia de toda nuestra historia señala que ese consenso que la posibilita, se debe ceñir a muy pocas cosas. “Tal vez solamente a una: la voluntad firme y profunda de convivir en libertad. Y eso, más que una idea, es a veces una creencia… Ortega señalaba que a las ideas las sostenemos nosotros, pero las creencias nos sostienen a nosotros”.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-456" title="Suárez recibe el premio" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2007/12/ppeasturias.jpg" alt="Suárez recibe el premio" width="770" height="458" /><em>Mi padre entrando al teatro Campoamor en 1996</em></p>
<p>Debemos creer firmemente en nuestra convivencia en libertad, y nada afecta más a esa convivencia en libertad que la violencia asesina y chantajista del terrorismo etarra. Por tanto, nada es tan necesario como el consenso en torno a su lucha. Para alcanzarlo –de nuevo- es absolutamente necesario reconocer las culpas de cada uno y estar dispuesto a recomponer la situación.</p>
<p>Es cierto que el Gobierno legítimo de la Nación, el que dirige la política antiterrorista, hizo un arriesgadísima apuesta por una negociación política con los asesinos en la creencia de poder conseguir lo que otros no consiguieron y con la esperanza, nunca disimulada, de desterrar a la oposición. He sido el primero en defender el derecho de todo el mundo a equivocarse –aunque el Presidente del Gobierno debiera ser capaz de escarmentar en cabeza ajena-, pero cuando uno se equivoca, tiene la obligación de aceptarlo y rectificar. También debe asumir las responsabilidades derivadas de su equivocación. La negociación ha sido un absoluto fracaso y, si bien es cierto que hoy no es el momento de exigir responsabilidades políticas, si lo es el de exigir una rectificación profunda. No puede el Presidente mantener la puerta abierta a la negociación. La responsabilidad de la falta de consenso es, en gran medida, suya. Si él echó de menos ser llamado a Moncloa tras los atentados del 11-M, recibir mejor información y tener una mayor participación en la respuesta que se daba –y estoy de acuerdo con él en esto- hoy somos muchos los que echamos de menos esa misma generosidad y grandeza para superar las heridas del partidismo y enfrentar a los terroristas desde el acuerdo y la unidad. No puede, ni debe ser, prisionero de sus errores.</p>
<p>Eché de menos también a la AVT. Lo digo desde el profundo cariño y respeto. He participado en casi todas sus convocatorias y lo seguiré haciendo. Creo que tiene todo el derecho a sentirse ofendida por las palabras y los hechos de algunos políticos y lo respeto; pero, si han sido capaces –como bien han demostrado- de no aceptar la venganza y mantener la fe en la justicia, deben ser también capaces de sobreponerse a las descalificaciones oportunistas de los políticos y hacer gala, una vez más, de su generosidad, entereza y altura de miras. No deben darle oportunidad alguna de crítica a ningún político desorientado.</p>
<p>Es cierto que el PP ha utilizado el terrorismo para hacer oposición, pero nadie puede exigirle que, cuando se le excluye intencionadamente de una determinada acción política –en este caso la lucha antiterrorista- con la que está en profundo desacuerdo, haga palmas o mire para otro lado. Sería una profunda dejación de funciones que le convertiría en co-responsable de las consecuencias. Sin embargo, creo que ha fallado el partido en la concentración del otro día. Eché en falta una movilización masiva de sus dirigentes regionales y un compromiso profundo de los nacionales desde el mismo minuto en que se consensuó el lema. También hay que reconocer que sobraron los insultos, por pocos y aislados que fueran, cada uno de ellos es muestra de una falta de grandeza hacia la que debemos orientar todos nuestros pasos en este asunto.</p>
<p>Me hubiera gustado ver al Presidente de mi partido y al Presidente del Gobierno darse la mano en el estrado y ser capaces de decirle a una nación, que lo está esperando desde hace mucho, que se ha acabado el tiempo de hablar y ha llegado el tiempo de derrotar a los asesinos y hacerles ver que, gobierne quien gobierne, solo tienen un destino, uno sólo: la cárcel.</p>
<p>Decía mi padre ante Su Alteza el Príncipe de Asturias que, “en algún momento, he llegado a pensar que fui víctima política de la práctica de la Concordia. Pero si así fue, me enorgullezco de ello”.</p>
<p>Hoy más que nunca, es necesaria una generosidad de ese tipo que rompa el círculo de la discordia que separa y aprisiona a los demócratas.</p>
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		<title>Por sus obras los conoceréis</title>
		<link>http://adolfosuarezillana.com/2007/05/11/carta-al-presidente-del-gobierno/</link>
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		<pubDate>Fri, 11 May 2007 16:49:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adolfo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cartas al Presidente]]></category>
		<category><![CDATA[Ética]]></category>
		<category><![CDATA[Política General]]></category>
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		<description><![CDATA[Carta al Presidente del Gobierno Hay un tiempo en el que todo hombre tiene derecho a un cierto crédito sin necesidad de  otro aval que el de su propia palabra. Sólo cuando la quiebra, tienen los demás derecho a retirarle ese crédito. Señor Presidente, ¿sigue teniendo usted derecho a tal crédito? O, mejor dicho, ¿tenemos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;">
<p style="text-align: left;">Carta al Presidente del Gobierno</p>
<p>Hay un tiempo en el que todo hombre tiene derecho a un cierto crédito sin necesidad de  otro aval que el de su propia palabra. Sólo cuando la quiebra, tienen los demás derecho a retirarle ese crédito.</p>
<p>Señor Presidente, ¿sigue teniendo usted derecho a tal crédito? O, mejor dicho, ¿tenemos los españoles derecho a retirarle ese crédito?</p>
<p>Por no ser exhaustivo, ni cansino –palabra esta muy manchega-, le invito a que repasemos algunos temas recientes en los que usted ha empeñado su palabra: se ha declarado feminista convencido y se ha comprometido a favorecer la presencia de las mujeres en la vida pública; se ha comprometido a luchar contra la corrupción y a limpiar sus listas; ha dicho que es esencial que el gobierno no intervenga en negocios privados; y nos ha dicho –eso si, con oscuros circunloquios- que Batasuna no estaría en las elecciones del 27 de mayo.</p>
<p style="text-align: left;">
<p><img class="size-full wp-image-630 aligncenter" title="Chicas de Garachico" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2009/03/20070507120806-listaelectoralgarachico1-19abr07.jpg" alt="Chicas de Garachico" width="425" height="301" /></p>
<p style="text-align: center;"><em>Las chicas de Garachico</em></p>
<p style="text-align: left;">
<p style="text-align: left;">Curioso feminista es el que le prohíbe presentarse a las elecciones a una mujer. No sé cómo calificar al que se lo prohíbe a dieciséis. Eso es precisamente lo que ha hecho usted con su absurda ley de paridad. Y se lo digo con todo el respeto debido. Gracias a usted y a su ley, dieciséis mujeres valientes que han sufrido desde el despido en el octavo mes de embarazo, hasta las amenazas personales, no podrán presentarse a las elecciones en la maravillosa villa de Garachico. En esta ocasión no ha sido el &#8220;<em>Teide Gigante</em>&#8221; el que le ha robado parte de su ser. Ha sido un político el que le ha arrebatado a sus mujeres el legítimo derecho a presentarse a unas elecciones; a ser alcaldesa o concejal, con el permiso de sus convecinos. Y lo ha hecho en contra de la palabra dada.</p>
<p><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-632" title="Miguel Sebastian" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2009/03/miguel-sebastian1-150x150.jpg" alt="Miguel Sebastian" width="150" height="150" />Curiosa también es esa lucha que mantiene contra la corrupción. Mientras una parte de usted, la más retórica y contundente, se dedica a las grandes palabras contra aquellos que usan el poder para enriquecerse o urdir venganzas personales desde un cargo público, otra parte de su mismo ser, sostiene en su puesto como candidato a la alcaldía de Madrid a un hombre acusado de esos mismos delitos por un alto cargo de su administración que está dispuesto –aunque sea evidente- a probarlo ante los tribunales. Cuando todavía resuena su grandilocuencia en el ambiente, nos sorprende mirando para otro lado mientras, desde su propio partido, se destapan casos de corrupción como el de Ibiza, en el que se implica en el cobro de comisiones ilegales hasta el mismísimo número dos de su partido.</p>
<p>No deja de ser… curioso su reciente empeño en proclamar que todo gobierno debe mantenerse al margen de la vida y avatares de las empresas privadas. Curioso… cuanto menos. Yo no puedo estar más de acuerdo con usted en esas afirmaciones, pero… ¿dónde estaba esa convicción cuando desde su entorno más próximo se acorralaba sin piedad ni tino a Francisco González? ¿Dónde estaban esas convicciones cuando desde su entorno más próximo se favorecía la toma de control del BBVA? ¿Dónde estaban esas convicciones cuando desde su entorno más próximo se acosaba una y otra vez a Manuel Pizarro? ¿Dónde estaban esas convicciones cuando desde su entorno más próximo y todos los sitios posibles se favorecía la OPA de Gas Natural sobre Endesa o se torpedeaba la de E.On? ¿Dónde estaban esas convicciones cuando desde su entorno más próximo se ha favorecido en esa pelea por una empresa privada a Enel y Acciona?  O son curiosas sus convicciones liberales o no son tan profundas sus convicciones.</p>
<p>En cuanto al tema de las listas de los “ETA-Batasunos”  y del miserable asesino que se pasea por <img class="alignright size-thumbnail wp-image-633" title="PCTV" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2009/03/recorte-150x150.jpg" alt="PCTV" width="150" height="150" />San Sebastián no me voy a permitir la más mínima broma. Por duro y contundente que haya sido, nunca le he faltado al respeto, ni lo voy a hacer. Pero dentro del respeto debido le digo que no se me ocurre mayor cobardía que servirse de la ley para evitar que la propia ley se cumpla. No se me ocurre mayor indignidad que escudarse en la ley para que un asesino pueda pasear libremente frente a sus víctimas. No se me ocurre mayor delito contra la democracia que escudarse en la ley para que quien la combate con las armas, pueda aprovecharse de ella con los votos. No es la Ley la que permite tales cosas. Quien lo permite es el Gobierno… y algunos jueces.</p>
<p>Señor Presidente, creo que los españoles tenemos todo el derecho del mundo a retirarle el beneficio de la confianza en sus palabras. La mayor parte de nosotros podemos estar de acuerdo con muchas de las cosas que dice, pero la distancia que media entre lo que dice y lo que hace es demasiado grande. “Hay un tiempo para hablar y otro para hacer… y hoy ha llegado el momento de hacer…” ¿Se acuerda?</p>
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		<title>Prólogo a &#8220;Pasión por la Libertad&#8221; de Federico Quevedo</title>
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		<pubDate>Sat, 03 Mar 2007 09:15:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adolfo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En 2007 Federico Quevedo escribe un libro, con mi total colaboración, sobre el pensamiento político de Adolfo Suárez González. Además de recomendarles su lectura completa, les ofrezco el prólogo del mismo. No he de callar, por más que con el dedo, ya tocando la boca, o ya la frente, silencio avises o amenaces miedo. ¿No [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><strong><em>En 2007 Federico Quevedo escribe un libro, con mi total colaboración, sobre el pensamiento político de Adolfo Suárez González. Además de recomendarles su lectura completa, les ofrezco el prólogo del mismo.</em></strong></p>
<p style="text-align: left;">
<p style="text-align: center;"><em>No he de callar, por más que con el dedo,<br />
ya tocando la boca, o ya la frente,<br />
silencio avises o amenaces miedo.<br />
¿No ha de haber un espíritu valiente?<br />
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?<br />
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?<br />
Hoy sin miedo que libre escandalice<br />
puede hablar el ingenio, asegurado<br />
de que mayor poder le atemorice&#8230;<br />
En otros siglos pudo ser pecado<br />
severo estudio y la verdad desnuda,<br />
y romper el silencio el bien hablado.<br />
Pues sepa quien lo niega y quien lo duda<br />
que es la lengua la verdad de Dios severo<br />
y la lengua de Dios nunca fue muda.</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>(Francisco de Quevedo)</em></p>
<p style="text-align: left;"><em><br />
</em></p>
<p style="text-align: left;"><em><strong>Prólogo</strong></em></p>
<p>Es mi obligación dejar las cosas bien claras desde un principio, aún a riesgo de enfadar al editor: <em><strong>estas no son las memorias de Adolfo Suárez González, ni tienen las páginas siguientes nada que ver con ellas</strong></em>. Me dejó muy claras instrucciones a ese respecto y las voy a cumplir. Es más, en buena parte, el cumplimiento de esa promesa que le hice, motiva este libro. En él, no se tratan “<em>las historias, los entresijos o cuchicheos</em>” de la Transición, aunque espero ayuden a guardar buena memoria de todo ese proceso y del que considero uno de los más grandes políticos de todos los tiempos. Por el contrario, se rehúye entrar en el devenir de los acontecimientos y la participación en los mismos de sus actores para centrarse, nunca mejor dicho, en las interioridades del pensamiento político de su principal protagonista a través de sus propias palabras que, vistas con la perspectiva de los años transcurridos, cobran una especialísima dimensión. Bien es cierto que, a su través, es más fácil entender algunos de los acontecimientos que tuvieron lugar y los motivos que los originaron.</p>
<p>Pero insisto, el motivo de este libro no es la explicación de los hechos, sino dar cuerpo al pensamiento político que impulsó toda aquella ingente obra y que ha sido resumido en una palabra: <em><strong>centrismo</strong></em>.</p>
<p>El centrismo no es simplemente una palabra bonita, o un atractivo caladero de votos moderados, o un determinado modo de comportamiento en la vida pública. Por encima de todo ello, el centro constituye un planteamiento político con una carga ideológica claramente definida. En este libro se intenta plasmar ese contenido ideológico del centrismo recorriendo un camino muy particular: escudriñar minuciosamente los artículos, discursos, conferencias, programas y demás testimonios que nos ha dejado  su más importante y representativo baluarte.</p>
<p>Este “<em>chusquero</em>” de la política, como a él orgullosamente le ha gustado siempre definirse, se forjó a sí mismo, lo que le ha valido no pocas críticas, cuando no desprecios, de algunos sectores&#8230; Con pocas –aunque siempre importantes- ayudas, transitó un camino que le llevó desde la estación de Atocha, donde acarreaba maletas, hasta el Palacio de La Moncloa, desde donde pilotó, junto a Su Majestad el Rey, un proceso que, diseñado por ambos años antes, constituye un hito histórico, único y modélico de transición política de un régimen dictatorial a un estado social y democrático de derecho bajo la forma de una moderna monarquía parlamentaria. Permítanme tomar prestadas las palabras de ese Machado que tanto admiraba para decirles que, haciendo uso de una admirable capacidad de anticipación y persuasión, fue haciendo camino al andar, y así construyó, poco a poco, con la fuerza de la convicción, todo un tratado de liberalismo desde su íntima formación humanista cristiana y desde el más profundo respeto a la libertad individual. El lo definió como “<em><strong>centro reformista</strong></em>”.</p>
<p><img class="size-medium wp-image-529 alignright" title="Pasión por la Libertad" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2009/03/aportada-202x300.jpg" alt="Pasión por la Libertad" width="202" height="300" /></p>
<p>Hago referencia a su formación en el humanismo cristiano porque, de otro modo, es imposible entender la obra de Adolfo Suárez González. Ha sido siempre un hombre fiel a sus profundas raíces cristianas, manteniendo la unidad de vida. Frente al relativismo moral hoy imperante, él siempre defendió la necesidad de concordancia entre los hechos y las creencias, entre lo que se dice y lo que se hace, especialmente en la vida pública. Frente a las corrientes que hoy invitan a dejar a un lado las creencias a la hora de abordar los asuntos públicos, Adolfo Suárez González mantuvo siempre la necesidad de defender las propias convicciones desde el profundo respeto a los demás. Quien obra renunciando a sus propias convicciones, está dejándose imponer, de entrada, las convicciones de los demás. Y una cosa es ser respetuoso con los demás y no imponer tus creencias y otra, muy distinta, renunciar a la esencia de uno mismo, al orgullo legítimo de una forma de pensar y ser; al derecho a construir y expresar tu discurso con absoluta libertad y con el legítimo fin de ejercer tu propia influencia en la sociedad a la que perteneces. En este sentido, es especialmente importante uno de los textos que en este libro se estudian y que, siendo relativamente reciente, recoge de forma muy precisa su pensamiento en lo que se refiere a la relación entre ética y política, puesto en obra mucho antes. Me estoy refiriendo a la conferencia que pronunció en la Academia General Militar de Zaragoza el 21 de mayo de 1996. Les recomiendo vivamente su lectura.</p>
<p>Para él, toda la acción política está dirigida a un objetivo: el individuo. Concibe el Estado como garante de las libertades individuales, no como controlador. Por ello son los mismos individuos quienes, a través del Estado, garantizan a cada miembro unas mínimas oportunidades sobre las que, cada uno, con su esfuerzo y su valía personal debe construir su futuro. Esto es, la sociedad de mérito frente al igualitarismo colectivista.</p>
<p>Ese centro-reformista, en su concepción integral y profunda y a cuya construcción se dedicó en cuerpo y alma durante toda su actividad política, es lo que inspira el llamado “<em><strong>Espíritu de la Transición</strong></em>” que, aunando aportaciones, voluntades y esfuerzos de todo el entramado social y político de la época, acaba por proporcionarnos la etapa de mayor progreso social, económico y político de toda nuestra historia como nación. Desde esta óptica, se entiende el “<em>enfado</em>” de Adolfo Suárez con la izquierda que pretende apropiarse del término “<em>progresismo</em>” y que le lleva a decir que “<em>la izquierda no detenta, como pretende, el monopolio de la definición del progresismo. No creo que el socialismo tenga, con carácter general y en la España de nuestros días en particular, capacidad o autoridad moral para proclamar en exclusiva lo que es progresismo y lo que no lo es… La experiencia histórica más reciente pone así de manifiesto que el auténtico progresismo solo puede definirse razonablemente como desarrollo de los principios y valores que vertebran las sociedades democráticas y pluralistas</em>”.</p>
<p>No sería completa esta introducción sin mención expresa al principal instrumento de Suárez: <em><strong>el consenso</strong></em>. Es evidente que un Gobierno es elegido por la mayoría para gobernar siguiendo el programa que defendió ante las urnas. Sin embargo, ello no está en contradicción con dos principios básicos sobre los que incide continuamente Suárez: el respeto a las minorías y la necesidad de acordar conjuntamente las políticas esenciales del país, entre ellas, las reglas del juego. Esos fueron los ejes fundamentales del consenso en la Transición y hemos de reconocer que fueron de una eficacia extraordinaria.</p>
<p>En no pocas ocasiones se hace referencia a la imperfección de nuestra Carta Magna y a sus enormes lagunas. La pregunta surge de modo inmediato: ¿Por qué un instrumento “<em>tan imperfecto</em>” ha resultado tan eficaz? En primer lugar porque tiene su origen en la necesidad común y no en la exigencia. El punto inicial de partida de todo aquel proceso fue la necesidad de un pueblo de abrirse a la libertad, a la concordia y al progreso tras cuarenta años de dictadura y división en un país que no acababa de superar las viejas heridas. España entera demandaba a gritos las reformas y hubo una clase política que supo conectar con su pueblo para impulsar esas reformas: ¿recuerdan aquel famoso discurso de “<em><strong>elevar a nivel político de normal lo que a nivel de calle es simplemente normal</strong></em>”? Nunca antes en nuestra historia una clase política al completo había entendido mejor la necesidad de sus conciudadanos. Nunca antes en nuestra historia un Rey había entendido mejor el deseo de su pueblo. En segundo lugar, porque la Constitución del 78 no nació con vocación de perfección técnica en ningún aspecto, ni podía acabar siendo el resultado de la imposición de unos sobre otros; simplemente debía ser el marco de convivencia estable y pacífica entre todos los españoles. Por primera vez en su historia, España entera se daba a sí misma una Constitución de Concordia. Se ponía punto final a la larga historia de desencuentros entre españoles a través de la reconciliación. No hubo desmemoria, sino todo lo contrario. La viva imagen de los horrores cometidos por todos fue lo que hizo posible esa reconciliación renunciando todos al origen común de todas nuestras disputas: <em><strong>la imposición</strong></em>.</p>
<p>Para aquellos que puedan pensar que en esta obra no se reconocen los méritos legítimos de muchas personas sin las cuales hubiera sido imposible la Transición, debo decirles que estoy en absoluto acuerdo con ellos y sirvan estas líneas a tal fin, pero deben comprender que no se tratan aquí los “<em>hechos y protagonistas</em>” del momento, sino la herencia que, desde el punto de vista del pensamiento político, nos deja Adolfo Suárez González. Si me lo permiten, citaré una vez más a nuestro protagonista, cuando habla de lo que debe exigirse a un político en nuestros días, sus palabras pueden ser tremendamente reveladoras en este punto: “<em>…Su acierto no depende tanto de las grandes hazañas que lleve a cabo personalmente, sino de su capacidad para crear un cuadro de condiciones de convivencia libre y pacífica en el que todos los ciudadanos y todos los grupos puedan desarrollar sus energías y potencialidades y realizar su vida desde sus propias convicciones y en el respeto a las convicciones de los demás</em>”. Esta es la verdadera herencia de Suárez. Lo importante de Suárez, no es lo que hizo, con ser mucho, sino cómo lo hizo. Si atendemos a lo que él mismo nos ha venido reiterando desde aquel angustioso “<em>no quiero que la democracia sea un paréntesis en la vida de los españoles</em>”, hasta las palabras citadas unas líneas antes, queda claro que lo importante no es la obra –mucho menos los chismes-, que como toda reforma, en constante adaptación a la sociedad a la que pertenece, debe ser base de la siguiente; sino la forma en que se acuerdan  y acometen esas reformas. Ese es el verdadero legado de Suárez, su herencia. Ahí reside la intención y la importancia de este libro.</p>
<p>Quiero expresar también mi más profundo agradecimiento a Federico Quevedo por su abnegación en este trabajo que ha trascendido, con mucho, los límites de lo profesional.</p>
<p>No quiero ser muy extenso en este prólogo y les invito a sumergirse ya en las profundidades del libro, pero permítanme terminar no con mis palabras, sino con las que su verdadero inspirador, escribió con ocasión de XXV Aniversario de la coronación del S.M. El Rey, Don Juan Carlos I, y que suponen, de hecho, la última de sus referencias a la Transición y, en cierto modo, su testamento político. En ellas hay una perenne llamada a tener presentes los valores que la hicieron posible:</p>
<p>“<em>El Estado social y democrático de Derecho es una creación de la razón y una construcción de la voluntad que entre todos, día a día, hay que arraigar y perfeccionar. Es el único camino para lograr la libertad, la igualdad, la justicia y la solidaridad, y para conseguir que los sentimientos y los intereses legítimos de todos los sectores del pueblo alcancen plena y armoniosa satisfacción.</em></p>
<p><em>Ese camino –decía- es el que los españoles hemos iniciado en la Transición. Ese camino y el impulso de la libertad y justicia que nos hizo andar, es el que podemos mostrar a quienes puedan encontrarse hoy en una situación parecida a la que nosotros teníamos hace veinticinco años, porque de ese camino y de ese impulso, con todos los errores propios de toda obra política y humana, podemos sentirnos –con toda humildad- legítimamente orgullosos</em>”.</p>
<p>Adolfo Suárez Illana<br />
Madrid, febrero de 2007</p>
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		<title>Yo Disiento</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Oct 2006 15:43:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adolfo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Carta al Presidente Zapatero publicada en El Mundo Señor Presidente, hay últimamente mucha gente de buena fe y esperanzada que está deseosa de creer en usted; yo, simplemente, disiento. No le puedo creer y me gustaría. Pero permítame decirle, con todo respeto, por qué. Acaba usted de hacer lo que muchos, yo entre ellos,  le [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>Carta al Presidente Zapatero publicada en El Mundo</strong></em></p>
<p><em><strong></strong></em></p>
<p>Señor Presidente, hay últimamente mucha gente de buena fe y esperanzada que está deseosa de creer en usted; yo, simplemente, disiento. No le puedo creer y me gustaría. Pero permítame decirle, con todo respeto, por qué.</p>
<p>Acaba usted de hacer lo que muchos, yo entre ellos,  le habían aconsejado no debía <img class="alignright size-medium wp-image-558" title="Congreso aprueba la Constitución" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2006/10/11-300x180.jpg" alt="Congreso aprueba la Constitución" width="300" height="180" />hacer: aprobar el Estatuto de Autonomía de Cataluña con una exigua mayoría. Todo lo que ha conseguido reunir en torno a su proyecto ha sido un 54% del Congreso de los Diputados, lo que marca una clara diferencia con el anterior. Una vez más en nuestra historia –recuerde la Constitución del 31-, una mitad de España impone leyes fundamentales a la otra media, lo que marca una clara diferencia con el Suárez que dice usted admirar. Pero hay más, es que esa “mayoría” no incluye, siquiera, a todos los partidos catalanes que han promovido la reforma y que le han venido apoyando –con mucha chulería, bien es cierto- hasta ahora. Lo consiguió a última hora, en una extraña maniobra que dejaba fuera a su socio de gobierno –ERC- y de espaldas a su antiguo valedor, amigo y compañero, Pascual Maragall, quien sospecha a estas alturas que, además, ha pactado entregar su cabeza a Arturo Mas.</p>
<p>Cada vez se ve más claro que lo suyo no es debilidad parlamentaria sino una obsesión. Una obsesión que, sabedor de su falta de respaldo popular para llevarla a cabo por los cauces establecidos en la Constitución de 1978, intenta imponerla por la puerta de atrás.</p>
<p>Cuantos más testimonios recabo –de profesores, compañeros y los pocos alumnos que usted tuvo &#8211; y más leo y releo la extraordinaria entrevista que le hizo el director de El MUNDO hace unos días, más claro queda su espíritu autoritario, su carácter incierto y su ya confesa obsesión por la II República. Esto no tendría mucha importancia si no fuera porque con su autoritarismo nos está intentando imponer un modelo de estado sin que lo podamos votar todos los españoles y porque nos está ocultando la verdad de la negociación con E.T.A..</p>
<p>La II República, de infausto recuerdo para la gran mayoría de los españoles que saben algo de ella –muy pocos, por cierto-, ha quedado atrás no sólo por el paso del tiempo, sino por el voto de los españoles que en el año 1978 se dieron una Constitución y un modelo de Estado que nos ha proporcionado los mejores años de nuestra historia en todos los aspectos. Me parece legítimo que usted defienda el caduco y caótico modelo de 1931 –y cuando quiera lo comparamos, en frutos, con el de 1978-, pero si quiere hacer cambios en el modelo actual, haga su propuesta de forma clara y trate de convencer, sabiendo que es a los españoles, a todos, a quienes nos toca decidir.</p>
<p>El nuevo estatuto de Cataluña ha abierto un camino del que no tardará en arrepentirse el partido que usted dirige. No sólo porque sea intervencionista hasta el extremo, que lo es; o por ser un simple reparto de poder y dinero entre algunos dirigentes políticos sin beneficios prácticos para los ciudadanos, que lo es; o porque sustituya a otro aprobado con el consenso de todos, que también es verdad; sino porque la gente, percibe que es la primera parte de los pagos que piensa hacer a E.T.A. para que dejen de matar. Esta percepción es algo más desde el momento en que Carod-Rovira lo confiesa más o menos abiertamente.</p>
<p><img class="alignleft size-medium wp-image-559" title="lopez_otegi" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2006/10/lopez_otegi-300x187.jpg" alt="lopez_otegi" width="300" height="187" />Nos dijo, con toda solemnidad, en las Cortes que ni estaba, ni había estado hablando con E.T.A. y estando en la oposición firmó un pacto con el Gobierno de entonces por el que se comprometía a no tener tales contactos. Hoy en día sabemos que “lleva muchos años hablando” con los terroristas. Las preguntas surgen inmediatamente: ¿Cuántos años lleva hablando? ¿Habían asesinado ya a Fernando Buesa cuando empezó? ¿Y a Pagazaurtundúa? ¿No, verdad? ¿Qué sintió cuando los asesinaron? ¿Qué pensaba mientras le daba el pésame a los familiares? ¿Considera que fueron aquellos… “accidentes”? Lo que resulta claro es que lleva usted muchos años ocultando la verdad al pueblo que prometió servir. No valen para su “discreción” las famosas “razones de Estado” que también sirvieron a otros para intentar justificar indignas infamias.</p>
<p>Parece que nos está intentando anestesiar a todos para llegar a una situación inicial en la que sea aceptable eso de “paz por presos”. Lo primero que hay que dejar bien claro es que no es aceptable esa expresión. La realidad que nos propone es: libertad para los asesinos a cambio de dejar de asesinar. Nada se dice de la entrega de las armas –“no es importante” según nos ha dicho- y nada de condenar la violencia o pedir perdón a las víctimas. Sinceramente, creo que esto que es inaceptable para mí, también lo es para la banda de asesinos y usted lo sabe.</p>
<p>Vayamos por partes. ¿Por qué es inaceptable para mí? Es sencillo, cambiemos los sujetos de su acuerdo por un momento: si una banda de violadores que llevara 851 mujeres violadas y asesinadas, y de la que tenemos a la mayor parte de sus miembros en la cárcel y al resto acorralados, le pidiera soltar a los presos a cambio de dejar de asesinar y violar… ¿lo aceptaría?. Si lo hiciese, estaría enviando un mensaje muy claro a, por ejemplo, las mafias que operan en la costa del sol: sólo tenéis que matar lo suficiente -digamos 851 personas- para que el Estado se rinda. Es importante recordar, llegados a este punto, que en España no hay conflicto político. En este país es posible defender cualquier posición política desde una tribuna parlamentaria.</p>
<p>¿Por qué será también inaceptable para E.T.A.? La banda no ve en los presos –y sus familias- más que un problema generador de gastos y conflictos y trata de usarlos ahora como moneda de cambio y, sobre todo, distracción. De hecho, en sus comunicados, lo único que deja claro es que se abre un proceso que debe culminar con sus dos reivindicaciones históricas: un referéndum y la subsiguiente autodeterminación –léase independencia- de Euskal Herria, en la que incluyen, contra su ya expresada voluntad en numerosas ocasiones, a Navarra y otros territorios. ¿Está usted dispuesto a aceptar esto?… España está claro que no. ¿Qué ocurriría si no se les concede está pretensión?</p>
<p>Mucho me temo, y se lo digo con tanto dolor como respeto, que está intentado <img class="alignright size-full wp-image-560" title="Eta-tregua" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2006/10/20060325100904-eta-tregua.jpg" alt="Eta-tregua" width="295" height="207" />utilizar a E.T.A. para llevar a cabo la plasmación de su obsesión republicana. Nos está intentado llevar a un punto en que la aceptación del País Vasco como una nación para su posterior independencia sea aceptable a cambio de alcanzar la tan ansiada paz. Para eso, señor Presidente, para ceder a las pretensiones de los terroristas, no hace falta ser ningún genio, lo podría haber hecho cualquiera. Lo difícil es mantener la paz por los cauces democráticos y no ceder al chantaje del terror.</p>
<p>Es cada vez más evidente que usted desprecia el acuerdo alcanzado en 1978 y que no lo considera legítimo al haber sido dirigido por hombres que nacieron, se criaron -sin negarlo- en el franquismo y no pertenecieron a la izquierda. Pero no olvide que aquella Transición se hizo también con “los suyos”. Fue fruto del consenso. Algo que no puede decirse ahora de sus actuaciones, que siempre dejan fuera, al menos, a una mitad de los españoles. Por otro lado, el propio Otegui ha confirmado que su fortaleza reside en haberse cargado la Transición. Eso no es “paz por presos”, es estar convencido de que a usted “le van a sacar algo más”. Ese “algo más” es lo que nos preocupa al resto de los españoles que consideramos que toda legitimación política en nuestro país tiene su origen y fundamento en la Constitución de 1978. Es una muy curiosa y alarmante confluencia de intereses la que parece darse entre usted y Otegui.</p>
<p>Señor Presidente, se lo diré muy claro: da la impresión de que está usted intentando imponernos a todos los españoles una república federal –o algo parecido que nunca aclara- por la vía de los hechos consumados sin pasar ese proyecto por las urnas. Sé que le importará poco, pero le digo que  yo disiento; que no tiene ni mandato electoral, ni derecho para llevar a cabo tales reformas. Siento mucho decirle que es muy difícil creer lo que nos dice, ya que, hasta ahora, ha sido siempre desmentido por los hechos. Nos ha venido ocultando la verdad en cuestiones fundamentales durante mucho tiempo y nada indica que esto vaya a cambiar.</p>
<p>Como le decía al comienzo, hay mucha gente que, aún siendo muy desconfiada, está deseosa de creerle y esperanzada. Quieren creer que la unidad de España no está amenazada y que el final de la violencia se alcanzará sin pagar un precio político. Mucho me temo que, a estas alturas, usted ya sabe que eso es imposible si no hay una derrota policial y judicial por medio.</p>
<p>Créame, me encantaría estar equivocado y tener que rectificar.</p>
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		<title>El Estatuto de Cataluña</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Nov 2005 15:27:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adolfo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Carta al Presidente Zapatero publicada en El Mundo Estimado señor Presidente: Le puedo asegurar –y no hace falta ser más explícito en este punto- que si mi padre estuviera en condiciones, no sería yo quien firmase esta carta. Por ello, me impongo hacerlo, si cabe, con mayor respeto hacia todo lo que usted representa. Bien [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong></strong></em></p>
<p><em><strong>Carta al Presidente Zapatero publicada en El Mundo</strong></em></p>
<p>Estimado señor Presidente:<em><strong><br />
</strong></em><br />
Le puedo asegurar –y no hace falta ser más explícito en este punto- que si mi padre estuviera en condiciones, no sería yo quien firmase esta carta. Por ello, me impongo hacerlo, si cabe, con mayor respeto hacia todo lo que usted representa.</p>
<p>Bien conoce –al menos eso creo- la historia reciente de España a la que constante referencia hace. Si indaga un poco, verá que la inmensa mayoría de los graves problemas políticos que hemos sufrido como pueblo, han tenido su origen común en la imposición de una determinada visión de España de unos sobre otros. En unos casos aprovechando la coyuntura de una matemática parlamentaria favorable, en otros, por el simple uso de la fuerza.</p>
<p>Tras escuchar con suma atención todo el debate en el Congreso, permítame decirle, <img class="alignright size-medium wp-image-562" title="duelo_a_garrotazos_goya" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2005/11/duelo_a_garrotazos_goya-300x228.jpg" alt="duelo_a_garrotazos_goya" width="300" height="228" />con el respeto debido, que usted está a punto de hacer lo mismo. Rompiendo el espíritu de la Transición, quebrará el buen entendimiento que ha sustentado las relaciones entre los dos partidos mayoritarios en los temas que afectan a las grandes decisiones de gobierno como es el modelo territorial. Lo decía uno de sus socios en el Congreso: se trata de aprovechar la oportunidad que brinda matemática parlamentaria para sacar adelante este estatuto y profundizar en las reformas. El problema, en esta ocasión, tiene dos aliados: uno, el chantaje independentista al que está usted sometido para permanecer en el gobierno y, dos, su aparente concepción federal del Estado que nunca nos ha aclarado a los demás.</p>
<p>Quiero dejar bien claro en este punto que mi padre nos ha sabido transmitir su profundo cariño y respeto por Cataluña y sus gentes. Un cariño y un respeto bien demostrado cuando auspició en primera persona la vuelta del entrañable y muy querido Presidente Tarradellas, restaurando la Generalidad y aprobando un extraordinario Estatuto de Autonomía que otorgaba unos niveles de autogobierno jamás conocidos por los catalanes.</p>
<p><img class="alignleft size-medium wp-image-563" title="Suárez y Tarradellas" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2005/11/4-223x300.jpg" alt="Suárez y Tarradellas" width="223" height="300" />Señor Presidente, hoy los números le pueden sonreír a la hora de aprobar ese proyecto de nuevo Estatuto, pero no debe usted hacerlo. Al menos, en la forma en la que lo planteó en el Congreso. Está modificando, a sabiendas, el modelo de Estado y privando al pueblo español de su derecho a pronunciarse al respecto, sabedor de su falta de apoyos a nivel nacional.</p>
<p>Quizá pueda usted hacerlo –y es evidente que puede-, pero incurrirá una vez más en el gran error de nuestra historia: una parte de España impone a la otra su parcial visión del Estado. Veo que muy poco ha aprendido de ese Adolfo Suárez a quien tanto alaba, alabanza que le agradezco. Aquel Adolfo Suárez, en apenas dos años –casi lo que usted lleva en el poder-, consiguió convencer a las Cortes franquistas para que se autodisolvieran, aprobar en referéndum la Ley para la Reforma Política, legalizar todos los partidos políticos, convocar las primeras elecciones democráticas y, después de ganarlas, negociar y aprobar con todas las fuerzas parlamentarias, todas, una Constitución en la que, por fin, no había vencedores ni vencidos y obtener, finalmente, el refrendo casi unánime de todos los españoles. Insisto, casi en el mismo tiempo que usted lleva en la presidencia, con un Gobierno en minoría y bajo una presión asesina de ETA como, afortunadamente, no se ha vuelto a conocer. En muy poco tiempo más, conseguiría la aprobación consensuada con todos los partidos de los primeros Estatutos de Autonomía. Consiguió unir a los españoles y los alejó de los viejos fantasmas del pasado. En todo lo anterior tuvieron una participación muy activa significadas personas de su partido.</p>
<p>Creo señor Presidente y, se lo digo con profundo respeto hacia la institución que representa y hacia su persona, que no es razonable aprobar, por mucho que pueda, una reforma de tan profundo calado sin el consenso de un partido que representa a diez millones de españoles –en términos generales, media España- y sin consultar directamente al pueblo español si está o no de acuerdo con el cambio de modelo de Estado que supone esa reforma estatutaria.</p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-564" title="Zapatero" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2005/11/20070307200043-zapatero.jpg" alt="Zapatero" width="229" height="300" />Todavía está a tiempo. Le ruego que, en nombre de la paz, el progreso, la concordia y la libertad que han supuesto para todos los españoles la Constitución y los Estatutos de Autonomía aprobados con el consenso de todas las fuerzas políticas, apruebe el nuevo Estatuto sólo si tiene el mismo consenso alcanzado por el anterior en las Cortes y entre todo el pueblo español. No se trata sólo de creer que se tiene razón, sino de convencer. Si no lo hace, no soy capaz de predecir las consecuencias políticas, ni quiero hacerlo; lo único evidente es que habrá entrado usted de lleno en ese grupo de políticos que, representando a media España e incapaces de pactar con la otra media, decidieron imponer sus convicciones a todos. Ninguno de ellos trajo nada bueno y ninguno de ellos merece un digno sitio en nuestra historia común. No deseo, se lo digo con el corazón en la mano, ver a nadie más en esa lista; menos aún, a un Presidente que, como usted, despertó tantas esperanzas el día de su elección.</p>
<p>Reciba un cordial saludo junto a mis mejores deseos.</p>
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