La Libertad

lunes, marzo 5, 2007

Carta al Presidente publicada en El Mundo

Señor Presidente, lo primero que me pidió el cuerpo al conocer su decisión fue hacerle una crítica contundente, pero las horas transcurridas, que se han hecho eternas, han ido sosegando el ánimo y produciendo una tristeza profunda.

Acabo de oírle decir que su objetivo es “la defensa del valor supremo de la vida”. Suena bonito, es verdad, pero no deja de ser un error común entre aquellos que no creen en Dios, ni comparten ciertos valores. Yo respeto su opinión y le pido ese mismo respeto para los que, desde puntos de vista distintos, como son la fe católica y la confianza en el individuo frente al colectivo, nos atrevemos a decirle que, una vez más, yerra.

Atentado en Vic 1991La vida no es el valor supremo. La vida es un don de Dios que compartimos con todos los animales y vegetales que pueblan la Tierra. La profunda diferencia con todos ellos es la libertad. Y ahí es donde reside la verdadera grandeza del Hombre: en la libertad que cada uno tiene para hacer el bien o el mal.

En el uso de su libertad, tiene usted todo el derecho del mundo para tomar las decisiones que, en el ejercicio de sus facultades constitucionales y dentro de la ley, crea conveniente.

En el uso de esa misma libertad, el miserable De Juana ese, optó por dedicar su vida a matar y sembrar el odio y, más tarde, a seguir con el chantaje a todos los españoles y a usted mismo, escondiéndolo, esta vez, bajo la forma de una supuesta “huelga de hambre” que no se cree nadie.

En el uso de esa misma libertad, los demás tenemos el derecho a, dentro del respeto que otros nos niegan, decirle que, una vez más, ha cedido y ha errado.

Es difícil hacer juicios de valor, pero parece que, si su primer objetivo era el de acabar con el terrorismo, hoy ya no es libre de elegir, hoy es preso de sus errores y comete nuevos errores para intentar corregir los anteriores.

Hoy ha cedido al chantaje terrorista nuevamente, pero de forma mucho más grave por lo notorio del caso y, créame, no tardarán en volver a presionarle. Hoy saben los enemigos de la libertad, lo sabemos todos, que no es capaz de aguantar la presión ni la amenaza de la muerte, sea propia o ajena. Yo quiero pensar que esa debilidad proviene del profundo deseo de mantener la paz y no el poder, pero a los enemigos de la libertad eso ya les da igual, ahora le conocen.

jose_luis_rodriguez_zapateroEs realmente muy triste todo este asunto de la liberación de semejante asesino bajo presión, por que a la debilidad que muestra, le ha unido la falta de valor de un Presidente que, ante una decisión de tal calado, ni siquiera a sido capaz de asumirla y explicarla a los españoles personalmente. No es la primera vez que esconde la cabeza ante un problema de primera magnitud, ya lo hizo el diciembre pasado.

Señor Presidente, nunca me he alegrado de sus errores y mucho menos lo haría ante un caso como este. No me atrevo hoy a darle consejos –tengo claro que no sirven de nada-, sólo quiero decirle que estoy deseando ejercer nuevamente mi libertad política ante las urnas. España necesita un Presidente firme, valiente, con ideas claras y altura de miras, capaz de respetar al opositor y liderar a sus conciudadanos, todos, por derroteros alejados de la confrontación. Necesitamos un Presidente capaz de hacer ver a los españoles que la política no es el arte de repartirse dinero y poder entre unos pocos, sino una permanente vocación de servicio a los demás que se traduzca en soluciones reales a los problemas reales y, desafortunadamente, ese no es usted.

Carta al Director de El Mundo sobre el secuestro de Rupérez

lunes, marzo 5, 2007

Querido Director:

El pasado día 3 de marzo de 2007, don Javier Ortiz publicó en su diario una columna en la que, entre otras cosas por las que expreso mi profundo respeto aunque disienta, afirmaba que Adolfo Suárez González, mi padre, pagó 200 millones de pesetas por la liberación de Javier Rupérez. Es absolutamente falso. No hace falta recordar que mi padre no cedió ante la amenaza de los enemigos de la libertad ni cuando estuvo en riesgo su propia vida. Tampoco lo hizo cuando la amenaza recayó sobre otros, como es el caso que nos ocupa y que no fue el único, desgraciadamente. No quiero alargarme mucho en esta aclaración, simplemente remitir a todos aquellos que sinceramente quieran saber más sobre ese asunto, y estoy seguro que don Javier Ortiz se encuentra entre ellos, a personas independientes que lo han investigado a fondo, por ejemplo don Carlos Abella quien, en la biografía que publicó sobre mi padre, aporta pruebas y declaraciones de los protagonistas que no dejan lugar a dudas.

Reciba un cordial saludo,

Adolfo Suárez Illana

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