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	<title>Adolfo Suárez Illana &#187; Libertad</title>
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		<title>Orgullo de ser español</title>
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		<pubDate>Mon, 24 Oct 2011 11:25:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adolfo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Artículo publicado en ABC el 24 de octubre de 2011 Como ya me han oído en más de una ocasión, nunca asumo la representación de mi padre para recibir honores. Únicamente acepto tal representación cuando se trata de rendir justo homenaje a un tercero. La razón no es otra que la de no adquirir un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><em>Artículo publicado en ABC el 24 de octubre de 2011</em></strong></p>
<p>Como ya me han oído en más de una ocasión, nunca asumo la representación de mi padre para recibir honores. Únicamente acepto tal representación cuando se trata de rendir justo homenaje a un tercero. La razón no es otra que la de no adquirir un protagonismo que en absoluto me corresponde. Además, el que se resalte en esos homenajes la ausencia física de quien para nosotros está tan presente todos los días, creo que le da una mayor fuerza simbólica a esos actos y evita centrar en mi persona, aun de forma delegada, honores y recuerdos.</p>
<p>Dicho esto, creo que es justo asumir tal representación en una ocasión como esta, en la que se rinde justo homenaje a un periódico centenario y emblemático en la historia de España; y más, si cabe, en este número en el que se exalta el orgullo de ser español.</p>
<p>Es difícil señalar un único motivo por el que mi padre se pudiera sentir orgulloso de ser español, pero si he de arriesgarme a hacerlo, diría que ese es el comportamiento del pueblo español durante la Transición.</p>
<p>A lo largo de todo aquel proceso, la obsesión permanente –si me permiten la expresión- de S.M. el Rey y de mi padre, como Presidente del Gobierno, fue devolver la soberanía perdida a los españoles. A todos. Hoy, más de treinta años después de ser aprobada la Constitución de la Concordia, con todos sus posibles defectos, creo que es motivo de legítimo orgullo el ver cómo se recibió esa soberanía y el uso que de ella se hizo durante aquellos años. Sin embargo, como él mismo dijo al aprobarse, no se habían acabado los problemas. Habíamos andado buena parte del camino, pero nos quedaba mucho por andar.</p>
<p>No había soluciones mágicas entonces, no las hay hoy, ni las habrá jamás; pero si existe ya la certeza de que no hay problema ni crisis alguna, por importante que esta sea, que el pueblo español unido no sea capaz de superar. Tan solo es necesario un liderazgo sólido que nos invite, a todos, a poner la necesidad común por delante de la exigencia particular y que nos vuelva convencer, a todos, de que la política no es un patio donde unos cuantos se reparten poder y dinero, sino el lugar donde gente cabal entrega vida, talento y esfuerzo al servicio de todos los españoles.</p>
<p><img class="aligncenter size-medium wp-image-461" title="El Rey y Suárez Paseando" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2007/06/url-3-220x300.jpg" alt="El Rey y Suárez Paseando" width="220" height="300" /></p>
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		<title>Los Hombres de la Raza de Hierro</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Aug 2010 10:30:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adolfo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Publicado en El Mundo el 23 de agosto de 2010 &#8220;¡Miserable!, ¿por qué gritas? Me perteneces porque soy más fuerte que tú. Irás a donde a mi me plazca, por buen cantor que seas, y depende de mi capricho el que me sirvas de alimento o que recobres la libertad. Loco rematado es quien resiste a uno [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Publicado en El Mundo el 23 de agosto de 2010</em></p>
<p><em>&#8220;¡Miserable!, ¿por qué gritas? Me perteneces porque soy más fuerte que tú.<img style="float: right; border: 0px initial initial;" title="hesiodo2" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2010/05/hesiodo2-150x150.jpg" alt="hesiodo2" width="150" height="150" /> Irás a donde a mi me plazca, por buen cantor que seas, y depende de mi caprich<span style="font-style: normal;"><em>o el que me sirvas de alimento o que recobres la libertad. Loco rematado es quien resiste a uno más fuerte que él; además de no conseguir la victoria, a la vergüenza añade el sufrimiento.</em>”</span></em></p>
<p>Si nos quedáramos solo con este párrafo que, de la antigua fábula griega de “<em>El Gavilán y el Ruiseñor</em>”, nos ofrece Hesíodo en su poema “<em>Los Trabajos y los Días</em>” entremezclándola con la leyenda de <em>Filomena,</em> estaría justificada la más absoluta de las depresiones…</p>
<p>Es Hesíodo un personaje curioso dentro de la historia de la poesía que, en cierta medida,<br />
comparte algunos elementos comunes con otro gran poeta de rabiosa actualidad: Miguel Hernández. Fue Hesíodo pastor y campesino allá por el siglo VII A.C.. Hijo de un hombre relativamente bien posicionado, compaginó sus labores agrícolas y ganaderas con la actividad poética por vocación divina, según él mismo nos cuenta. Pero no son esas “<em>convergencias</em>” con Hernández las que me hacen traer hoy al de Ascra ante ustedes, sino por la iniquidad de la justicia que también sufrió.</p>
<p>En un momento determinado, en su famoso “<em>Mito de las Razas</em>”, nos dice que estamos en la quinta raza; “<em>la raza de hierro</em>”, aquella en la que <em>“… a los padres, cuando envejezcan, menospreciaran los hijos,…. Impondrán la fuerza por encima del derecho… solo se respetará al inicuo y al violento… El cobarde ganará siempre la partida al valiente mediante falsa palabrería, apoyada en falso juramento… La Conciencia</em> –Aidos- <em>y la Vergüenza</em> –Némesis<em>- volarán entonces de la vasta tierra al Olimpo, ocultando sus hermosos cuerpos… abandonando así a los hombres…</em>” Es francamente desolador el panorama que este genio de la poesía helena, ganador en justa poética ante el mismísimo Homero, nos describe en este pasaje.</p>
<p><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-870" title="MuñozSeca" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2010/05/MuñozSeca-150x150.jpg" alt="MuñozSeca" width="150" height="150" />Créanme, soy capaz de adivinar su sorpresa ante lo que hasta ahora les he escrito y que bien podría reflejarse con un “<em>plagio modificado</em>” de otro insigne escritor que pagó con su vida la actuación de la injusticia: “…¿Y a qué viene, ¡vive el Cielo!,/ cuando tan grande es mi duelo,/ esa conseja endiablada/ de la justicia pagada/ de ese Hernández y un heleno?&#8230;.”</p>
<p>Pues viene amigo a que hasta en esta noche institucional en que vivimos sin atisbo de lumbre de farol alguno, es evidente a los ojos de cualquier ciudadano mínimamente informado y despegado de la clase dirigente, que estamos viviendo una convulsa situación política, social y económica. Seguramente, una de las más complejas situaciones que  podamos recordar en tiempos de paz. A pesar de ello, y contrariamente a lo que la razón le dictaría a cualquier ciudadano sensato, nos encontramos con una clase política más enfrentada que nunca, más extendida que nunca, más enquistada que nunca. Frente a la sensibilidad de la necesidad común, entre nuestros políticos se ha instalado el sentimiento de la exigencia particular.</p>
<p><img class="alignright size-thumbnail wp-image-876" title="Miguel hernandez, poeta el pais." src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2010/05/Miguel-hernandez-poeta-el-pais.-150x150.jpg" alt="Miguel hernandez, poeta el pais." width="150" height="150" />Bien saben todos los asiduos a estas páginas, las muchas veces que me he referido a la Justicia como una de las asignaturas pendientes más importantes de nuestra arquitectura institucional. No es posible que el garante de las libertades públicas, esto es la Justicia, esté permanentemente sometido al control y directrices de quien puede violar esas mismas libertades. Esto es, el Gobierno. Es en esa situación, cuando cobran pleno sentido los versos de Hernández: “… <em>Las cárceles se arrastran por la humedad del mundo,/ van por la tenebrosa vía de los juzgados</em>…”</p>
<p>Cuando la pelea política se traslada a los juzgados, o mejor dicho, cuando desde los juzgados se pretende hacer política utilizando los medios de comunicación, estamos ante un problema de magnitudes incalculables, en términos de paz social.</p>
<p>He traído a colación versos de poetas que sufrieron en distintas circunstancias la iniquidad de una “<em>justicia politizada</em>”, y lo he hecho para hacerme una pregunta:  ¿No hemos aprendido nada en estos últimos 2.700 años? Porque es eso precisamente a lo que hace referencia Hesíodo cuando dice “<em>…es preciso sufrir para que el buen sentido se imponga a la insensatez…”</em> que, dicho de otro modo, significa que nadie escarmienta en cabeza ajena. Pero es que, por desgracia, nuestra cabeza colectiva ha sido ya golpeada en demasiadas ocasiones por este mismo palo como para no haber aprendido nada.</p>
<p>Acudimos estos días con perplejidad creciente a un espectáculo bochornoso que está sazonado con todos los ingredientes más amargos que han acompañado a la larga lista de nuestros errores colectivos.</p>
<p><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-874" title="garzon" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2010/05/garzon-150x150.jpg" alt="garzon" width="150" height="150" />Un juez estrella es sorprendido por las posibles pruebas que se publican de su iniquidad. Ante tales acusaciones, la Justicia –esta vez con mayúsculas- comienza a instruir, porque, como nos dice una vez más Hesíodo, <em>“…Llorando la Justicia persigue por ciudades y moradas a los hombres que tratan de rehuirla o torcidamente administrarla…”</em>. Pues bien, ante algo tan simple como esto, que debiera ser dejado en las solas manos de los jueces, como se afana siempre en repetir con la boca chicha todo político que se precie, el Gobierno de la Nación, ayudado de sindicatos, rectores y actores, y una pléyade de personajes de la izquierda, inician una campaña general para presionar al Tribunal Supremo con el objeto de impedir que quien mal ha obrado, bien pague. Ni más, ni menos. No se tiene, entre tanto, el más mínimo recato para hacer todo tipo de referencias a lo más negro de nuestro pasado. Un pasado repleto de asesinos, donde por igual motivo y de igual manera se daba muerte a un Miguel Hernández o a un Pedro Muñoz Seca.</p>
<p>No soy hombre especialmente sabio… ni quiero serlo, si por sabios se tienen esos hombres que hoy en día con sus hechos, palabras y ejemplos parecen haber sido instruidos en el odio y el rencor. ¿De qué me sirve el progresismo si no soy capaz de progresar con el?… ¿De qué me sirve la sabiduría si no soy capaz con ella de torcer lo que de maligno tiene la naturaleza humana, con el firme deseo de una libertad comprometida con el bien común?</p>
<p>Cuando abandonamos al “<em>otro</em>” y nos comprometemos en exclusiva con el “<em>yo</em>”, estamos renunciando al principio básico del verdadero progreso humano y sobre el que se ha<img class="alignright size-thumbnail wp-image-885" title="Antonio-Machado" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2010/05/Antonio-Machado-150x150.jpg" alt="Antonio-Machado" width="150" height="150" /> cimentado y engrandecido toda paz social: el reconocimiento del “<em>otro</em>” como parte misma del “<em>yo</em>”. Esa permanente referencia a los “<em>otros</em>” para reforzar “<em>nuestros</em> “ argumentos, va en sentido radicalmente contrario al esfuerzo común que presidió los años de la Transición. Años en los que algunos alzaban la voz con versos de Machado para romper el inmovilismo de los poderosos y desterrar la derrota permanente de una sociedad enfrentada, sin más armas que la ilusión y el esfuerzo: “<em>…está el ayer alerto/al mañana, mañana al infinito;/ hombres de España, ni el pasado ha muerto,/ ni está el mañana -ni el ayer- escrito</em>.”</p>
<p>Bien cierto es que nada está escrito. Nada está definitivamente conquistado; nada está definitivamente perdido. Todo depende de nosotros mismos. Por eso, no estaría de más que, de entre nosotros –usted y yo-, se alzasen nuevas voces; voces que, como antaño, entre la algarabía de algunos poderosos enfrascados en conservar su hegemonía aun a costa de nuestro futuro,  fueran capaces de zafarse de entre las garras del potente gavilán que nos atenaza para gritar con fuerza, como Hernández, que “<em>…hay un rayo de sol en la lucha/ que siempre deja la sombra vencida…” porque “…para el hijo será/ la paz que estoy forjando…</em>”.</p>
<p><img class="aligncenter size-medium wp-image-892" title="Gavilán" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2010/05/Gavilán-300x144.jpg" alt="Gavilán" width="300" height="144" /></p>
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		<title>Una vez más, la prohibición…</title>
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		<pubDate>Fri, 30 Jul 2010 11:05:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adolfo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Artículo publicado en El Mundo el 30 de julio de 2010 Ayer se consumó, finalmente, la amenaza que pesaba sobre la actividad taurina en Cataluña desde hace unos meses. El parlamento de Cataluña ha decidido instar la prohibición de las corridas de toros en su territorio a partir del 2012 incluído. Nada extraño en estos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong> </strong></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-size: 12.8601px;"><strong><em>Artículo publicado en El Mundo el 30 de julio de 2010</em></strong></span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-size: 12.8601px;"><strong><em> </em></strong>Ayer se consumó, finalmente, la amenaza que pesaba sobre la actividad taurina en Cataluña desde hace unos meses. El parlamento de Cataluña ha decidido instar la prohibición de las corridas de toros en su territorio a partir del 2012 incluído. Nada extraño en estos tiempos en esa tierra en la que, al menos en el ámbito político y desde hace algún tiempo ya, reina la cultura de la intolerancia. Una tierra donde algunos partidos ya no abordan los problemas desde el prisma de la necesidad común, sino desde un firme y permanente deseo de imponer la exigencia particular.</span></p>
<p><span style="font-size: 12.8601px; ">Visto como aficionado práctico que soy, me produce una profunda tristeza la imposición que<img class="alignleft size-thumbnail wp-image-913" title="Morante" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2010/07/Morante-150x150.jpg" alt="Morante" width="150" height="150" /> se me hace de un veto en Cataluña para practicar libremente lo que considero que es el espectáculo más singular de toda la Tierra: bailar a muerte con un toro bravo en una plaza. Ya han tenido oportunidad de leer en estas mismas páginas mis argumentos a favor de la Fiesta Universal en que hoy se ha convertido el arte de torear y no voy a profundizar más en esos argumentos. Simplemente quiero dejar claro que lidiar un toro en una plaza según las directrices que marcan los reglamentos taurinos en vigor, constituye una expresión artística, cultural, centenaria y mítica. Una actividad artística que se practica habitual y libremente en España, Francia, Portugal, Méjico, Colombia, Venezuela, Perú y Ecuador. Esporádicamente se practica también en otros países.</span></p>
<p>Como ciudadano con vocación e inquietudes políticas que también soy, me da más tristeza aún, si cabe, la imposición de semejante prohibición y la forma en que se ha llevado a cabo. En primer lugar, me llama poderosamente la atención un aspecto formal de la votación de ayer: los socialistas daban libertad de voto a sus diputados para que votasen en conciencia. Curioso, pero no seré yo el que critique ese punto, cuando soy un firme defensor de la responsabilidad individual de los diputados en asuntos de conciencia. No señor; lo que me asombra, y mucho, es que, muy poco tiempo antes, ¡los socialistas exigían unidad de voto en la “Ley del Aborto”! Me parece increíble que en un asunto de tan profunda trascendencia moral se exija disciplina de voto, para dejar luego libertad de conciencia en un asunto de importancia menor; al menos desde el punto de vista moral. Si no fuera por que el señor Montilla, al que todos creemos a pies juntillas, nos ha dicho otra cosa, pensaríamos que estamos ante una maniobra calculada para alcanzar la situación que, finalmente, se ha alcanzado. Gracias a la excusa no pedida del señor Montilla, nos quedamos mucho más tranquilos…</p>
<p>En segundo lugar, me produce un malestar urticante la prohibición. El hecho de que se <img style="float: right; border: 0px initial initial;" title="Un aborto de 8 semanas" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2009/02/bebe26-150x150.jpg" alt="Un aborto de 8 semanas" width="150" height="150" />trate de una afición supuestamente minoritaria, no justifica, en absoluto, el veto a su celebración. Si fuera así, ¿qué deberíamos hacer entonces con la filatelia?, por <span style="font-size: 12.8601px;">ejemplo. </span><span style="font-size: 12.8601px;">Si eso fuera cierto, sería mucho más inteligente el dejar morir por su propia incapacidad de regeneración a la Fiesta de los toros. Tampoco se tiene en pie, para justificar la prohibición, la tan manida referencia al sufrimiento animal. Una vez más, y aunque levante muchas ampollas, debo decir que me parece impresentable que, el mismo que defiende que un niño en el seno materno pueda ser troceado y muerto, me diga que le da mucha pena ver morir a un toro a manos de un torero armado solo con un estoque y una muleta. Me parece un acto de cinismo supremo. Puedo respetar y entender que el espectáculo taurino hiera la sensibilidad de mucha gente, pero no la de aquellos que defienden la barbarie del aborto.</span></p>
<p>Como hombre de leyes que soy, la extrañeza que me produce la prohibición, alcanza ya el grado sumo. Primero porque, como ya ocurrió con el asunto del Estatuto, se maneja el tema de la “soberanía catalana” o la “voluntad del pueblo de Cataluña” con una ligereza pasmosa. Para dejar el asunto claro desde el principio, hay que decir que el único titular de la “soberanía popular” es pueblo español en su conjunto, al que <img class="alignleft size-thumbnail wp-image-915" title="Montilla" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2010/07/Montilla-150x150.jpg" alt="Montilla" width="150" height="150" />pertenecen de forma indisoluble todos los catalanes. Esto, lo dice la Constitución. Si la quieren cambiar, me parece muy bien que lo hagan, pero siguiendo las normas que nos hemos dado entre todos. En puridad, lo que decide el parlamento de Cataluña –todo- lo hace de forma delegada y no puede tomar, en solitario, decisión alguna que contravenga esa delegación. Por bajar la pelota al suelo y hacerme entender, diré que el parlamento de Cataluña tiene la capacidad de regular el espectáculo taurino –como puede regular también aspectos relativos a la sanidad- pero no tiene competencia para prohibirlo –como tampoco tiene competencia para prohibir la sanidad. Esto es lo que se desprende de la lectura artículo 149.1.28  de nuestra Constitución, donde se dice que “<em>el Estado tiene competencia exclusiva sobre las siguientes materias: (…) La defensa del patrimonio cultural, artístico y monumental español contra la (…) expoliación; (…), sin perjuicio de su gestión por parte de las Comunidades Autónomas.</em></p>
<p><em>2. Sin perjuicio de las competencias que podrán asumir las Comunidades Autónomas, el Estado considerará el servicio de la cultura como deber y atribución esencial y facilitará la comunicación cultural entre las Comunidades Autónomas, de acuerdo con ellas.”</em></p>
<p>Si uno continua leyendo la Constitución de la Concordia, no sale fácilmente del asombro. Dice el artículo 46: “<em>Los poderes públicos garantizarán la conservación y promoverán el enriquecimiento del patrimonio histórico, cultural y artístico de los pueblos de España y de los bienes que lo integran, cualquiera que sea su régimen jurídico y su titularidad. La<span style="color: #000000;"> </span></em><em><span style="color: #000000;">Ley penal</span></em><em><span style="color: #000000;"> </span>sancionará los atentados contra este patrimonio</em>.” La verdad es que no hace falta ser un genio para interpretar rectamente este texto. Como tampoco hace falta ser Tomás Moro para saber que lo que dice el artículo 44. 1,  “<em>Los poderes públicos promoverán y tutelarán el acceso a la cultura, a la que todos tienen derecho</em>” es plenamente aplicable a la Fiesta de los toros.</p>
<p>Son muchos los artículos de nuestra Constitución que podría traerles hasta estas páginas para poner de manifiesto la ilegalidad de la medida votada ayer en el parlamento de Cataluña, pero no es el momento ni el lugar. Se abre ahora una larga batalla jurídica en la que algunos volverán a oficiar como víctimas. Nada más lejos de la realidad. La única víctima en este caso es la libertad. El único asesino, una vez más, el integrismo nacionalista intolerante.</p>
<p><span style="font-size: 12.8601px;"> </span></p>
<div><span style="font-size: 12.8601px;"><img class="aligncenter size-medium wp-image-840" title="Jefe-Rey-Toros" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2010/03/Jefe-Rey-Toros-300x181.jpg" alt="Jefe-Rey-Toros" width="300" height="181" /><br />
</span></div>
<div><span style="font-size: 12.8601px;"><br />
</span></div>
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		<title>¿Por qué no?</title>
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		<pubDate>Sat, 21 Nov 2009 17:17:20 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Artículo publicado en La Gaceta el 21 de noviembre de 2009 “¿Por qué no podemos treinta años después de democracia tener una ley del aborto equiparable a los países más democráticos de nuestro entorno?” Con alguna diferencia leve, esta era la pregunta que se hacía esta pasada semana el Presidente del Gobierno de España. Al [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>Artículo publicado en La Gaceta el 21 de noviembre de 2009</strong><br />
</em><br />
<img src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2009/03/mano2-300x218.jpg" alt="mano2" title="mano2" width="300" height="218" class="alignright size-medium wp-image-687" /></p>
<p>“¿Por qué no podemos treinta años después de democracia tener una ley del aborto equiparable a los países más democráticos de nuestro entorno?” Con alguna diferencia leve, esta era la pregunta que se hacía esta pasada semana el Presidente del Gobierno de España.</p>
<p>Al margen de la mala construcción de la misma, la pregunta pone de manifiesto las carencias, los errores y la falta de consistencia del Presidente.</p>
<p>Hace ya algún tiempo corregía –desde mi punto de vista y con todo el respeto debido- una manifestación suya –del Presidente- en la que afirmaba que la vida era el “valor supremo”. En aquel momento reflexionaba yo diciendo que la vida no es el valor supremo. La vida, decía, es un don de Dios que compartimos con todos los animales y vegetales que pueblan la faz Tierra y que la profunda diferencia con todos ellos es la libertad. Ahí, y solo ahí, es donde reside la verdadera grandeza del Hombre: en la libertad. La libertad que cada uno tiene para hacer el bien o el mal.</p>
<p>Hoy, ese mismo Presidente, ese a quien entonces se le llenaba la boca de palabras tan grandilocuentes como vacías y faltas de compromiso para defender su indigna actuación ante el canalla etarra llamado De Juana Chaos, no tiene reparo alguno en defender con vehemencia el inexistente “derecho” a matar niños en el seno de su madre sin más límite que la voluntad de la mujer en cuestión y un número determinado de semanas. La falta de coherencia es patente.</p>
<p>Entre los errores, por no llamarlo de otra forma, aparece uno con claridad en la frase antes apuntada. El de asimilar la democracia con el aborto libre. Como ya me habrán escuchado en otras ocasiones, los neandertales también practicaban rudimentarias formas de aborto. No creo que, por ello, puedan ser tenidos como paladines de la democracia, ni tampoco del progreso. Más bien, todo lo contrario. Es asombroso que, como argumento supremo, el Presidente apele a la democracia y los países de nuestro entorno para apoyar una ley semejante. Por esa misma regla de tres, si los países de nuestro entorno aceptasen la pena de muerte –a la que tanto él como yo nos oponemos- nosotros tendríamos también que aceptarla… ¿por qué no? Una vez más, la inconsistencia se hace evidente.</p>
<p><div id="attachment_506" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><img src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2009/02/1214zud-300x300.jpg" alt="Down" title="Down" width="300" height="300" class="size-medium wp-image-506" /><p class="wp-caption-text">Down</p></div>Con respecto al argumento de “la democracia” y su aplicación a este caso concreto, lo único que cabe decir es que, para que se apruebe una ley semejante debiera ser necesario –por afectar a algo tan fundamental como es la vida- una muy amplia mayoría en la sociedad. Una mayoría que ninguna de las encuestas conocidas otorga. Es más, para conseguir una mayoría suficiente en el Congreso, se está comerciando con prebendas económicas para doblar la voluntad de algunas formaciones políticas… lamentable el que compra; lamentable el que vende. Tan lamentable como que no se otorgue libertad de voto a los diputados en este asunto que afecta tan de lleno a la conciencia, lo que pone de manifiesto, una vez más, que en el PSOE prima el ideario colectivo sobre la conciencia del individuo.</p>
<p>Quizá todo esto venga de una carencia de formación como es confundir derecho con don. En principio, cuando un ordenamiento jurídico establece un derecho determinado en una ley, debe establecer también quién está obligado a “prestar” el derecho en cuestión –y digo debe, por que no siempre ocurre así, como queda probado en el caso de la vivienda o el trabajo, aportaciones hechas desde esa misma óptica-. Así, por ejemplo, cuando se establece que los ciudadanos españoles “tienen derecho a la tutela judicial efectiva” se establece también que es el Estado español quien “esta obligado” garantizar esa tutela judicial.</p>
<p>En el caso de el malentendido “derecho a la vida”, todavía no sé quién es el que está obligado a dar esa vida. Lo que si sé es que, cuando una vida existe –nótese que la vida ya ha sido dada, es decir es un hecho preexistente-, todos tienen la obligación de respetarla y de no hacer nada que atente contra ella. Este es el verdadero sentido del “derecho a la vida” que se consagra en el artículo 15 de nuestra Constitución. Me interesa resaltar que cuando allí decimos todos, lo dice nuestra Constitución, no cabe excepción. Ninguna, por muy temprano que sea en el seno materno.</p>
<p>Para cumplir con ese mandato establecido en la Constitución, y corroborado por el propio Tribunal Constitucional, el aborto debería ser tratado de forma análoga a como es tratada “la legítima defensa”, esto es, como una excepción al principio general; un medio excepcional que es aceptado cuando este se convierte en el único a nuestro alcance para mantener la vida propia o ajena que se ve injustamente amenazada. Ese era el espíritu, tantas veces pervertido, de la ley anterior. El aborto no puede nunca ser un medio para librarse de un problema más o menos grave. El aborto, solo puede aceptarse cuando es la consecuencia indeseada de un tratamiento destinado a salvar la vida o la integridad de la gestante. Eso es defender la vida, el resto, es buscar atajos, tan indeseables como innecesarios, para salvar responsabilidades no apetecidas.</p>
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		<title>Es la hora de la grandeza…</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Apr 2009 18:05:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adolfo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Artículo publicado en EL Mundo Estamos viviendo uno de los momentos, desde el punto de vista político, más interesantes que yo recuerde desde la Transición. Dos formaciones políticas antagónicas, enfrentadas e irreconciliables hasta hace tan solo unos días, han alcanzado un pacto de singular importancia. España entera asiste ahora expectante, esperanzada y encogida a la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>Artículo publicado en EL Mundo</strong></em></p>
<p><em><strong><br />
</strong></em></p>
<p>Estamos viviendo uno de los momentos, desde el punto de vista político, más interesantes que yo recuerde desde la Transición. Dos formaciones políticas antagónicas, enfrentadas e irreconciliables hasta hace tan solo unos días, han alcanzado un pacto de singular importancia. España entera asiste ahora expectante, esperanzada y encogida a la plasmación material de unos acuerdos ya firmados y cuyo desarrollo que puede llegar a cambiar el curso de la historia del País Vasco, de una vez por todas. A nadie se le escapa que no es tan solo el cambio de un gobierno autonómico lo que está en juego, sino la posibilidad real de acabar con la falta de libertad en el único rincón de Europa donde todavía se mata por discrepar. Eso es lo que los españoles tenemos de verdad hoy en la cabeza.</p>
<p><img class="alignleft size-full wp-image-642" title="Basagoiti y López" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2009/04/bilbo-253x190.jpg" alt="Basagoiti y López" width="215" height="190" />Han querido las urnas que el liderazgo de ese acuerdo y la responsabilidad de gobernar el País Vasco recaiga sobre los hombros del PSE-PSOE que dirige Patxi López. Y han querido también, que el único apoyo indispensable que necesiten para ello, sea el de un Partido Popular del País Vasco liderado por Antonio Basagoiti. Ambos dirigentes y sus partidos han dado muestras de sensatez y discreción; de madurez y generosidad. Estoy convencido de que a ambos les cuesta mucho dar el paso; ambos deben  sentir las reticencias surgidas de los muchos enfrentamientos que han protagonizado ellos y sus formaciones; ambos se verán obligados a renunciar a una parte de sus legítimos objetivos, pero si logran cerrar ese acuerdo y llevarlo a buen fin, ambos habrán entrado en la historia de nuestra democracia y, lo que es más importante, le habrán prestado uno de los mayores servicios que pueda nadie imaginar.</p>
<p>Pero, en esa tarea, no están solos. Detrás de ellos están sus dos formaciones políticas de ámbito nacional al completo. Las dos únicas capaces de conformar gobiernos estables a nivel nacional. Es impensable que se pueda alcanzar un acuerdo de tal trascendencia política sin la implicación directa de la dirección nacional de los dos partidos y el aplauso general de sus bases. Y es precisamente ahí donde pueden empezar los más difíciles problemas… y quizá, las soluciones también.</p>
<p>Todos sabemos que Zapatero y Rajoy, los dos, están detrás de ese pacto. Cada cual, más o menos<img class="alignright size-medium wp-image-643" title="Zapatero y Rajoy" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2009/04/2008021567zaparajoysegunda-283x300.jpg" alt="Zapatero y Rajoy" width="283" height="300" /> obligado por las circunstancias; cada cual, con mayor o menor grado de convencimiento personal, pero lo están. Y lo están, porque es la única posibilidad de conformar una alternativa estable al PNV. Lo están, porque es la única forma de garantizar los muchos objetivos esenciales que comparten ambos partidos, sus bases y, me atrevo a decir, la mayoría de los españoles. Lo están, porque nadie en España hubiera entendido –ni perdonado- que no fueran capaces de alcanzar hoy ese pacto.</p>
<p>Sin embargo, todo pacto tiene un precio, y el precio que puede llegar a pagar cada uno de ellos por alcanzarlo, es muy distinto. Y alguien se sorprenderá al leer lo que sigue a partir de aquí.</p>
<p>Como todos sabemos, el PSOE ha venido gobernando estas dos últimas legislaturas con el apoyo de los nacionalistas, moderados y no moderados, de todos los signos posibles y, desde el &#8220;Pacto del Tinell&#8221;, con la exclusión sistemática del Partido Popular. Por tales apoyos, ha  llegado a hacer concesiones –tanto económicas como políticas- que le hemos criticado desde el Partido Popular con tanta dureza como acierto, a mi modo de ver las cosas. Es de todo punto evidente que, con este pacto, el apoyo del PNV al Gobierno de Zapatero en Madrid desaparece, y es muy posible que el de CiU, el de ERC o el del BNG, también. En cualquier caso y, como mínimo, el precio de esos apoyos se verá incrementado enormemente. Esto, que está sin duda alguna en la mente de los dirigentes socialistas, tiene que estarlo en la nuestra también.</p>
<p>Si es cuestión fundamental para España entera que ese pacto en el País Vasco sea estable y llegue a dar los frutos que todos esperamos, el Partido Popular podría estar “obligado” a garantizar, en determinadas circunstancias, también la estabilidad del Gobierno del PSOE a nivel nacional. Suena extraño, lo sé, pero no sería razonable, desde un punto de vista ético-político que, por hacer en Vitoria algo que nosotros mismos –los populares- les exigimos en aras del bien común, nosotros mismos –los populares- les desestabilizáramos en Madrid, o les empujáramos a endeudarse, aún más, con aquellos nacionalismos que luego criticamos.</p>
<p>Esto no significa, en modo alguno, falta de oposición; ni supone tampoco la obligación de secundar nada de forma mecánica o irracional. Se puede discrepar de forma abierta y profunda, incluso contundente, durante las deliberaciones en la cámara y votar en contra de una propuesta determinada como grupo parlamentario… y al mismo tiempo, se pueden aportar, de forma razonada, los siete votos necesarios para que la fuerza política que ha sido elegida por la mayoría de los españoles, pueda gobernar sin verse sometida al desproporcionado chantaje de una minoría que aprovecha la debilidad de alguno y el desacuerdo de todos. De esta forma, lo que se consigue es que el Gobierno lleve a cabo la misma política que llevaría en cualquier caso, pero sin que nos cueste a los ciudadanos unos cuantos millones de euros más por el apoyo de los nacionalistas que no tienen en cuenta el interés común de todos los españoles en su conjunto.</p>
<p><img class="alignleft size-medium wp-image-644" title="Mi padre con Carrillo" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2009/04/sabadosantorojo12-efe-287x300.jpg" alt="Mi padre con Carrillo" width="287" height="300" />No sería esta, ni mucho menos, la primera vez que un partido “presta” a un gobierno de otro color, tan solo aquellos votos estrictamente necesarios para garantizarle su estabilidad. Les aseguro que hay numerosos testimonios de casos así que tuvieron lugar durante los primeros años de nuestra democracia; aunque entonces, bien es cierto, se hacía de forma más discreta. Quedarían, en todo caso, fuera de ese “pacto” aquellos temas que, como el aborto, fueran cuestión de conciencia o afectasen a asuntos de estado que, por su importancia, hicieran necesario un acuerdo de fondo entre ambos partidos.</p>
<p>Una actuación de este tipo, no solo es correcta desde un punto de vista ético, es una forma práctica de demostrar a quien lo dude que el pacto de la Transición no fue un sueño, ni fruto de la desmemoria. Es la mejor forma de hacer ver que sigue vivo y que su espíritu, como entonces, es el único capaz de hacernos avanzar cuando la tribulación se cierne sobre nosotros. Ni que decir tiene que el PSOE debería corresponder, primero, con la misma altura de miras y generosidad que recibe; y, segundo, cumpliendo lo que se espera de él en Vitoria.</p>
<p>Llevamos mucho tiempo hablando de la necesidad de alcanzar pactos estables entre las grandes fuerzas políticas de ámbito nacional en torno a los temas de Estado como son la justicia, la educación, la lucha contra el terrorismo o, en estos momentos, recordando los “Pactos de la Moncloa”, la salida de la crisis económica. Desgraciadamente, nadie renuncia a nada cuando lo tiene al alcance de la mano. Pero la realidad es tozuda: siempre es alguien concreto quien debe dar un primer paso para romper la profunda desconfianza existente; siempre es alguien concreto quien debe tener la audacia necesaria para arriesgar todo su capital político en busca de un entendimiento muy difícil de conseguir; siempre es alguien concreto quien ha de sentar el ejemplo. Sinceramente, no se me ocurre mejor oportunidad que esta para que la iniciativa la tome un partido en la oposición. Ha llegado la hora de la audacia…y de la grandeza también. Una audacia y una grandeza exigibles también al Gobierno. ¿La tendrá?</p>
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		<title>La Concordia Fue Posible</title>
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		<pubDate>Mon, 17 Dec 2007 15:00:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adolfo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Artículo publicado en El Mundo en diciembre del 2007 Ando estos últimos días atareado en el repaso de algunos discursos de mi padre. Es curiosa la sensación de frescura que transmiten y la enorme nostalgia que despiertan. Yo fui uno de los que el otro día acudió de buena fe a la concentración “por la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>Artículo publicado en El Mundo en diciembre del 2007<br />
</strong></em></p>
<p>Ando estos últimos días atareado en el repaso de algunos discursos de mi padre. Es curiosa la sensación de frescura que transmiten y la enorme nostalgia que despiertan.</p>
<p>Yo fui uno de los que el otro día acudió de buena fe a la concentración “por la libertad y por la derrota del terrorismo” en la Puerta de Alcalá. Fue francamente triste, tanto desde el punto de vista de participación, como desde el punto de vista litúrgico. Es cierto que era un acto doloroso, había un muerto reciente; pero no es menos cierto que no hay mejor consuelo para las víctimas que la esperanza, que la ilusión por alcanzar una meta común y hacerles sentir que el sacrificio no ha sido inútil. Desgraciadamente los políticos –y me meto en un saco en el que no tengo hoy responsabilidad alguna- no fuimos capaces, una vez más, de transmitir esa esperanza, ni de generar esa ilusión. Otro asistente, mejor intencionado que yo –todavía- me dijo que era lo máximo a lo que se podía llegar, de momento. Yo creo que sólo es posible aquello que de verdad se quiere.</p>
<p>Entre los discursos de mi padre de los que les hablaba al comienzo, tras la concentración, me vino a la cabeza uno relativamente reciente. El que pronunció al recibir el premio Príncipe de Asturias de la Concordia.</p>
<p>En un momento dado dijo: “La lucha política, la controversia, el debate, el disentimiento, el conflicto no constituyen una patología social… reflejan la vitalidad de una sociedad”. A esto hay que añadir que siempre y cuando no dañen la raíz propia de la convivencia. El artífice del mayor acto de concordia de toda nuestra historia señala que ese consenso que la posibilita, se debe ceñir a muy pocas cosas. “Tal vez solamente a una: la voluntad firme y profunda de convivir en libertad. Y eso, más que una idea, es a veces una creencia… Ortega señalaba que a las ideas las sostenemos nosotros, pero las creencias nos sostienen a nosotros”.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-456" title="Suárez recibe el premio" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2007/12/ppeasturias.jpg" alt="Suárez recibe el premio" width="770" height="458" /><em>Mi padre entrando al teatro Campoamor en 1996</em></p>
<p>Debemos creer firmemente en nuestra convivencia en libertad, y nada afecta más a esa convivencia en libertad que la violencia asesina y chantajista del terrorismo etarra. Por tanto, nada es tan necesario como el consenso en torno a su lucha. Para alcanzarlo –de nuevo- es absolutamente necesario reconocer las culpas de cada uno y estar dispuesto a recomponer la situación.</p>
<p>Es cierto que el Gobierno legítimo de la Nación, el que dirige la política antiterrorista, hizo un arriesgadísima apuesta por una negociación política con los asesinos en la creencia de poder conseguir lo que otros no consiguieron y con la esperanza, nunca disimulada, de desterrar a la oposición. He sido el primero en defender el derecho de todo el mundo a equivocarse –aunque el Presidente del Gobierno debiera ser capaz de escarmentar en cabeza ajena-, pero cuando uno se equivoca, tiene la obligación de aceptarlo y rectificar. También debe asumir las responsabilidades derivadas de su equivocación. La negociación ha sido un absoluto fracaso y, si bien es cierto que hoy no es el momento de exigir responsabilidades políticas, si lo es el de exigir una rectificación profunda. No puede el Presidente mantener la puerta abierta a la negociación. La responsabilidad de la falta de consenso es, en gran medida, suya. Si él echó de menos ser llamado a Moncloa tras los atentados del 11-M, recibir mejor información y tener una mayor participación en la respuesta que se daba –y estoy de acuerdo con él en esto- hoy somos muchos los que echamos de menos esa misma generosidad y grandeza para superar las heridas del partidismo y enfrentar a los terroristas desde el acuerdo y la unidad. No puede, ni debe ser, prisionero de sus errores.</p>
<p>Eché de menos también a la AVT. Lo digo desde el profundo cariño y respeto. He participado en casi todas sus convocatorias y lo seguiré haciendo. Creo que tiene todo el derecho a sentirse ofendida por las palabras y los hechos de algunos políticos y lo respeto; pero, si han sido capaces –como bien han demostrado- de no aceptar la venganza y mantener la fe en la justicia, deben ser también capaces de sobreponerse a las descalificaciones oportunistas de los políticos y hacer gala, una vez más, de su generosidad, entereza y altura de miras. No deben darle oportunidad alguna de crítica a ningún político desorientado.</p>
<p>Es cierto que el PP ha utilizado el terrorismo para hacer oposición, pero nadie puede exigirle que, cuando se le excluye intencionadamente de una determinada acción política –en este caso la lucha antiterrorista- con la que está en profundo desacuerdo, haga palmas o mire para otro lado. Sería una profunda dejación de funciones que le convertiría en co-responsable de las consecuencias. Sin embargo, creo que ha fallado el partido en la concentración del otro día. Eché en falta una movilización masiva de sus dirigentes regionales y un compromiso profundo de los nacionales desde el mismo minuto en que se consensuó el lema. También hay que reconocer que sobraron los insultos, por pocos y aislados que fueran, cada uno de ellos es muestra de una falta de grandeza hacia la que debemos orientar todos nuestros pasos en este asunto.</p>
<p>Me hubiera gustado ver al Presidente de mi partido y al Presidente del Gobierno darse la mano en el estrado y ser capaces de decirle a una nación, que lo está esperando desde hace mucho, que se ha acabado el tiempo de hablar y ha llegado el tiempo de derrotar a los asesinos y hacerles ver que, gobierne quien gobierne, solo tienen un destino, uno sólo: la cárcel.</p>
<p>Decía mi padre ante Su Alteza el Príncipe de Asturias que, “en algún momento, he llegado a pensar que fui víctima política de la práctica de la Concordia. Pero si así fue, me enorgullezco de ello”.</p>
<p>Hoy más que nunca, es necesaria una generosidad de ese tipo que rompa el círculo de la discordia que separa y aprisiona a los demócratas.</p>
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		<title>¡Feliz Cumpleaños!</title>
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		<pubDate>Tue, 25 Sep 2007 15:08:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adolfo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Carta de felicitación a mi padre publicada en El Mundo En nada queda el conocido aprieto en que la bella Violante metió al genial Lope en 1617, si lo comparamos con el que me tenía preparado un buen amigo para celebrar el septuagésimo quinto aniversario del nacimiento de mi padre: acompañar con unas palabras la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><!--StartFragment--></p>
<p><img class="aligncenter size-medium wp-image-4" title="Adolfo Suárez González" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2009/02/asg-w-300x224.jpg" alt="Adolfo Suárez González" width="300" height="224" /></p>
<p class="MsoNormal" align="center">
<p class="MsoNormal" align="center"><span><strong><em><br />
</em></strong></span></p>
<p class="MsoNormal" align="center"><span><strong><em>Carta de felicitación a mi padre publicada en El Mundo<br />
</em></strong></span></p>
<p class="MsoNormal"><span><br />
</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>En nada queda el conocido aprieto en que la bella Violante metió al genial Lope en 1617, si lo comparamos con el que me tenía preparado un buen amigo para celebrar el septuagésimo quinto aniversario del nacimiento de mi padre: acompañar con unas palabras la felicitación que, desde este periódico, se le quiere hacer llegar.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Ello es evidente por innumerables razones, siendo la más clara que hoy, 390 años después, carezco yo de pluma comparable a la del magistral guerrero y sacerdote. Tal distancia es insalvable, aún quedando matizado el aprieto por el hecho diferencial de no buscar el elogio para sí quien me realiza el encargo, como si lo buscaba la ficticia Violante.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Ha querido Dios que los años que afronta mi padre, desde hace ya algún tiempo, sean vividos por él en un mundo mágico y tan real como el nuestro, pero al que sólo se accede tras cruzar las puertas del corazón, una vez que se abandonan la<span> </span>autocompasión y los prejuicios del intelecto. Reina allí el sentimiento en esencia pura y, curiosamente, se mantiene la personalidad desinhibida.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Una vez más, aquellos que, como él, profesamos la fe católica, comprobamos que Dios escribe recto con renglones torcidos y que la enfermedad puede ser una fuente de alegría.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Es error común del laicismo la adoración de la salud y la vida como valores supremos. ¡Qué error, qué inmenso error! –si me permite, don Ricardo, la broma-. Mi padre me enseñó que la vida es “tan sólo” un don divino que debe ser usado para obrar el bien y que se “puede y debe aventurar”, como bien le recuerda el hidalgo de la triste figura a su leal Sancho, cuando está en juego un verdadero valor, como es la Libertad.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>No siempre tiene el Maestro la oportunidad de llevar a la práctica sus enseñanzas, como Guzmán. Pero el nuestro la tuvo y, con la naturalidad propia de la grandeza, nos dio una silente lección magistral un ya lejano 23 de febrero. Luego nos daría otra, mayor aún, no recordándolo jamás.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Por encima de la vida: la Libertad. Por encima de la salud: la Alegría.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>De necios es aferrarse a aquello que a buen seguro has de perder. Y puesto que lo has de perder, nada mejor que prepararse para afrontar el trance con dignidad.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Me enseñaron mis padres –ambos- que no hay mayor dignidad que la de aquel que afronta los imponderables de la vida, todos, con Alegría. Ello no supone rendición ni abandono; si aceptación y desprendimiento. Ayuda a los que te rodean y a ti mismo.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Una vez más, quiso Dios que estas enseñanzas tuvieran su plasmación práctica en el caso de nuestro protagonista. Pero quiso que se dieran en esta ocasión, pues hubo otras no conocidas, dos circunstancias muy especiales: notoriedad y grado heroico.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Hizo presa la enfermedad, y de qué manera, primero en su querida hija Mariam. Poco después visitaba también a su madre y, más adelante, a su adorada mujer. Aunque sólo parte del inmenso dolor vivido por aquel entonces es conocido, suficiente es para lo que quiero transmitirles. Pese a ello, y gracias especialmente a él y a las enfermas, la familia vivió alguno de los momentos más felices, más profundamente felices como familia que yo recuerdo. Muchos, hasta divertidos. Como siempre, el fin de la vida acabó imponiendo su ley natural y le acompañó el dolor. Sin embargo, no fue el fin de la Alegría.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Quizá alguno se asombre de mis palabras. No deseo extenderme mucho en este punto, pero si decir que el verdadero asombro lo produce la inmensa talla espiritual de quienes tuve el honor y el privilegio de tener por padres.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Habrá quien diga que tanto dolor le llevó al olvido. Nadie puede negarlo. Ni asegurarlo. Yo, simplemente dudo. Dudo que quien fue capaz de tratar al Triunfo y a la Derrota de igual forma; que quien mantuvo su virtud mientras hablaba a las multitudes; que quien anduvo con reyes sin perder el sentido común… no pudiera afrontar más sin dejar de recordar.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Pero quiso Dios… y quiso que siguiera siendo feliz. Ni yo, ni mis hermanos, que tenemos la responsabilidad y el inmenso honor de cuidar de él, detectamos sufrimiento alguno. Sigue siendo el gran hombre de siempre, aún perdido en sus alturas, y su discurso sigue siendo el mismo, si le miras<span> </span>a los ojos y le escuchas con el corazón.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Sé que vivió siempre agradecido, por que le dieron la oportunidad de hacer aquello que soñaba. Ese fue su gran premio y su gran honor. Todos los que vinieron después, incluidos los que hoy llegan, lo hacen a tiempo y se suman a aquellos engrandeciéndolos y llenándonos de legítimo orgullo, me atrevería a decir que no sólo a su familia, si no a toda España.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Pero hoy, que cumple 75 años, me van a permitir que les reclame un regalo muy especial. Él pasó mucho tiempo pidiendo una oración por sus seres queridos. Se lo pidió incluso a ateos militantes. A todos ellos y a los que esto leen, les pido yo, en su nombre, una oración por él. Sé que muchos ya lo hacen, y se nota. Por eso mismo, me permito animarles de nuevo: pídanle a ese Dios que siempre le acompañó y le iluminó, que lo siga haciendo; y, si no es mucho pedir, que lo haga también con nosotros.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>¡Muchas gracias a todos!</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>¡Feliz cumpleaños Papá!</span></p>
<p class="MsoNormal"><span> </span></p>
<p class="MsoNormal"><span><br />
</span></p>
<p><!--EndFragment--></p>
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		<title>Prólogo a &#8220;Pasión por la Libertad&#8221; de Federico Quevedo</title>
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		<pubDate>Sat, 03 Mar 2007 09:15:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adolfo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En 2007 Federico Quevedo escribe un libro, con mi total colaboración, sobre el pensamiento político de Adolfo Suárez González. Además de recomendarles su lectura completa, les ofrezco el prólogo del mismo. No he de callar, por más que con el dedo, ya tocando la boca, o ya la frente, silencio avises o amenaces miedo. ¿No [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><strong><em>En 2007 Federico Quevedo escribe un libro, con mi total colaboración, sobre el pensamiento político de Adolfo Suárez González. Además de recomendarles su lectura completa, les ofrezco el prólogo del mismo.</em></strong></p>
<p style="text-align: left;">
<p style="text-align: center;"><em>No he de callar, por más que con el dedo,<br />
ya tocando la boca, o ya la frente,<br />
silencio avises o amenaces miedo.<br />
¿No ha de haber un espíritu valiente?<br />
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?<br />
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?<br />
Hoy sin miedo que libre escandalice<br />
puede hablar el ingenio, asegurado<br />
de que mayor poder le atemorice&#8230;<br />
En otros siglos pudo ser pecado<br />
severo estudio y la verdad desnuda,<br />
y romper el silencio el bien hablado.<br />
Pues sepa quien lo niega y quien lo duda<br />
que es la lengua la verdad de Dios severo<br />
y la lengua de Dios nunca fue muda.</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>(Francisco de Quevedo)</em></p>
<p style="text-align: left;"><em><br />
</em></p>
<p style="text-align: left;"><em><strong>Prólogo</strong></em></p>
<p>Es mi obligación dejar las cosas bien claras desde un principio, aún a riesgo de enfadar al editor: <em><strong>estas no son las memorias de Adolfo Suárez González, ni tienen las páginas siguientes nada que ver con ellas</strong></em>. Me dejó muy claras instrucciones a ese respecto y las voy a cumplir. Es más, en buena parte, el cumplimiento de esa promesa que le hice, motiva este libro. En él, no se tratan “<em>las historias, los entresijos o cuchicheos</em>” de la Transición, aunque espero ayuden a guardar buena memoria de todo ese proceso y del que considero uno de los más grandes políticos de todos los tiempos. Por el contrario, se rehúye entrar en el devenir de los acontecimientos y la participación en los mismos de sus actores para centrarse, nunca mejor dicho, en las interioridades del pensamiento político de su principal protagonista a través de sus propias palabras que, vistas con la perspectiva de los años transcurridos, cobran una especialísima dimensión. Bien es cierto que, a su través, es más fácil entender algunos de los acontecimientos que tuvieron lugar y los motivos que los originaron.</p>
<p>Pero insisto, el motivo de este libro no es la explicación de los hechos, sino dar cuerpo al pensamiento político que impulsó toda aquella ingente obra y que ha sido resumido en una palabra: <em><strong>centrismo</strong></em>.</p>
<p>El centrismo no es simplemente una palabra bonita, o un atractivo caladero de votos moderados, o un determinado modo de comportamiento en la vida pública. Por encima de todo ello, el centro constituye un planteamiento político con una carga ideológica claramente definida. En este libro se intenta plasmar ese contenido ideológico del centrismo recorriendo un camino muy particular: escudriñar minuciosamente los artículos, discursos, conferencias, programas y demás testimonios que nos ha dejado  su más importante y representativo baluarte.</p>
<p>Este “<em>chusquero</em>” de la política, como a él orgullosamente le ha gustado siempre definirse, se forjó a sí mismo, lo que le ha valido no pocas críticas, cuando no desprecios, de algunos sectores&#8230; Con pocas –aunque siempre importantes- ayudas, transitó un camino que le llevó desde la estación de Atocha, donde acarreaba maletas, hasta el Palacio de La Moncloa, desde donde pilotó, junto a Su Majestad el Rey, un proceso que, diseñado por ambos años antes, constituye un hito histórico, único y modélico de transición política de un régimen dictatorial a un estado social y democrático de derecho bajo la forma de una moderna monarquía parlamentaria. Permítanme tomar prestadas las palabras de ese Machado que tanto admiraba para decirles que, haciendo uso de una admirable capacidad de anticipación y persuasión, fue haciendo camino al andar, y así construyó, poco a poco, con la fuerza de la convicción, todo un tratado de liberalismo desde su íntima formación humanista cristiana y desde el más profundo respeto a la libertad individual. El lo definió como “<em><strong>centro reformista</strong></em>”.</p>
<p><img class="size-medium wp-image-529 alignright" title="Pasión por la Libertad" src="http://adolfosuarezillana.com/wp-content/uploads/2009/03/aportada-202x300.jpg" alt="Pasión por la Libertad" width="202" height="300" /></p>
<p>Hago referencia a su formación en el humanismo cristiano porque, de otro modo, es imposible entender la obra de Adolfo Suárez González. Ha sido siempre un hombre fiel a sus profundas raíces cristianas, manteniendo la unidad de vida. Frente al relativismo moral hoy imperante, él siempre defendió la necesidad de concordancia entre los hechos y las creencias, entre lo que se dice y lo que se hace, especialmente en la vida pública. Frente a las corrientes que hoy invitan a dejar a un lado las creencias a la hora de abordar los asuntos públicos, Adolfo Suárez González mantuvo siempre la necesidad de defender las propias convicciones desde el profundo respeto a los demás. Quien obra renunciando a sus propias convicciones, está dejándose imponer, de entrada, las convicciones de los demás. Y una cosa es ser respetuoso con los demás y no imponer tus creencias y otra, muy distinta, renunciar a la esencia de uno mismo, al orgullo legítimo de una forma de pensar y ser; al derecho a construir y expresar tu discurso con absoluta libertad y con el legítimo fin de ejercer tu propia influencia en la sociedad a la que perteneces. En este sentido, es especialmente importante uno de los textos que en este libro se estudian y que, siendo relativamente reciente, recoge de forma muy precisa su pensamiento en lo que se refiere a la relación entre ética y política, puesto en obra mucho antes. Me estoy refiriendo a la conferencia que pronunció en la Academia General Militar de Zaragoza el 21 de mayo de 1996. Les recomiendo vivamente su lectura.</p>
<p>Para él, toda la acción política está dirigida a un objetivo: el individuo. Concibe el Estado como garante de las libertades individuales, no como controlador. Por ello son los mismos individuos quienes, a través del Estado, garantizan a cada miembro unas mínimas oportunidades sobre las que, cada uno, con su esfuerzo y su valía personal debe construir su futuro. Esto es, la sociedad de mérito frente al igualitarismo colectivista.</p>
<p>Ese centro-reformista, en su concepción integral y profunda y a cuya construcción se dedicó en cuerpo y alma durante toda su actividad política, es lo que inspira el llamado “<em><strong>Espíritu de la Transición</strong></em>” que, aunando aportaciones, voluntades y esfuerzos de todo el entramado social y político de la época, acaba por proporcionarnos la etapa de mayor progreso social, económico y político de toda nuestra historia como nación. Desde esta óptica, se entiende el “<em>enfado</em>” de Adolfo Suárez con la izquierda que pretende apropiarse del término “<em>progresismo</em>” y que le lleva a decir que “<em>la izquierda no detenta, como pretende, el monopolio de la definición del progresismo. No creo que el socialismo tenga, con carácter general y en la España de nuestros días en particular, capacidad o autoridad moral para proclamar en exclusiva lo que es progresismo y lo que no lo es… La experiencia histórica más reciente pone así de manifiesto que el auténtico progresismo solo puede definirse razonablemente como desarrollo de los principios y valores que vertebran las sociedades democráticas y pluralistas</em>”.</p>
<p>No sería completa esta introducción sin mención expresa al principal instrumento de Suárez: <em><strong>el consenso</strong></em>. Es evidente que un Gobierno es elegido por la mayoría para gobernar siguiendo el programa que defendió ante las urnas. Sin embargo, ello no está en contradicción con dos principios básicos sobre los que incide continuamente Suárez: el respeto a las minorías y la necesidad de acordar conjuntamente las políticas esenciales del país, entre ellas, las reglas del juego. Esos fueron los ejes fundamentales del consenso en la Transición y hemos de reconocer que fueron de una eficacia extraordinaria.</p>
<p>En no pocas ocasiones se hace referencia a la imperfección de nuestra Carta Magna y a sus enormes lagunas. La pregunta surge de modo inmediato: ¿Por qué un instrumento “<em>tan imperfecto</em>” ha resultado tan eficaz? En primer lugar porque tiene su origen en la necesidad común y no en la exigencia. El punto inicial de partida de todo aquel proceso fue la necesidad de un pueblo de abrirse a la libertad, a la concordia y al progreso tras cuarenta años de dictadura y división en un país que no acababa de superar las viejas heridas. España entera demandaba a gritos las reformas y hubo una clase política que supo conectar con su pueblo para impulsar esas reformas: ¿recuerdan aquel famoso discurso de “<em><strong>elevar a nivel político de normal lo que a nivel de calle es simplemente normal</strong></em>”? Nunca antes en nuestra historia una clase política al completo había entendido mejor la necesidad de sus conciudadanos. Nunca antes en nuestra historia un Rey había entendido mejor el deseo de su pueblo. En segundo lugar, porque la Constitución del 78 no nació con vocación de perfección técnica en ningún aspecto, ni podía acabar siendo el resultado de la imposición de unos sobre otros; simplemente debía ser el marco de convivencia estable y pacífica entre todos los españoles. Por primera vez en su historia, España entera se daba a sí misma una Constitución de Concordia. Se ponía punto final a la larga historia de desencuentros entre españoles a través de la reconciliación. No hubo desmemoria, sino todo lo contrario. La viva imagen de los horrores cometidos por todos fue lo que hizo posible esa reconciliación renunciando todos al origen común de todas nuestras disputas: <em><strong>la imposición</strong></em>.</p>
<p>Para aquellos que puedan pensar que en esta obra no se reconocen los méritos legítimos de muchas personas sin las cuales hubiera sido imposible la Transición, debo decirles que estoy en absoluto acuerdo con ellos y sirvan estas líneas a tal fin, pero deben comprender que no se tratan aquí los “<em>hechos y protagonistas</em>” del momento, sino la herencia que, desde el punto de vista del pensamiento político, nos deja Adolfo Suárez González. Si me lo permiten, citaré una vez más a nuestro protagonista, cuando habla de lo que debe exigirse a un político en nuestros días, sus palabras pueden ser tremendamente reveladoras en este punto: “<em>…Su acierto no depende tanto de las grandes hazañas que lleve a cabo personalmente, sino de su capacidad para crear un cuadro de condiciones de convivencia libre y pacífica en el que todos los ciudadanos y todos los grupos puedan desarrollar sus energías y potencialidades y realizar su vida desde sus propias convicciones y en el respeto a las convicciones de los demás</em>”. Esta es la verdadera herencia de Suárez. Lo importante de Suárez, no es lo que hizo, con ser mucho, sino cómo lo hizo. Si atendemos a lo que él mismo nos ha venido reiterando desde aquel angustioso “<em>no quiero que la democracia sea un paréntesis en la vida de los españoles</em>”, hasta las palabras citadas unas líneas antes, queda claro que lo importante no es la obra –mucho menos los chismes-, que como toda reforma, en constante adaptación a la sociedad a la que pertenece, debe ser base de la siguiente; sino la forma en que se acuerdan  y acometen esas reformas. Ese es el verdadero legado de Suárez, su herencia. Ahí reside la intención y la importancia de este libro.</p>
<p>Quiero expresar también mi más profundo agradecimiento a Federico Quevedo por su abnegación en este trabajo que ha trascendido, con mucho, los límites de lo profesional.</p>
<p>No quiero ser muy extenso en este prólogo y les invito a sumergirse ya en las profundidades del libro, pero permítanme terminar no con mis palabras, sino con las que su verdadero inspirador, escribió con ocasión de XXV Aniversario de la coronación del S.M. El Rey, Don Juan Carlos I, y que suponen, de hecho, la última de sus referencias a la Transición y, en cierto modo, su testamento político. En ellas hay una perenne llamada a tener presentes los valores que la hicieron posible:</p>
<p>“<em>El Estado social y democrático de Derecho es una creación de la razón y una construcción de la voluntad que entre todos, día a día, hay que arraigar y perfeccionar. Es el único camino para lograr la libertad, la igualdad, la justicia y la solidaridad, y para conseguir que los sentimientos y los intereses legítimos de todos los sectores del pueblo alcancen plena y armoniosa satisfacción.</em></p>
<p><em>Ese camino –decía- es el que los españoles hemos iniciado en la Transición. Ese camino y el impulso de la libertad y justicia que nos hizo andar, es el que podemos mostrar a quienes puedan encontrarse hoy en una situación parecida a la que nosotros teníamos hace veinticinco años, porque de ese camino y de ese impulso, con todos los errores propios de toda obra política y humana, podemos sentirnos –con toda humildad- legítimamente orgullosos</em>”.</p>
<p>Adolfo Suárez Illana<br />
Madrid, febrero de 2007</p>
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