El artículo 56 también existe…

Martes, Febrero 16, 2010

Artículo publicado en El Mundo el 16 de febrero de 2010

conelrey

La ceguera tiene muchas causas, también en la vida política. En unos casos la ambición, en otros la ofuscación y, casi siempre, la enorme distancia que mantienen los políticos con la sociedad; esa sociedad a la que unos llaman pueblo y otros ciudadanos.

La evolución de los partidos en estos últimos treinta años ha distorsionado tanto la vida política que, cualquier cosa que no nazca y muera en ellos, sea vista –por ellos mismos- como poco más o menos que una herejía, como una propuesta ilegítima, como una intromisión intolerable.

Para cualquier persona con inquietudes políticas y un mínimo espíritu crítico, es francamente curiosa la reacción que han provocado las palabras de SM El Rey llamando a todos a “…grandes esfuerzos y amplios acuerdos para superar juntos, cuanto antes y con la debida determinación, las graves consecuencias de la crisis…». Porque esto es, exactamente, lo que el Rey ha dicho; y esto es, exactamente, lo que el Rey puede y debe hacer.

Según lo que dice el artículo 56.1 de nuestra Constitución de la Concordia de 1978, «El Rey… arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones… y ejerce las funciones que le atribuyen expresamente la Constitución y las leyes». Ese arbitraje y esa moderación consisten, precisamente, en tener visión de largo plazo, ausencia de interés político partidista directo, olfato para identificar los intereses comunes de los españoles y capacidad para trasladarlos tanto a la opinión pública, como a las instituciones competentes. Con mayor o menor discreción, según requieran las circunstancias y el asunto.

Las palabras que les acabo de transcribir son casi idénticas a las pronunciadas por el mismo Rey durante su mensaje de navidad el pasado diciembre “… sumar voluntades en torno a los grandes temas de Estado, reforzando nuestra cohesión interna y proyección internacional…” y, si no me equivoco, trasladan lo que la inmensa mayoría de los españoles pensamos: que ya es hora de ver a nuestros políticos unidos en torno a los grandes temas de Estado. Hoy, muy especialmente, la crisis que asola nuestra economía.

No es competencia del Rey entrar en quién tiene o no razón en un asunto, ni tampoco señalar culpables de una determinada situación. Ni siquiera es competencia suya el proponer soluciones concretas… ni lo ha hecho. Como prueba de ello, baste recordar las desacertadísimas palabras de la vicepresidenta del Gobierno señalando la exclusiva competencia del Gobierno para proponer pactos de Estado –cosa increíble- o las no menos desatinadas reflexiones que nos han sido trasladadas desde los “aledaños mediáticos” de mi partido –que nadie se ofenda, pero no encuentro manera más delicada e indirecta de decirlo-, señalando al Rey, casi, como un correveidile del gobierno.

Yo tengo claro que la responsabilidad –que no competencia- de llegar o no a acuerdos reside siempre en el Gobierno; por eso y para eso es Gobierno. Por ello mismo, será responsable del éxito, si es que se produce. Tengo también claro que es responsabilidad de la oposición, no solo poner de relieve las carencias del Gobierno, sino también proponer soluciones alternativas y comprometidas –incluidos pactos de Estado-, muy especialmente en tiempos de crisis como el actual.

jose-maria-aznar-y-jose-luis-rodriguez-zapateroNo hace tanto tiempo, quien es hoy Presidente del Gobierno, se afanaba en repetirle a quien entonces lo era, José María Aznar, la necesidad de un pacto de Estado para luchar contra ETA. Tras una inicial reticencia del Gobierno de entonces, ese pacto se firmó y se convirtió en una de las más poderosas armas con las que ha contado nunca la actual democracia española para luchar contra esa pandilla de asesinos. Desgraciadamente, por un interés partidista y una visión egocéntrica, el mismo personaje que propuso el pacto, Zapatero, se lo cargó cuando llegó a la presidencia pensando que, con su sola presencia en La Moncloa, se ablandarían los terroristas… Cometió un error que le acompañará siempre.

No quiero abundar más en ese asunto, salvo para decir que quien propuso el pacto fue la oposición, no el Gobierno, y que fue el Gobierno quien acabó haciéndolo suyo. Todos salimos ganando hasta que, una vez más, el Ejecutivo de Zapatero –esta vez otro- decidió acabar con él.

Por otro lado, no deja de ser curioso que las críticas recibidas por el Rey coincidan, también, con la publicación de encuestas que nos dicen que, al margen de las consabidas posibilidades de uno u otro de formar gobierno, ambos líderes nacionales, los dos únicos capaces de gobernar, están, los dos, valorados por debajo de sus respectivos partidos. Si yo fuera uno de ellos dedicaría un buen rato a reflexionar sobre este asunto.

Las palabras del Rey no favorecen a ninguno de los partidos, ni tampoco castigan a nadie; simplemente recogen el sentimiento de toda la sociedad española, le dan cuerpo y lo ponen encima de la mesa a través de su más alto representante. Eso, no es algo que pueda hacer el Rey, es algo que debe hacer el Rey.

Hace ya años que renuncié a la representación política en las instituciones, pero no creo que nadie dude de mi compromiso con el Partido Popular, ni de mi derecho a opinar. Desde ese compromiso que es patente y mantengo firme, y desde esa libertad, felicito las palabras del Rey y me atrevo a decir que nadie debería, ante ellas, ponerse a señalar culpables o manifestar ofensas.

En estos momentos, lo único que cabe es poner soluciones encima de la mesa, cada uno las suyas, y de la forma más amable y constructiva posible. No hay mejor manera de poner de manifiesto las carencias del adversario que mostrando la más absoluta voluntad de llegar a acuerdos y aportando propuestas razonables ante problemas que exceden, con mucho, la lucha partidista.

Quizá sea bueno recordar que poco antes de aprobar la Constitución ya fuimos capaces de hacerlo… y salió bien. Quizá sea bueno recordar, para sosegar los ánimos, que el artículo 56 de la Constitución también existe.

Pactos de La Moncloa

6 respuestas a “El artículo 56 también existe…”

  1. Creo, sinceramente, que por encima de de todo, tiene que prevalecer el futuro de España y de los españoles y que, por encima de ideologías, es necesario, y en estos momentos mas que nunca, acuerdos a medio y largo plazo con unidad de criterios sobre: Educacion, formación profesional, sanidad, pensiones, etc… Nuestros hijos y nuestro futuro como sociedad y nación están en juego y esto no puede ni debe dejarse en manos de partidismos sino en acuerdos. Creo que S.M. El REY tiene toda la razon del mundo. Un abrazo Adolfo . Eduardo.

  2. Aunque en facebook he dejado mi opinión sobre su artículo, que me parece impecable, me gustaría también dejarla aqui.

    No se le puede poner ninguna pega y, además, es la representación escrita del deseo de muchos ciudadanos que tenemos que soportar la crisis actual. Aún a riesgo de parecer unos románticos soñadores, me uno al deseo de volver al verdadero significado de la “política”, a ese bien común que habría que perseguirse en todas las acciones de los partidos, en fin, al bienestar común en un mundo, quizás, todavía de ciencia ficción en nuestro país.

    Mientras no se superen los rencores y rencillas del pasado, no se superará esa barrera que nos divide en derechas e izquierdas.

    Mi próxima entrada en mi blog, tratará de esto y, si me lo permite, citaré su artículo. Gracias y un saludo.

  3. Me ha gustado mucho el artículo del 56. Sobre todo porque tienes mucha razón en lo que dices.

  4. ENHORABUENA!!!!!! GRAN ARTÍCULO. GRANDES CONSEJOS. A VER SI SE PONE DE RELIEVE LA “GRANDEZA” DE NUESTROS POLÍTICOS DE UNA VEZ POR TODAS.

  5. Sr. Don Adolfo Suárez Illana los españoles le llamamos para que usted sea el protagonista que haga una segunda transición en España al igual que su padre hizo la primera.
    Me consta que el refrán dice que de ” tal palo tal astilla”, creo que es usted el elegido para esta segunda transición, es usted el hombre, es usted nuestro hombre, tuvimos la suerte de tener a su padre al frente de la primera transición y su padre desde que nació ha estado prestando servicio al pueblo español, y el último servicio que su padre puede hacer a los españoles es dejarnos a su hijo para que dirija la segunda transición en España.
    Es usted Don Adolfo el elegido, nadie mejor que usted puede dirigir la segunda transición, usted tiene el talento de su padre y los españoles queremos contar otra vez con el talento y la figura de su padre, que ahora nos deja en herencia un hijo como usted.
    Los españoles queremos que los Suarez vuelvan a sacarnos a los españoles a flote.
    Don Juan Carlos contó con su padre hace muchos años para traernos la libertad y el estado de derecho,que bonito seria que ahora el Príncipe Felipe contara con usted y le llamara para hacer una segunda transición.
    Un cordial saludo a usted y a toda su familia y en especial a su padre Don Adolfo Suárez González.

  6. Aclarada, pues, su habilitación constitucional, menos dudas plantea aún su conveniencia política. Nadie, salvo que se mueva por espúreos intereses meramente partidistas, puede minusvalorar la intensidad de la crisis. Una realidad, que según el último Informe del Centro de Investigaciones Sociológicas, angustia literalmente a los españoles. Háganse, les pido por ello, la pregunta al revés. Ante este estado de cosas, ¿es qué nada tendría que hacer, ni decir, el Jefe del Estado? ¿Es qué un Monarca parlamentario es inmóvil, ciego y mudo? ¿Debería el Rey situarse en «el palco para recrearse en el juego de la Política»? Desde luego que no. Y es que los mismos que se extrañan ahora en oír su voz, le espetarían acto seguido su silencio. Ya tuvimos ocasión de escuchar las palabras de Don Juan Carlos en el Mensaje de Navidad de 2009 -«… sumar voluntades en torno a los grandes temas de Estado, reforzando nuestra cohesión interna y proyección internacional…»-, y ahora en la entrega de los Premios Nacionales de Investigación: «Es hora de grandes esfuerzos y amplios acuerdos para superar juntos, cuanto antes y con la debida determinación, las graves consecuencias de la crisis…». Esto es lo que el Rey puede hacer. Esto es lo que el Rey ha hecho. Esto es lo que el Rey ha dicho. Esto es lo que le demanda la Constitución. Y esto es lo que los españoles hemos presenciado y escuchado. Nada por tanto de conflictos entre poderes políticos o diferencias institucionales. Esto es, el Rey ha cumplido una vez más, acomodándose a la Constitución, con su deber.

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